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MIéRCOLES 14 DE FEBRERO DEL 2001 / EDICION No. 22282 / ACTUALIZADA 02:00 am

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El día del amor y la amistad

Migdonio Blandón B.

Ante todo con el amor sincero que siento por mi querida Patria, quiero transmitir mis deseos de felicidad a todo el pueblo de Nicaragua en este día dedicado al amor y la amistad, esperando que con la generosa colaboración de todos en este tercer milenio de nuestra era que estamos comenzando, con verdadera dedicación y amor, logremos vencer la ignorancia que a un país tan potencialmente rico como el nuestro lo tiene aún en el subdesarrollo.

La tradición ya generalizada por el mundo entero, dedicando el catorce de febrero Día de San Valentín a la celebración del amor y la amistad, según Butler, más que todo se ha originado de la costumbre sajona de que jóvenes y doncellas se escogieran como prometidos ese día, suponiendo que los pájaros comenzaban a buscar parejas con esa fecha e iniciándose en febrero de 1477 con “The Paston Letters” de Isabel Drews.

La simpática tradición parece no tener relación con el martirologio del santo de ese nombre en el año doscientos sesenta y nueve de la era cristiana, durante la persecución de Claudio el Godo; la única relación es la de los cristianos que como él se sometieron al martirio por el amor a Dios y a sus semejantes. Hablo del amor verdadero sí; y que Dios regala a todas sus criaturas y que Cristo con su vida, muerte y gloriosa resurrección nos ha demostrado.

Sin pretender ser compositor y menos cantante, se me ocurre hoy parte de una vieja canción que sobre el tema un día se me ocurrió y que dice así: “...Amar es saberse dar, es la más dulce ilusión, es la decisión de caminar, unidos a la perfección...” El que se ama sólo a sí mismo, por muchos bienes y posibilidades de adquirir mucho más que tenga, nunca, nunca podrá tener paz, tranquilidad ni felicidad, y preso en sí mismo tampoco tendrá libertad.

Como ya se ha dicho: “Dando es que recibimos”. Así a medida que nos abrimos a ese bendito sentimiento del amor, al mismo tiempo que en lo general genera beneficio espiritual y material de muchas maneras a los demás, asimismo, el que lo hace también de una u otra forma recibe, o simplemente adquiere la paz interior que de hecho es el ambiente propio de la felicidad; y el comienzo del paraíso que Cristo con su doctrina nos ofrece.

En mis artículos anteriores publicados por LA PRENSA estando integrado a “Eduquemos”, he estado tocando el tema de la necesidad que tenemos de educarnos y colaborar entusiastamente en la educación del pueblo en general. Creo que todos somos un texto vivo que algo bueno o malo podemos aprender o enseñar. Acojamos lo bueno y desechemos lo malo; y colaboremos todos para que los niños puedan estudiar.

Ellos son el elemento valioso que debemos debidamente con una buena educación saber preparar. Enseñarles lo bueno y conveniente es darles amor y amistad; y así con una excelente capacitación y educación, llevándola a todos los niveles, en un futuro cercano, no sólo se erradicaría la miseria integral y la pobreza; sino que sabiéndolo todo aprovechar como Dios lo ha querido, nuestro pueblo se transformaría en el paraíso que por sus atributos un día tiene que ser.

* El autor es miembro de EDUQUEMOS.  
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