El terreno de Sor María Romero
Mercedes Gordillo*
Una tarde calurosa del verano prematuro del pasado año 2000, el Capítulo Managua de la Asociación Sor María Romero, nos habíamos reunido en el jardín de mi casa donde cruza aire fresco, agradable. Teníamos buen ánimo, como sucede cuando estamos juntas para organizar alguna actividad. Esta vez comentábamos con satisfacción el hecho de haber concluido los trabajos de la Casa Natal de Sor María, ahora convertida en Santuario de Granada.
Sin embargo, nuestras intenciones no se detenían allí. Deseamos continuar la obra social realizada por nuestra futura santa en Costa Rica: centro de Salud, talleres de costura, ropa y alimento para los pobres. Actualmente nosotros queremos agregar al proyecto: computación, un comedor infantil, alguna cancha deportiva.
Con ese propósito buscábamos un local o terreno cercano al vecindario de la casa natal. Se nos hizo imposible, siempre recibíamos un ¡No! definitivo o si no ofertas con precios altísimos, en dólares, además.
¿Y ahora qué hacemos? Fue la pregunta general en la reunión.
Permanecimos calladas sin que se nos ocurriera nada, un silencio extraño, acostumbradas como estamos a hablar mucho y al mismo tiempo. A algunas no nos gusta soltar la guitarra fácilmente.
De pronto Amalita Cuadra de Guzmán, miembro activa del Capítulo dijo como pensando en voz alta: me parece que Monisa (empresa privada granadina) tiene unos terrenos por el estadio de béisbol en Granada...
No había terminado de hablar cuando nos sentimos eufóricas. Sin perder tiempo, rápidamente se disolvió la reunión para que Amalita fuera a consultar el caso con su esposo, don Horacio Guzmán, también socio de Monisa. Serían las seis de la tarde.
A las siete sonó el timbre del teléfono, Amalita me anunció con voz dulce y alegre “dice Horacio que no ve ningún problema en que nos donen un terreno. Y agregaba que él iría a entrevistarse personalmente con los otros socios de Monisa, la familia de Alberto Chamorro”.
A las siete de la noche del siguiente día llamó de nuevo anunciando: “¡Ya tenemos terreno!” Parecía un sueño, de la noche a la mañana en menos de veinticuatro horas, y en estos tiempos difíciles se había conseguido manzana y media. Nunca habíamos imaginado tal extensión.
El recién pasado siete de julio, aniversario de Sor María, nos reunimos frente al terreno para la entrega formal de la donación y bendición de la misma, Mauricio Chamorro representó a Monisa escritura en mano. La bendición estuvo a cargo del Padre Francisco García. Nos acompañaron muchos vecinos del barrio, hubo música de chicheros y unos sonoros morterazos para celebrar la ocasión.
El terreno es una verde planicie perfecta para construir la obra social con la ayuda de nicaragüenses generosos y consecuentes. Está situado en un barrio pobre donde las necesidades saltan a la vista.
Pero esta breve historia no termina aquí, tiene un final sorpresivo: justo enfrente del predio se encuentra una modesta escuelita, en el patio escolar destaca una escultura de cuerpo entero de Sor María Romero y la escuelita lleva su nombre.
Debo explicar a los lectores que este escrito no es novela corta ni cuento de ficción, acaso un poema de la propia Sor María.
* Premio Nacional Rubén Darío. 
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