Hugo Chávez: La fuente de su legitimidad
Roberto Porta Córdoba
Tras su triunfo electoral en 1998, Hugo Chávez recibió una carta de solidaridad de parte del connotado terrorista internacional, Ilich Ramírez Sánchez, nacido en Venezuela y conocido como “El Chacal”. Chávez le respondió con una carta que iniciaba con un “Distinguido Compatriota”, y después de citar a Bolívar, Ilianov y Jesús, concluía diciendo: “Con profunda fe en la causa y en la misión, ¡por ahora y por siempre!” Más tarde, durante el acto solemne de la toma de posesión, Chávez envió al traste el protocolo y dijo que juramentaba “sobre una Constitución moribunda”.
El mandatario venezolano es todo un personaje. Chávez inhala polémica y exhala controversia. Sin importarle su pasado militar y golpista, abogó para que la nueva Constitución venezolana concediera el voto a los militares, nombró a dos militares para dirigir dos instituciones claves de la economía nacional: Petróleos de Venezuela, S.A. y el Servicio Nacional Integrado de Administración Tributaria, y luego ordenó que la supervisión de las nuevas Escuelas Bolivarianas fuese apoyada parcialmente con personal militar.
De sobra es conocido el alto número de decretos con fuerza de ley emitidos por Chávez desde que el Legislativo le concediera poderes especiales a través de una ley habilitante, así como su aprehensión hacia el libre mercado, al que llama “la mano negra, peluda”, y hacia la globalización, a la que se refiere como “el camino al infierno”. Sus visitas petroleras a Iraq e Irán, y su declaración conjunta con Putin, en Moscú, en la que reiteraron “su rechazo al enfoque que se le pretende dar a las denominadas operaciones de intervención humanitaria”, han causado nerviosismo en Washington, lo mismo que su acercamiento a Castro, Gaddafi y Zemin.
Las críticas llueven. Se le considera un individuo autoritario. Ha confrontado a la empresa privada, a la Iglesia y a los medios de comunicación independientes, sobre todo después de aprobarse un decreto que faculta al Ejecutivo a suspender las transmisiones radiales y televisivas cuando lo considere “en el interés de la nación”. Con frecuencia, interrumpe sus elocuciones oficiales para saludar irónicamente a algún arzobispo presente, o aprovecha las entrevistas para recordar que “a los terratenientes les queda poco tiempo”. Sus opositores lo acusan de tener vocación de dictador.
El problema es que ahora quizás sea muy tarde para quejarse. Chávez es controversial, pero, ¿se le puede llamar dictador? Al menos por ahora, no. Es difícil encontrar una acción trascendental de su gobierno ejecutada fuera de la constitucionalidad. La mayoría de sus propuestas han sido aprobadas a través de referendos, con apego a una Constitución hecha a su medida. Pero... ¿quién la aprobó? Se ha señalado que quienes la redactaron pertenecían al bloque “Chavista”, pero, ¿quién los puso ahí? Un ex militar golpista fue electo Presidente, pero, ¿quién lo eligió? ¿dónde estaban los civilistas que se le oponían? ¿dónde se encontraba la disensión en diciembre de 1998, cuando el controversial candidato arrasó en las urnas? ¿ ...y en abril de 1999, cuando Chávez convocó al referéndum para la Constituyente? ¿ ...y en diciembre del mismo año durante la consulta para aprobar la nueva Constitución? ¿ ...y en julio de 2000 cuando tuvieron la oportunidad de rectificar y sacarlo del poder? ¿Dónde estaba ese sector beligerante de hoy? Probablemente, en casa, durmiendo el sueño de la abstención... la fuente de legitimidad de Hugo Chávez.
El actual mandatario venezolano llegó al poder en medio de un 36.5% de abstención; la Asamblea Constituyente se aprobó con un récord abstencionista del 62.4%; la aprobación de la nueva Carta Magna fue ignorada por el 52.3% de los venezolanos, y, finalmente, la confirmación de Chávez, en las nuevas elecciones de julio de 2000, reflejó la ausencia del 43.5% de los votantes. Que los ciudadanos hayan ignorado los comicios presidenciales por considerar que su voto no haría ninguna diferencia es una cosa, pero... ¿privarse de escoger a las personas que redactarían su nueva Carta Magna? ¿obviar su derecho a inspeccionar el producto que estas personas generaron? No parecen haber sido buenas ideas.
Las clases sociales menos favorecidas, hartas de los partidos tradicionales —AD y COPEI— que no supieron prever el desgaste del modelo concebido en Punto Fijo cuarenta años atrás, decidieron probar suerte con un ex golpista... y sí acudieron a las urnas. ¿Hace esto de Chávez un dictador? No. Pero sí lo confirma como el político riesgoso que años de corrupción y desidia, combinados con una fuerte dosis de abstención, es capaz de producir una nación.
* El autor es politólogo nicaragüense. 
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