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LUNES 23 DE JULIO DEL 2001 / EDICION No. 22438 / ACTUALIZADA 01:30 am

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El proverbio chino

Según el vocero del FSLN, el individuo que en la concentración sandinista del 19 de julio pasado se burló de la figura del cardenal Miguel Obando y del cáliz de consagración --que es uno de los máximos símbolos sagrados del catolicismo-- pudo ser “un infiltrado que quiere provocar conflictos entre la Iglesia Católica y el Frente Sandinista”.

Es posible que así fuese. En realidad, resulta difícil creer que los dirigentes del FSLN sean tan torpes como para planear un acto tan bochornoso e impopular como ése. Ellos más bien están tratando de convencer de que han cambiado positivamente, y que si regresaran al poder no volverían a atropellar los derechos y libertades de las personas que no son sandinistas, ni los sentimientos religiosos de nadie, como lo hicieron cuando gobernaron el país entre 1979 y 1990.

Por otro lado, no deja de ser sospechoso que sólo fuera una persona, entre alrededor de cincuenta mil manifestantes, la que hiciera el agravio a los símbolos católicos. Así como también mueve a suspicacia que “por casualidad” un fotógrafo del periódico oficialista estuviese en medio de la multitud, y precisamente junto al profanador, para tomarle decenas de fotografías. Y que luego, con mucha diligencia el oficialista PLC distribuyera decenas de fotos del hecho a los medios de información.

Pero tampoco se puede perder de vista que entre los militantes y simpatizantes del FSLN hay muchos fanáticos que seguramente creen que si volvieran al poder cometerían los mismos atropellos que cuando gobernaron durante los años ochenta del siglo recién pasado. De modo que la profanación de símbolos católicos que ocurrió en la concentración sandinista del 19 de julio, pudo haber sido un montaje de enemigos políticos del FSLN, pero también la acción aislada de un fanático sandinista.

Además, lo cierto es que el FSLN no ha podido convencer de que realmente ha cambiado de manera positiva y que se le puede confiar el voto popular mayoritario para que vuelva a gobernar. El mismo candidato presidencial sandinista, señor Daniel Ortega, demostró con su discurso del 19 de julio pasado que sigue aferrado a sus viejas concepciones políticas e ideológicas totalitarias.

En efecto, Ortega dijo en su discurso del 19 de julio que si en Nicaragua ahora hay democracia es gracias a la revolución sandinista. Pero acto seguido advirtió que si ganara las elecciones del próximo 4 de noviembre y regresara al poder, “vamos a pasar de una democracia representativa que es la que tenemos actualmente a una democracia participativa, donde le quitemos el poder al presidente, a los ministros, a los diputados, para que sean los campesinos, los productores, los empresarios, los jóvenes y los pobres los que decidan cómo va a ser el desarrollo de la nación”. ¿Y acaso no es eso la misma “democracia popular” con que el FSLN enmascaró su dictadura totalitaria de los años 80, e igual a la que existe en Cuba, China continental, Libia y otros países donde todavía perdura el régimen comunista o revolucionario?

De modo, pues, que es con sus propias palabras que el señor Ortega está demostrando que no es una persona políticamente confiable; que sigue aferrado a la obsoleta e inhumana concepción marxista de que la libertad es una categoría histórica, y que por lo tanto, los valores de la democracia no son derechos naturales de las personas sino conquistas de las revoluciones y concesiones de los partidos políticos, que así como las otorgan “generosamente” también tienen “derecho” de regularlas y suprimirlas.

La verdad es que a estas alturas del tiempo y después de las experiencias que ha sufrido la población nicaragüense, son muy pocas las personas que pudieran llamarse a engaño con las palabras y las promesas de los políticos en general y de los sandinistas en particular. En todo caso, en estas circunstancias es oportuno recordar y tomar en cuenta la sabiduría del antiguo proverbio chino que dice: “Cuando me engañaron la primera vez, el culpable fue quien me engañó. Cuando me engañaron la segunda vez, los culpables fuimos quien me engañó, y yo; pero cuando me engañaron la tercera vez, el único culpable fui yo”.  
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