DESDE LA CUEVA
Por las Grandes Ligas
Tito Rondón tito.rondon@laprensa.com.ni
Para mí, las dos notas más preocupantes en los campos de entrenamiento de las Grandes Ligas, aparte de cómo le vaya a Marvin Benard, Vicente Padilla y Oswaldo Mairena, es el estado de salud física de Albert Belle, y mental de Rick Ankiel.
Hay otros temas, como la nueva zona de strike, de lo que nos ocuparemos cuando empiecen los partidos de exhibición, y además se cantó la voz de “¡play-ball!” en dos pleitos, uno entre Manny Ramírez y su antiguo equipo, los Indios de Cleveland, y el otro entre Gary Sheffield y su club actual, los salados Dodgers de Los Angeles.
Pero volvamos al principio.
Albert Belle pasó ayer un examen físico en el campo de los Orioles de Baltimore que muchos temían terminaría en un dictamen médico que significaría que nunca más podría jugar béisbol. ¿Se imaginan lo que significaría eso para un hombre con una cantidad de defectos que incluye la tendencia a la violencia (pleitos con sus compañeros, muchos de los cuales le temen, bolazos a los aficionados, empellones a periodistas incluso mujeres), pero que se concentra como pocos en el terreno de juego y se entrega totalmente a buscar la victoria?
El año pasado Belle sintió un dolor agudo en la “cocobola” que conecta el fémur a la pelvis, pero no dijo nada y siguió jugando. Hasta que perdió toda sensibilidad en la pierna le pidió auxilio a los médicos, pero ya había arruinado su temporada. Por primera vez en nueve años conectaba menos de 30 jonrones (23).
Padece de una artritis que le degenera la conexión ósea; por el momento Belle tomará cada día como venga. Si podrá o no jugar se sabrá hasta que empiece la temporada. Pero el gran Albert Belle, aquel Belle de 52 dobles y 50 jonrones en 1995, uno de poquísimos con 100 o más extrabases (103, pues dio un triple), cifras de Babe Ruth y Lou Gehrig, a ese Belle ya no lo veremos más...
Horrorizan también las noticias del campamento de los Cardenales de San Luis. Rick Ankiel tiró en su primera práctica, un total de 40 lanzamientos. Pero antes, recordemos la postemporada pasada. La responsabilidad dada por el manager Tony LaRussa a su espectacular novato, pero novato al fin, de abrir el primer juego contra los Bravos de Atlanta. De repente, el descontrol. No de dar bases por bolas, sino de hacer lanzamientos muy por encima de la cabeza del receptor. Cinco wild pitches en un inning, récord de postemporada, algo que no se veía desde el siglo XIX...
Se le va a pasar, se dijo. Para cuando venga el entrenamiento de primavera ya habrá olvidado esos problemas.
Ayer Ankiel lanzó dos pelotas a la malla, y varios lanzamientos no llegaron al home. Los coaches están trabajando con él.
Ojalá el muchacho se componga... 
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