Nica recorre medio mundo para pedir ayuda
Anxela Iglesias (EFE)
BONN.- “Esperamos que nos llegue ayuda como agüita de mayo”, son las palabras con las que Mariana González, una nicaragüense que perdió la mitad de su familia y todo lo que tenía con el paso del huracán Mitch. Sus palabras resumen por qué ha recorrido medio mundo para asistir a la Cumbre del Clima de Bonn.
La mujer, de 58 años, contó a los periodistas su experiencia, desde que el huracán arrasó su pueblo, que —por ironías de la vida— se llamaba El Porvenir.
“Necesitamos ayuda para sobrevivir, porque mi Presidente [Arnoldo] Alemán no resuelve ningún problema”, explicó la nicaragüense, que cuenta que fue una organización no gubernamental, “Médico Internacional”, la que les proporcionó nuevas casas y semillas.
Mariana parece confiar más en los políticos “de estos lugares, que son más buenos”, en alusión a los ministros de los 180 países que negocian en Bonn la entrada en vigor del Protocolo de Kioto.
Ella cuenta que nadie les avisó de la llegada del Mitch, y que no sabe si un desastre semejante podría repetirse, pero sí ha constatado que desde entonces el clima ha cambiado en Nicaragua, pues “ya no llueve y se nos pierden las cosechas”.
Mariana ha subido por primera vez en un avión, invitada por Greenpeace, cuyos responsables explican que el efecto invernadero ya ha comenzado a provocar la extensión y frecuencia de situaciones meteorológicas extremas, como el Mitch.
Las organizaciones ecologistas se esfuerzan por poner rostro a la Cumbre del Clima, para recordar que el protocolo no es sólo un complicado documento lleno de cláusulas y porcentajes, sino que su objetivo es frenar el cambio climático.
CAMBIOS BAJO EL MAR
Otro ejemplo es el de O’Connor, que vive en una isla de la República de Fidji y su trabajo es mostrar a los turistas los arrecifes de coral; pero dice que ya nota los efectos del cambio en su vida. Las cosas empiezan a cambiar bajo el mar en el que bucea a diario, y teme que todo desaparezca en un par de décadas.
Las ONG ponen la cara más alegre a las complicadas negociaciones y tratan de llamar la atención con ocurrentes actividades.
WWF, uno de estos grupos, instaló el jueves, día que los ministros se incorporaron a la cumbre, un globo terráqueo de hielo con una pancarta en la que piden a los negociadores que no permitan que el mundo se derrita.
Como si el cielo quisiera que no se perdieran todas las esperanzas, las últimas horas han sido frías en Bonn y la bola de hielo no se ha deshecho todavía. 
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