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JUEVES 1 DE FEBRERO DEL 2001 / EDICION No. 22269 / ACTUALIZADA 01:00 am

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La piedra angular

.El desarrollo económico debe ir acompañado del desarrollo humano, que solamente es posible mediante la educación integral de los ciudadanos

Francisco Fiallos Navarro

La elección de los candidatos presidenciales y a la

Asamblea Nacional ha comenzado, y con ello el usual despliegue de promesas grandiosas para el país a las que los políticos son tan proclives en las contiendas electorales. Los ciudadanos que no tenemos afiliación partidista y las organizaciones de la sociedad civil tenemos el derecho y el deber de exigir a los candidatos definiciones y programas realistas, y su cumplimiento una vez que asuman el gobierno, levantando así el nivel del debate político y el grado de responsabilidad de los que tengan cargos de elección popular.

La primera definición que es imprescindible para un partido político es la del papel del Estado. Ante el fracaso del estatismo socialista y las fallas del mercado como árbitro de la economía, es necesario un enfoque moderno que identifique los intereses de la sociedad con los fines del Estado. Un análisis objetivo indica que la ciencia del gobierno ante las actuales circunstancias socioeconómicas de una sociedad como la nuestra, requiere de un Estado pequeño, pero fuerte y eficiente, cuyo principal objetivo es el de crear oportunidades para todos los ciudadanos, de una manera descentralizada y participativa, fomentando el desarrollo local, municipal y departamental, con una orientación científica, no ideológica, del poder y del gobierno.

La piedra angular de ese concepto es la participación ciudadana, que auspiciada –pero no dirigida ni regulada por el Estado–, debe enfocarse hacia la obtención de alimento, techo y trabajo para la población, con la finalidad secundaria de generar ahorro interno, público y privado, impulsando el desarrollo de una manera piramidal, de abajo hacia arriba, del pueblo hacia el mismo Estado, mediante el fomento de la pequeña empresa. Para lograr esto es de imperiosa necesidad la formulación de una política económica que incluya la creación de una banca de desarrollo capaz de generar crédito para producir, con una preferencia clara hacia la producción para la exportación, que es el instrumento más efectivo para lograrlo. En ese sentido no se puede olvidar que el eje fundamental para desarrollar una economía de exportación en Nicaragua es el impulso de la agricultura y la agroindustria, que son las áreas en las que descansa, casi en su totalidad, la capacidad económica del país.

Pero no es posible el desarrollo económico sin ir de la mano del desarrollo humano, que solamente es posible mediante la educación integral de los ciudadanos, proveedora de información y de formación no solamente técnica y científica, sino ética y espiritual, que capacite para aplicar conocimientos, pero también para contribuir a la superación cívica y moral de toda la sociedad. Es necesario hacer ingentes esfuerzos para que nuestra población trabajadora, desde el profesional hasta el campesino, adquiera una mentalidad competitiva que permita también una economía competitiva, de lo contrario seremos perjudicados como país por la globalización, que aunque presenta grandes posibilidades, también encierra graves peligros para una sociedad incapaz de competir en el mercado internacional.

En ese aspecto nuestra política exterior debe ser un reflejo de nuestra realidad política, económica, social y cultural. Para ser efectiva, debe promover la apertura de posibilidades reales que signifiquen ventajas para la producción nacional; debe buscarse la transformación de una economía pordiosera a una economía de exportación; descubrir esas posibilidades debe ser el trabajo fundamental de nuestros diplomáticos, junto con la promoción de la democracia y los derechos humanos, lo que no se puede hacer desde una posición de clara involución del proceso democrático. Siendo Nicaragua un país con una economía pequeña, el elemento más necesario de su política exterior es promover la unidad estratégica de Centroamérica y de ésta con toda América Latina frente a las políticas comerciales de los países desarrollados que no liberan sus mercados para nuestros productos ni dejan de subsidiar su producción agrícola.

Las políticas fiscal y monetaria deben de humanizarse, dotándolas de una finalidad social, utilizando el espacio limitado –pero existente– que dejan las exigencias del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, para luchar implacablemente por la erradicación de la pobreza, que debe ser el objetivo fundamental de cualquier partido político que aspire a gobernar el país.

* El autor es abogado, economista y politólogo. Es Rector de la Universidad Católica Agropecuaria del Trópico Seco (UCATSE).  
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