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SáBADO 14 DE JULIO DEL 2001 / EDICION No. 22429 / ACTUALIZADA 12:00 am

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Peligros mayores

Alexis de Tocqueville (1805-1859) advirtió en su magna obra, “La democracia americana”, que la indiferencia y el menosprecio al voto están entre los mayores peligros que afronta la democracia.

La advertencia de Tocqueville tiene plena validez hasta ahora. En efecto, está comprobado que mientras haya ciudadanos que no se quieran molestar en ejercer su derecho a participar en los actos fundamentales de la democracia, como las elecciones, y que por lo tanto se abstengan de votar, es mucho más fácil que una minoría elija a aventureros políticos codiciosos y carentes de principios que se adueñen del poder. Y como es bien sabido, los políticos corruptos tienden inexorablemente a restringir la libertad y pervetir la democracia, ante todo porque no pueden tolerar que se conozcan y denuncien sus abusos.

De manera que es útil y oportuno recordar la advertencia de Tocqueville, a propósito de la desolación que hubo en las Juntas Receptoras de Votos durante los dos domingos (24 de junio y 8 de julio) de verificación electoral y al conocerse que apenas un 50% de los ciudadanos acudió a verificarse.

Por supuesto que el hecho de que sólo la mitad de los electores verificó el lugar donde podrá votar el 4 de noviembre, no significa necesariamente que habrá una abstención electoral de la misma magnitud. En realidad, las diversas encuestas sobre intención de voto coinciden en señalar que la abstención tiende a ser esta vez más o menos igual al porcentaje histórico, o sea de un veinte por ciento.

Sin embargo, es justo y necesario preocuparse por el fracaso de la verificación, porque la indiferencia ciudadana ante un asunto tan importante como es la depuración del padrón electoral, podría facilitar cualquier maniobra fraudulenta que se quisiera hacer en los cruciales comicios generales del próximo 4 de noviembre.

Ciertamente, la verificación de los electores y la depuración del padrón electoral no son asuntos secundarios. Como se sabe, son muchos los casos denunciados de difuntos cuyos nombres siguen registrados en el padrón electoral, tal como sus parientes lo pudieron comprobar durante la reciente verificación. Y si eso ocurre con nombres de personas (que fueron) renombradas, ¿qué se podría esperar de las desconocidas y las que fueron poco conocidas? ¿Quién sabe cuántos nombres hay en el padrón electoral de personas que ya no existen, o con registro repetido en distintas JRV, o que no deberían aparecer porque sus derechos ciudadanos están suspendidos? ¿Por qué se impidió la acreditación de fiscales del Partido Conservador en la verificación y en algunos lugares se puso obstáculos a los observadores? ¿Es que alguien trataba de ocultar algo en la verificación electoral?

Volviendo a la indiferencia ciudadana durante la verificación, lo más probable es que esta se debiera a la falta de confianza de la ciudadanía en el CSE (que según la última encuesta de CIDGallup es considerado como corrupto por un 84.8% de los ciudadanos, y 52.2% cree que es poco y nada independiente de los partidos); al desprestigio de los políticos; al incumplimiento de las promesas electorales anteriores; a la molestia de gran parte de la población porque sus necesidades siguen insatisfechas mientras la cúpula gobernante vive de manera lujosa y lujuriosa; y además, a la percepción que tiene la ciudadanía de que los corruptos continuarán gobernando directa o indirectamente en el próximo período, gane quien gane.

En fin, son muchas las dudas y las desconfianzas —justificadas o no— que gran parte de la ciudadanía siente hacia el CSE y por lo tanto hacia el proceso electoral. Y lo más preocupante es que a medida que avanza la campaña política las dudas y desconfianzas van en aumento, en vez de disminuir.

En estas circunstancias, los organismos nacionales e internacionales de observación electoral tienen que transmitir a la ciudadanía confianza en que harán todo lo que puedan para impedir que la voluntad popular sea falsificada de cualquier manera el 4 de noviembre, y de denunciarla si acaso ocurriera. Pero son los mismos ciudadanos quienes están más obligados a vigilar, con su participación, la pureza del proceso electoral, pues nunca hay que olvidar la advertencia de Tocqueville de que la indiferencia y la abstención son enemigos mortales de la democracia.  
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