Opinión
Presidente, le agradezco el reconocimiento
Antonio Lacayo *
En medio de la gran ola de simpatía que ha generado en el país el deseo de algunos partidos de llevar a doña Violeta de Chamorro como su candidata en estas próximas elecciones, el Presidente Arnoldo Alemán volvió a hablar de ella pero esta vez para afirmar que “doña Violeta es una figura lindísima, bellísima”. Claro que lo es. Me alegra enormemente que el Presidente se sume de esta manera al enorme reconocimiento nacional e internacional que crece y crece día a día, y al cual sólo él y unos pocos despistados se mantenían sin sumarse.
Le tomó cuatro años al Presidente reconocer que doña Violeta es lo que ahora él mismo dice. A decir verdad le tomó más, pues durante los seis años de su gobierno tampoco le reconoció nada. Recuerdo cuando como alcalde inauguraba obras del FISE aquí en la capital y ni siquiera mencionaba el nombre de doña Violeta, a pesar de que eran obras del gobierno central, y no de la municipalidad. Nunca tuvo la gallardía y la cortesía que tenían para con ella los alcaldes y alcaldesas en todos los otros municipios, de la UNO o del Frente, que le agradecían por dichas obras.
Pero más vale tarde que nunca. Lo que hace el vivo al comienzo lo hace el dundo al final, dice aquel dicho. El doctor Alemán reconoce finalmente que doña Violeta, como Presidenta, fue bellísima y lindísima, y eso es lo importante.
Basta con escuchar a la gente de este país, donde quiera que uno vaya, y con analizar rápidamente las encuestas, para llegar a la conclusión de que el gobierno de la Señora fue bueno para Nicaragua, y que su nota es tan alta que asombra la cantidad de gente que quiere hoy que doña Violeta asuma una candidatura y vuelva a ser Presidenta de los nicaragüenses.
La gente dice muchísimas cosas. El Presidente Alemán las debe conocer. Y él mismo sabe que son verdad. Ella nunca se compró una vara de tierra cuando fue Presidenta, y eso a la gente le gusta mucho porque no hay mejor gobernante que aquel que llega al poder para servir, en lugar de llegar para enriquecerse.
A doña Violeta la recibió el Congreso de los Estados Unidos en pleno, y la invitaron todos los países importantes de este planeta para que llegara en visitas oficiales, en un claro reconocimiento a la Nicaragua democrática que se estaba construyendo en aquellos años. Con ella Nicaragua brilló.
El pueblo de este país está claro que doña Violeta consiguió la paz y la reconciliación, la democratización de las instituciones del Estado, la estabilidad monetaria y la reducción de la deuda externa, así como la institucionalización del Ejercito, y hasta el financiamiento para las nuevas carreteras a Rivas, Chinandega y Nueva Guinea que al Presidente Alemán le ha tocado inaugurar.
La lista no termina ahí. Basta oír a la gente en la calle, a los diplomáticos acreditados en este país, y a algunos de los ministros y altos funcionarios. Pero todo esto el Presidente Alemán lo sabe, y estoy contento de que ahora ya no lo siga negando.
Sin embargo, junto con ese reconocimiento a doña Violeta, yo le quiero agradecer al Presidente Alemán que en la misma declaración a los medios haya dicho que quien ejerció el gobierno en esos años fue Antonio Lacayo.
Me da la impresión que está diciendo entonces que fui yo el responsable de haber logrado todas las transformaciones que arriba mencioné, y que también fui el artífice de la apertura y desarrollo de los bancos privados y de la autorización para que empresas privadas pudieran generar energía y superar los racionamientos.
Pareciera que el Presidente Alemán está diciendo también que el promotor de la independencia de los poderes del Estado y el constructor de la institucionalidad del país, de los hospitales de Chinandega, Estelí y Granada, y de las cienes de escuelas del FISE, fui yo mismo, y que la salida de Humberto Ortega del Ejército y el regreso del Banco Mundial y del BID a Nicaragua fueron obras mías. Francamente le agradezco ese reconocimiento.
Es verdad que todo eso y más hicimos en ese gobierno, y eso es lo que al Presidente Alemán aparentemente le molesta, y por lo cual ha sido tan mezquino con la Señora y con todo su equipo de gobierno, hasta ahora que ya, por fin, decidió sumarse al reconocimiento público a favor de doña Violeta.
Sin embargo, me siento obligado a aclararle al doctor Alemán que no fui yo el que le devolvió un país a los nicaragüenses. Sería injusto que me lleve ahora todos los méritos de ese excepcional gobierno que ya es parte de la historia, y casi leyenda.
Los méritos son de doña Violeta, de un pueblo noble y decidido y de todo un extraordinario equipo de ministros, viceministros, directores y subdirectores, de asistentes, delegados, funcionarios, oficiales del Ejercito, Policía y demás instituciones, y de muchos alcaldes y concejales, magistrados y jueces, diputados y embajadores, y organismos no gubernamentales, artistas, hombres y mujeres que decidimos construir la democracia apoyando a aquella Señora que logró elevar el entusiasmo nacional, en la misma forma que el Presidente Alemán lo ha bajado.
El mérito es pues de todos ellos, y de todo el pueblo, y fundamentalmente de doña Violeta. Ella encarnó la nobleza de una causa, y ahí nos fuimos detrás de esa gran mujer la mayoría de este país.
Yo tengo mi parte en todos esos logros. Pero eso no es lo importante. Sólo Dios, y luego mi esposa Cristiana, doña Violeta y mis hijos saben los méritos que me tocan en la construcción de la democracia, la paz y una economía libre. El Presidente Alemán no puede saberlo porque en cuatro años no ha sabido lo que es gobernar un país con visión de Nación. Aun así, le agradezco el reconocimiento.
En cuanto a volver al gobierno, debo decirle al Presidente Alemán que por ahora no tengo interés. Me siento satisfecho de haberle dado a Nicaragua siete años de mi vida y haber sido un servidor de doña Violeta y del mejor gobierno que le dimos a Nicaragua en el siglo XX.
* Ministro de la Presidencia en el gobierno de Violeta B. de Chamorro. 
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