Muerte lo visita después de farra
Moisés Martínez moises.martinez@laprensa.com.ni
Nunca se imaginaron Leónidas Jiménez y Danilo Paiz que aquella noche del sábado de adoración al dios Baco, donde hubo risas, tragos, boquitas y cuentos pegajosos, sería la última de su compañero de farra Pablo Gutiérrez García, que al fallecer ya no pudo continuar la juerga.
Al amanecer del domingo, Jiménez y Paiz llegaron a la casa de Gutiérrez para saber si había alguna posibilidad de continuar la parranda, sin embargo, se encontraron con la desagradable sorpresa de hallar el cuerpo de su amigo frío, tieso, sin vida.
El hecho rompió la calma mañanera y dominguera de los vecinos de Gutiérrez, quien vivía de la Iglesia de Monseñor Lezcano, dos cuadras al sur y diez varas arriba.
Jiménez recordó que ellos terminaron de ingerir alcohol con Gutiérrez a altas horas de la noche, y luego se retiraron a sus casas para dormir. “Una vecina nos dijo que después que nos fuimos, Pablo continuó bebiendo. Luego se comió una fritanga y le agarró como ahogo, parece que se le había quedado pegado en la garganta un tuco de comida. Como se sentía mal, se fue a acostar”, relató Jiménez.
IBAN A QUITARSE LA GOMA
Agregó el informante que a eso de las ocho de la mañana llegaron a la casa de Gutiérrez para ver si tenía ganas de tomarse unos tragos para quitarse la “goma”, golpearon la puerta y nadie respondió. “Grité y grité, y como nadie contestaba empujé la puerta y entré a la casa. Ahí fue donde lo hallé en la cama todo tieso, ya estaba muerto”, dijo Jiménez.
Aparentemente la causa de la muerte fue una congestión, pero aún se esperaba el resultado final del dictamen de Medicinal Legal.
Gutiérrez tenía 55 años, y vivía solo en un cuarto al fondo de un taller de hojalatería donde trabajaba. Cuando la Policía realizaba las labores de peritaje se presentó su hijo, de nombre Francisco Baltodano, quien se mostró bastante frío ante la muerte de su padre. “Yo no vivía con él y se encontraba separado de mi madre”, se limitó a decir.
LOS RASTROS DE LA PACHANGA
- El cuarto en el que vivía Gutiérrez presentaba las características de desorden que quedan después de una noche de tragos. Se encontraron restos de tapas de limón, botellas vacías y platos con fritanga a medio comer. En el cuarto se respiraba un fuerte olor a alcohol.
- Leónidas Jiménez, uno de los compañeros de tragos de Gutiérrez, dijo que no era mucho lo que habían bebido. “Sólo fueron como cuatro medias, poco, si no era mucho lo que estábamos bebiendo”, aseguró.
- Agregó que conocía al ahora occiso desde hace seis años, y que eran compañeros de trabajo. 
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