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Octavio Paz, poesía crítica
Carlos Mosiváis
Octavio Paz, (México, 1914). En los años treinta, con menos de tres millones de habitantes, la ciudad de México es, para un joven que ama la literatura, un ámbito tan hostil como propicio. Entonces el grupo cultural de avanzada en México es el de Contemporáneos (llamado así por la revista que publican de 1928 a 1930). Los Contemporáneos, poetas de primer nivel, narradores no muy convincentes y cosmopolitas con un perfil nacionalista (algo más complementario que contradictorio).
Paz los lee con cuidado y, en especial, le entusiasman los ensayos de Jorge Cuesta, los ensayos y poemas de Xavier Villaurrutia y la poesía de Carlos Pellicer y José Gorostiza. Paz se concentra durante un tiempo en la cultura francesa contrastándola con la tradición universal. En los años treinta la poesía en idioma español vive un momento de esplendor. En ese tiempo, además de los mexicanos, escriben los chilenos Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Vicente Huidobro, el peruano César Vallejo, los argentinos Jorge Luis Borges y Oliverio Girondo, los cubanos Nicolás Guillén, Emilio Ballagas y José Lezama Lima, el ecuatoriano Jorge Carrera Andrade, el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, los nicaragüenses Salomón de la Selva y José Coronel Urtecho. Y en España se ha consolidado la Generación de 1927, que la guerra civil dispersará, no sin una breve etapa de la creación intensa de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Emilio Prados, Dámaso Alonso, León Felipe. Y anteriores a ellos también escriben Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.
A estos estímulos formidables se añaden los de la poesía en otras lenguas.Otras lecturas indispensables en la formación de Paz (y de numerosos poetas hispanoamericanos de ese tiempo): Paul Valery, T.S. Eliot, Ezra Pound, y actitudes de lo que W.H. Auden llamó “la Edad de la Ansiedad”.
En los primeros libros de Paz, ambos de 1937, “Bajo tu clara sombra” y “Raíz del hombre”, se advierten las huellas de retóricas entonces poderosas y las tensiones entre poesía e historia, que intensifican la guerra de España, el auge del fascismo y el nazismo.
Pese a su precocidad indudable, Paz se considera poeta tardío: “...nada de lo que escribí en mi juventud me satisface, en 1933 publiqué una plaquette, y todo lo que hice durante los diez años siguientes fueron borradores de borradores. Mi primer libro, mi verdadero libro, apareció en 1949: “Libertad bajo palabra’’. Al respecto, mantengo el derecho a la discrepancia del lector. Paz escribe y declara ampliamente sobre su desarrollo poético y su genealogía literaria, evitándoles en lo posible el trabajo a sus críticos.
En este período Paz adopta visiones y perspectivas que no lo abandonarán, y va precisando su vocabulario esencial, derivado en parte de la filosofía clásica, cree en la iluminación de los opuestos, y en el proceso dialéctico —si este es el nombre— generado por los enfrentamientos entre la realidad y aquello (libertad, cuerpo femenino, paraíso sensual incrustado en el idioma) que aguarda detrás de la realidad.
La poesía es tanto más real por ser la presencia de la forma en la historia, que a la deshumanización social opone la humanización violenta y vehemente del lenguaje: “Lo más fácil es quebrar una palabra en dos. A veces los fragmentos siguen viviendo, con vida frenética, feroz, monosilábica”. Y la forma y el contenido se unifican gracias a la palabra, tal y como lo expresa admirablemente en un poema de los años cuarenta:
Las Palabras
Dales la vuelta,
cógelas del rabo
(chillen, putas),
agótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas,
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
sécalas,
cápalas,
písalas, gallo galante,
tuérceles el gaznate, cocinero,
desplúmalas,
destrípalas, toro,
buey, arrástralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.
La gran difusión de este poema, a punto de convertirse en cultura popular, ha oscurecido su característica básica: Es parte de la estrategia poética que les confiere autonomía a los vocablos para mejor gozar de los prodigios del lenguaje. En la obra de Paz la palabra es como el poder de la literatura o la realidad paralela o la recreación más confiable del mundo o, también, la reflexión sobre el lenguaje: “Hoy lucho a solas con una palabra. La que me pertenece, a la que pertenezco: ¿Cara o cruz, o águila o sol?”. En la obra de Paz los árboles, los colores, las etapas del día, las mutaciones de la luz y las palabras, serán signos de un “animismo” singular, de la corporeidad de las metáforas en un proceso que empieza o culmina con la pertenencia del poeta al lenguaje.
En 1957 Paz publica uno de sus grandes poemas, “Piedra de sol”, que él mismo define: ‘Piedra de sol’ es un poema lineal que sin cesar vuelve sobre sí mismo, es un círculo o más bien una espiral”.Si ya desde ¿Águila o sol?, y no obstante su complejidad y falta de concesiones, la poesía de Paz es muy leída, “Piedra de sol” es una de lasclaves de la nueva generación y en “La estación violenta” (1958), que incluye “Piedra de sol”, el poeta es un ser diurno, una expresión de las fuerzas naturales (la más recalcitrante y crítica), alguien que concibe la poesía como el acto que unifica las sensaciones en un solo proyecto utópico.
En “El mono gramático”, Paz da su versión de las culturas orientales, experimenta, oscila entre el verso libre y la prosa poética, le presenta al mundo de habla hispánica paisajes insospechados, confrontaciones espirituales, anticipaciones de un nuevo canon clásico. En especial “El mono gramático” (1970) exhibe la falsedad —en determinado nivel— de la división entre poesía y prosa.
En “El mono gramático”, Paz sintetiza y amplía su encuentro con la India, el largo recorrido que le permite reencauzar y afirmar sus vínculos con poesía y filosofía. “La fijeza es siempre momentánea’’, escribe Paz, es decir, nada está seguro en sí mismo, y sobre este polvo se levantarán palacios, o de aquellos palacios sólo queda, finísimo, metafórico, contradictorio, este polvo.
“Pasado en claro” (1974) es uno de los libros más personales y profundos de Paz. Como “Piedra de sol”, es autobiográfico, pero aquí la autobiografía combina la experiencia singular (la visión del padre y de la madre, las escenas de familia, el nacimiento de la estética entre los paseos y las impresiones de infancia, la relación con las ideas).
En sus años finales, Paz se concentra en su análisis de la historia y la política, comprueba su razón ante la ilusión del Progreso, examina el papel de las dictaduras ideológicas y el sentido de la caída del socialismo real, rechaza las construcciones de la posmodernidad (“Los hombres nunca han sabido el nombre del tiempo en que viven y nosotros no somos una excepción. Llamarse posmodernos es una manera más bien ingenua de decir que somos muy modernos’’), y vuelve siempre a la poesía y al elogio de la poesía, la otra gran vertiente de las pasiones y las visiones.
Rubén Darío llamó a los poetas “Torres de Dios, pararrayos celestes”; Paz ve en los poetas a los poseedores de la voz del comienzo, dentro de la historia pero no sujeta mecánicamente a sus cambios.
En “La otra voz. Poesía y fin de siglo” (1990), Paz afirma: “Toda reflexión sobre la poesía debería comenzar, o terminar, con esta pregunta: ¿Cuántos y quiénes leen libros de poemas?”. La situación actual de América Latina conduce al pesimismo. De entre la minoría que lee poesía, la mayoría son escritores, y de esa mayoría casi todos son poetas. Paradoja que no lo es tanto: al iniciarse el siglo XX en América Latina, la poesía es el género reinante en las letras; al acabar el segundo milenio de la era cristiana, la poesía es un hábito cada vez más restringido.
“Árbol adentro”, el último volumen de poesía de Paz, es un viaje personal y literario: Cantos a la amada, evocaciones de amigos, enfrentamientos con el estalinismo, viajes por la ciudad, reivindicaciones del surrealismo, testamentos literarios.
En 1950, Paz publica la versión definitiva de “El laberinto de la soledad”, su primer libro de ensayos y el que lo da a conocer. Muy pronto, “El laberinto” se convierte en un clásico de la tendencia que indaga en lo específico del mexicano, inaugurada a principios del siglo XX por autores como Julio Guerrero (La génesis del crimen en México), y prolongada con “El perfil del hombre y la cultura en México” (1936) de Samuel Ramos, y la “búsqueda ontológica del ser del mexicano’’, llevada a cabo por el grupo Hyperion. El México de “El laberinto” es un México de mitologías, rituales, etapas históricas perfectamente cerradas, registro minucioso de las diferencias con lo otro (lo anglo, “hecho de precisión y eficacia”), caracterizaciones anímicas, indagaciones psicológicas, historia intelectual y moral, análisis del “espíritu nacional”, vía de acceso a las realidades psicológicas de la sociedad mexicana.
De 1950 a 1996 Paz publica libros fundamentales, polemiza con la izquierda y con el gobierno (su renuncia a la Embajada de México en India en 1968, a raíz de la matanza de Tlatelolco, es tanto más memorable cuanto que es la única en todo el aparato oficial), insiste en los valores democráticos, recibe numerosas distinciones, del Premio Cervantes al Premio Nobel, y es, sin duda, la figura cultural de mayor peso en México. En él, la vocación literaria es un programa muy amplio que incluye el examen de la historia, la filosofía, y la tradición artística y cultural de México, sin restringirse a lo nacional ni a lo occidental.
En 1956, “El arco y la lira” (edición definitiva: 1957) es el gran intento de respuesta de Paz a preguntas clave: ¿Qué es la poesía? ¿No sería mejor transformar la vida en poesía que hacer poesía con la vida? ¿No puede tener la poesía como objeto propio la creación de instantes poéticos, más que la de poemas? ¿Será posible una comunión universal en la poesía interior?.
En 1982 Paz publica “Sor Juana o Las trampas de la fe”, un gran ensayo biográfico, indagación sobre religión, cultura, ciencia, vida cotidiana y represión en el virreinato. Las trampas de la fe es una indagación fascinante en la historia poética, en la trayectoria del barroco y en la historia de la libertad intelectual. Desde “Posdata” (1970), escribe apasionadamente sobre política, con tal amplitud que demanda ensayos específicos.
Tomado de La Jornada Semanal. |
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