En memoria de nuestro recordado “Papito” Miguel Angel Urtecho Hurtado
A seis meses de su partida
24 de Sep. 1924 + Julio 2000
Seis meses ya de tu partida. Aún te extrañamos y te lloramos sin poder hacer nada.
El día de tu partida cuando ibas hacia tu última morada, mientras te lloraba y veía a toda la familia llorarte, mi alma triste por tu ausencia preguntó al Creador ¿porqué te lo llevaste de nuestro lado? Una ráfaga de viento divino trajo consigo la respuesta a mi pregunta y me dijo:
Las personas tienen una misión en la vida. Tu abuelo vino a este mundo a dar vida, pero no una vida común, ni llena de falsedades, rencores, odios, angustias, sino una vida llena de amor, respeto, virtudes, esperanzas, familia y fe; si no... siguió diciendo, mira a tu alrededor: ¿y que ves?
Mis ojos nublados por las lágrimas a simple vista pudieron notar cuántas personas te queríamos, cuantas otras te respetaban y cuántos aún llorábamos tu partida, pero sabes viejito, algo pasó cuando vi a mi alrededor con los ojos de mi alma, la respuesta salió de mi interior y me dije: Que gran hombre fuiste ¡papito! Nuestro abuelo adorado. Porque si algo aprendimos de ti es que uno cosecha lo que siembra y que cada quien al final de la vida recibe de ésta lo que ha sembrado a lo largo del camino.
En tu vida sembraste en todos los que te conocimos, te quisimos, y que aún te lloramos y extrañamos; sembraste respeto y amor a la vida, al arte, a la familia, a la patria, al trabajo y a la amistad.
Bien por ti, pues no todos los hombres han tenido, tienen ni tendrán la dicha de morir por vivir en el corazón de otros y porque tu herencia seguirá viva en cada uno de los frutos que nosotros tus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos sembramos al andar.
A seis meses de tu partida, aún recordamos con profunda tristeza y dolor aquel 25 de julio del 2000, donde Olivia tu esposa, Myriam, Filadelfo, Haydeé y María Elsa, tus hijos, tus 23 nietos, 46 bisnietos y tataranietos sufrimos más que nadie tu partida.
Nuestro abuelo, nuestro “papito” adorado, era un gran viejo, un maravilloso ser y además de esos que dejan huellas en el tiempo y recuerdos perdurables en los hombres y en todos los que lo quisimos y aún lloramos su partida. 
|