El equilibrio del poder y el voto cruzado
José Luis Medal
Un sistema de pesos y contrapesos es fundamental para un sistema democrático. El principio de Montesquieu de que “sólo el poder, detiene al poder”, es esencial para evitar el autoritarismo, el caudillismo y la dictadura. La afirmación de Montesquieu, en el siglo XVIII, de que “todo estaría perdido si el mismo hombre, o el mismo cuerpo de los principales, ejerciera los tres poderes”, sigue vigente en la Nicaragua de comienzos del siglo XXI. Si dos caudillos, por medio de un pacto, controlan de hecho todos los poderes del Estado, no podrá existir una verdadera democracia. Es por ello que resulta esencial, en las próximas elecciones, debilitar el poder del caciquismo atávico y fortalecer el maltrecho sistema institucional. Para ello, una alternativa que vale la pena analizar, es la del voto cruzado.
Innecesario es señalar que un equilibrio del poder es un elemento central de la ideología liberal. Si nos interrogamos si el gobierno actual ha sido liberal, la respuesta --paradójicamente-- es negativa. El gobierno actual ha sido, de hecho, contrario a la independencia real y efectiva de los poderes del Estado, aspecto este último fundamental del liberalismo. Más que responder a la doctrina de Montesquieu, Rousseau y Lock, el gobierno actual es una mezcla del absolutismo de “El Estado Soy Yo” de Luis XIV, del típico Estado prebendario o patrimonialista latinoamericano, y del caciquismo tradicional nicaragüense. Dada esa realidad, el voto cruzado resulta actualmente más acorde con la independencia de poderes, esencia misma del liberalismo.
El voto debería servir para fortalecer el sistema demócratico y no el poder de los caciques. Lo ideal sería que la decisión de por quién votar se tome sobre la base de programas. Sin embargo, predominarán naturales temores históricos. Ante el temor a un eventual triunfo del sandinismo, no debe prevalecer la tesis de la polarización y del voto en cascada. Los electores que se oponen, tanto al sandinismo como a la corrupción actual, tienen la alternativa de ejercer el voto cruzado. Si las encuestas de los dos próximos meses continúan mostrando pocas posibilidades para que el Partido Conservador alcance la Presidencia, en ese caso, la alternativa sugerida por el Dr. Alberto Saborío es muy pertinente para muchos electores: votar por don Enrique Bolaños para Presidente, y por la Alianza liderada por los conservadores, para diputados.
Si por el natural temor al sandinismo triunfa la polarización y se reduce el apoyo al Partido Conservador a través del llamado voto en cascada, se reforzaría el poder del caciquismo y se debilitarían aún más las instituciones. Aunque gane el ingeniero Bolaños, el caudillismo controlaría la Asamblea Nacional y el mismo don Enrique podría terminar siendo un presidente sin partido o con poco apoyo partidario. En este contexto, el voto cruzado cumpliría varios propósitos: debilitaría el poder de los caudillos, contribuiría a derrotar al sandinismo y promovería un mayor balance del poder dentro de la Asamblea Nacional, lo que permitiría inclusive, en caso de ganar, un mayor margen de maniobra al mismo ingeniero Bolaños.
El voto cruzado sería, además, un doble voto castigo, y en una democracia --cabe señalar-- no es negativo, sino incluso es positivo que exista el voto castigo. Al votar por don Enrique para Presidente los electores tienen la oportunidad de castigar la trayectoria de don Daniel Ortega en los ochenta, y al votar por la alianza liderada por los conservadores --para diputados--, los electores castigarían la corrupción que ha predominado en el gobierno del doctor Alemán.
Hay quienes subestiman la importancia de lograr un equilibrio de poder dentro de la Asamblea Nacional y favorecen que el denominado voto democrático, sea en cascada. Arguyen que en Nicaragua predomina un sistema presidencialista —lo cual es cierto— y que el verdadero poder radica en el Ejecutivo, y que por tanto resulta poco relevante el control caudillesco de la Asamblea Nacional. Suponen erróneamente, por otro lado, que los electores no tienen la capacidad suficiente para no votar en cascada. Cometen un serio error, contrario al fortalecimiento institucional de Nicaragu, ya que al promover el voto en cascada están promoviendo el fortalecimiento del caciquismo, lo que haría imposible alcanzar un equilibrio del poder que sea independiente del pacto. Para Nicaragua resulta fundamental un balance de poderes, independiente de la voluntad de los caudillos. Ello, si no cambia la tendencia de las encuestas, requerirá votar cruzado: por el ingeniero Bolaños para la Presidencia, y por los conservadores para diputados.
Los electores tienen la palabra.
* El autor es economista 
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