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MIéRCOLES 11 DE JULIO DEL 2001 / EDICION No. 22426 / ACTUALIZADA 12:00 am

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Incertidumbre empresarial

En círculos empresariales es muy conocido un chiste que dice: “¿Qué es lo único que hay en el mundo que sea más nervioso que un millón de dólares?”. Y la respuesta es: “Dos millones de dólares”. Ese chiste pone de relieve una verdad muy seria del mundo de los negocios: que el capital es arisco por naturaleza, y que, por ende, tiende a buscar ambientes que no sean hostiles hacia él. De ahí que resulte fácil comprobar el hecho de que los países que más capital de inversión atraen son aquéllos en los que hay un pleno y total respeto a la propiedad privada, (incluyendo al capital, que no es sino una forma más de propiedad), donde las leyes y las reglas del juego son claras, parejas, estables y favorables a la inversión privada, y, ¯de mayor importancia¯ donde existen gobiernos que, de hecho y de palabra se manifiestan, sin ambages, a favor de la inversión.

En opinión de algunos empresarios y economistas nicaragüenses, en el país se está sintiendo una desaceleración de la actividad económica, incluyendo un descenso en el volumen de ventas y una reducción del nivel de inversiones. La caída del precio de algunos rubros importantes de exportación, como el café, por ejemplo, ha influenciado el comportamiento de las ventas, pero la reducción del nivel de inversiones tiene que ver más que todo con la incertidumbre que provoca el desconocimiento del resultado que tendrán las elecciones de noviembre próximo. En concreto; el temor en el sector inversionista proviene de la posibilidad de un triunfo electoral del Frente Sandinista, ya que, como es sabido, mientras ese partido gobernó Nicaragua en la década de los ochenta, el sector empresarial fue víctima de su ideología socialista y de las políticas económicas populistas que impulsó.

En las declaraciones que el señor Daniel Ortega, candidato a la Presidencia de la República por el Frente Sandinista, dio a LA PRENSA, y que fueron publicadas en la edición del domingo primero de julio, se notó un manifiesto deseo de su parte de ahuyentar los temores del sector empresarial ante un eventual triunfo de su partido. Dijo que las confiscaciones y las ocupaciones de propiedades son cosas del pasado, pero se mostró inconsistente al declararse a favor de dinamizar el mercado, al mismo tiempo que dijo que “...cuando hablo de [dinamizar el mercado] no estoy hablando de una defensa del neoliberalismo”. Por si eso fuera poco, al ser cuestionado sobre si el Frente Sandinista está dispuesto a renunciar a su ideología para poner en práctica hechos posibles, respondió que “No hay por qué renunciar a la ideología”.

La única ideología que hasta la fecha se conoce que ha inspirado al Frente Sandinista ha sido la socialista, y si su líder principal y candidato a la presidencia declara que “no hay por qué renunciar a la ideología”, está diciendo que no hay por qué renunciar al socialismo, mientras trata, al mismo tiempo, de insinuar su apoyo a un sistema de libre mercado. Eso, obviamente, crea confusión en el sector empresarial.

Es evidente que ninguno de los otros dos candidatos a la presidencia produce en los hombres de negocios un grado de incertidumbre como el que provoca el candidato del FSLN, y por eso no es sorprendente ver que esta vez esté sucediendo algo similar a lo que sucedió antes de las elecciones generales de 1996, cuando las inversiones ya planeadas se detuvieron y los inversionistas se dieron un compás de espera hasta conocer el resultado oficial de las elecciones. Tan pronto se oficializó la victoria de la Alianza Liberal se iniciaron varias inversiones de montos considerables, siendo algunas de las más notables las inversiones hoteleras en la ciudad capital.

Con declaraciones como las que ha dado el señor Daniel Ortega hasta ahora, el Frente Sandinista está perdiendo la oportunidad de calmar las inquietudes de los inversionistas locales y extranjeros. Es claro que con ese tipo de declaraciones imprecisas pretende satisfacer simultáneamente a su electorado y a los inversionistas, pero es muy improbable que estos últimos se den por satisfechos con declaraciones confusas y ambiguas.  
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