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MARTES 27 DE FEBRERO DEL 2001 / EDICION No. 22295 / ACTUALIZADA 02:30 am

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La basura

Los abusos con los fondos públicos y los bienes comunales que se cometen en algunas o muchas alcaldías, le quitan a la gente el deseo de pagar los impuestos a que está obligada por mandato de la ley y supuestamente en beneficio de la misma comunidad.

La Alcaldía de Managua, que es la más lucrativa del país, según las nuevas autoridades edilicias sandinistas fue virtualmente saqueada antes de que entregara la anterior administración, liberal. O sea que habría ocurrido ahora lo mismo que ocurrió en 1990, cuando la Alcaldía capitalina también fue barrida por la anterior administración, sandinista, la que entregó malas cuentas al nuevo gobierno municipal de la Unión Nacional Opositora (UNO) después de las elecciones del 25 de febrero. Inclusive, ahora que entregaron los liberales dejaron firmados convenios colectivos con generosas regalías y condiciones que resultan insostenibles para la nueva administración municipal, igual que hicieron los sandinistas en 1990.

Pero mientras se pone en claro —si es que realmente se va a esclarecer— qué, cómo y cuánto se perdió en la Alcaldía de Managua durante la transferencia de gobierno de este año, el nuevo alcalde capitalino, el sandinista Herty Lewites, ha iniciado una vigorosa campaña con participación popular por la limpieza de la ciudad; campaña que merece el apoyo de toda la población capitalina independientemente de las simpatías, antipatías o indiferencias políticas de cada quien.

La verdad es que el problema de la basura y del desaseo ambiental afecta a toda la nación. De él no se escapa ni siquiera la gente que reside en los lugares más apartados y en los sectores más exclusivos del país. Pero el problema es mucho más grave en Managua, y no porque los capitalinos sean más desaseados que los provincianos, sino porque es aquí donde, por razones comprensibles, se “produce” la mayor cantidad de basura que empuerca y afea el ambiente, y que además causa más problemas de salud. Sin dudas que son muchas las personas que faltan al trabajo o cuyo rendimiento laboral es muy bajo, por su mal estado de salud que es consecuencia de las enfermedades que causan la suciedad y el mal manejo de la basura.

El problema de la basura y del desaseo ambiental se deriva y vincula directamente con la pobreza de la población. Así, mientras las ciudades de los países ricos y desarrollados son por lo general bonitas, limpias y aseadas, las aglomeraciones urbanas de los países pobres son feas, sucias e insalubres. Cualquier ciudad europea es ordenada y limpia, sus habitantes depositan la basura de manera diferenciada (la orgánica en unos recipientes, la inorgánica en otros, los envases de vidrio aparte de los de metal, etc.) y las autoridades municipales o ayuntamientos reciben la cooperación necesaria de la población para mantener limpio, aseado y saludable el medio ambiente de sus ámbitos residenciales, laborales y recreativos. En cambio las ciudades de los países atrasados y pobres, como Managua, por lo que llaman la atención es por los basurales que hay por todas partes, que afean el paisaje, contaminan el ambiente y atacan la salud de las personas.

Sin embargo, para tener ciudades aseadas y sanas no es necesario esperar hasta que el país sea desarrollado y próspero, así como una persona no necesita ser rica para cuidar de su aseo personal y su salud. Pero por supuesto que la basura no desaparecerá por sí misma ni tampoco la población por sí sola se va a organizar para darle el tratamiento adecuado. El buen manejo de la basura y la creación de una cultura de limpieza es una responsabilidad conjunta de las autoridades municipales, las organizaciones sociales y los habitantes de las ciudades.

Y ya que el alcalde de Managua —lo mismo que el de Jinotega— está impulsando una campaña para asear y mantener limpia la ciudad, la población en general y los medios de comunicación en particular debemos apoyarlo y contribuir a hacer de la ciudad un lugar digno de ser habitado por los seres humanos que somos.   
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