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MIéRCOLES 21 DE FEBRERO DEL 2001 / EDICION No. 22289 / ACTUALIZADA 01:32 am

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Opinión
Serie final e inseguridad

Marco A. Valle Martínez
mavm@tmx.com.ni

La mayoría de las personas con las que conversé en las paradas de buses, universidades y mercados sobre la serie final de béisbol, expresaron satisfacción por el “buen plato” que saborearían, agregando que sería de alarido si el Bóer campeonizara, mas a la par denotaron, unánimemente, un sentimiento de inseguridad personal que opacaba su alegría, aún así muchos dijeron que asistirían al estadio.

La gente siente temor al regresar a sus casas cuando los partidos son de noche, o terminan en la noche como los de los sábados. Desde que empiezan a salir del estadio van cuidándose de los carteristas u otro tipo de delincuente para que no los asalte, en la parada del bus pululan los antisociales, en el bus hay que cuidarse y, no digamos los que tienen que recorrer barrios azotados por pandillas o, que tienen poca iluminación en las calles, o que deben pasar por lugares peligrosos.

Durante los partidos -dijo un señor y los programas deportivos radiales lo han manifestado- se nota la presencia de gente cuyos modales y conductas son claramente antisociales, tales como sentarse en el espaldar de los asientos para tapar al que está detrás, hacer bulla e insinuar fregar a los que están a su alrededor, sentarse cerca de mujeres o niños para que las personas se vayan de esos lugares, en tanto en los corredores interiores y servicios higiénicos ya se han dado asaltos y robos, principalmente en el sector de graderías.

Una de las entrevistadas expresó con relación a la gente que llega en vehículo que la cuestión tampoco es muy favorable que se diga. El parqueo que está en el sector nororiental del estadio (en Managua) carece de iluminación adecuada, la malla que lo rodea tiene huecos, a veces se miran merodeadores que a la larga se ve que andan en otras cosas y de remate los que manejan el parqueo dicen que no son responsables de lo que le suceda al vehículo (y menos a las personas, decimos nosotros). Ahora, si usted parquea en los alrededores dígale al cuidador que le dará una buena propina para que se lo cuide de verdad.

Como se puede observar, el clima de inseguridad determina que los sentimientos de la población entremezclen alegría y preocupación, conduciendo a restarle positividad al momento de relajamiento, distracción y descanso que significa el béisbol. Lo que pudiera ser un rato de absoluto esparcimiento, fantasía y placer, no termina de serlo debido a que la realidad se cruza haciendo que el o la fanática al tiempo que grita por su equipo -añadió una avispada marchanta- también recuerda lo que le espera a la salida, o lo que le puede pasar enmedio del partido a uno de sus chavalos cuando los lleva.

Hay que hacer esfuerzos –y en primer lugar el gobierno- para mejorar el clima de seguridad en nuestro país, ya que este ejemplo del béisbol se puede generalizar al resto de ámbitos de la vida. Pensemos, por ejemplo, en los centenares de miles de personas que diariamente se movilizan al trabajo y sus casas, los niños y niñas que van a la escuela, las familias que pasean los fines de semana, el productor agrícola que se desplaza en los caminos y trochas, etc. todos ellos tienen un sentimiento determinado de seguridad y mientras más bajo sea, menor será la posibilidad que rindan óptimamente en el trabajo, la escuela; además que este panorama ayuda a engrandecer los problemas familiares.

Ojalá, entonces, que más temprano que tarde las serie finales –y el campeonato en general– sean testigo del mejoramiento de la seguridad de los asistentes, de tal manera que puedan seguir gozando de alegría y comentando las jugadas todavía en el camino a su casa.

* El autor es consultor en seguridad ciudadana.  
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