Xolotlán: bello pero enfermo
Xolotlán: así denominaban los indígenas al lago de Managua, mas el nombre sigue vigente entre los nicaragüenses. Si tuviera que elegir, no dudaría en quedarme con el topónimo original. Siempre lo he sentido muy sonoro, casi intrigante.
En varias ocasiones cuando, por asuntos profesionales, he viajado a Managua, la imponencia de su lago me ha atrapado.
Quizás, entre otras razones, porque para los ticos los lagos son extraños a nuestra geografía (el de Arenal, es —en parte— artificial).
Aquel sentimiento, empero, choca con una fea realidad: la gran contaminación del Xolotlán por el vertido de aguas negras sin tratar, plaguicidas y metales pesados.
Esa pesadilla comenzó en 1926 y, aunque sus aguas tienen una gran capacidad de autolimpieza (por eso se mantiene aún vivo, informó el diario LA PRENSA), la situación está llegando al límite. Ahora, con apoyo financiero externo, se piensa poner en marcha un plan dirigido a tratar las aguas negras, lo que contribuiría a dar nueva vida al lago.
Sin embargo, el daño ya está hecho. Expertos nicas advierten que es posible recuperarlo, pero difícilmente sus aguas volverán a ser aptas para el baño y, menos, para consumo humano.
Ese caso es parecido a la barbaridad que hemos cometido aquí con la cuenca del Tárcoles, víctima de la irresponsabilidad y de un “progreso” muy mal entendido.
Salvar al Xolotlán costará $71 millones, apenas una muestra de cuán cara es la factura que la naturaleza pasa al ser humano cuando éste cree que la puede mancillar impunemente.
Víctor Hugo Murillo S.
Jefe de información La Nación, Costa Rica. 
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