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LUNES 22 DE ENERO DEL 2001 / EDICION No. 22259 / ACTUALIZADA 12:00 am

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El poder y la palabra

Douglas Carcache
douglas.carcache@laprensa.com.ni

En un año electoral, como será este para Nicaragua, ocurren muchos abusos con la palabra, la que se convierte en el arma principal de la disputa por el poder político; dejando consecuencias que afectan el trabajo de los periodistas y el derecho de la población a ser informada con respeto y veracidad.

El escritor brasileño Paulo Coelho, afirma que de todas las poderosas armas de destrucción que la humanidad ha sido capaz de inventar “la más terrible – y la más cobarde – es la palabra”. Con frecuencia los estrategas de los partidos políticos en campaña, usan la palabra para denigrar a sus contrincantes y manipular a los electores, pero la práctica de esos abusos también trasciende al gobierno elegido.

El Presidente Arnoldo Alemán, por ejemplo, se ha caracterizado por sus palabras desatinadas que, aparte de ofender a X o Y, le han desbaratado la imagen de buen gobernante que quiso vender al principio, todo por querer decidir cuál es la verdad e intentar acallar las opiniones adversas.

Una periodista le preguntó a Alemán, esta semana, si tenía previsto renunciar a la Presidencia antes de las elecciones y él respondió: “Eso es onanismo (masturbación) de los medios de comunicación”. Sea cobardía o ignorancia, lo cierto es que el Presidente afronta a los periodistas con agresividad, sin raciocinio.

Coelho advierte que “la palabra destructora consigue despertar el Mal sin huellas” y en Nicaragua puede ser consecuencia de un mal ejemplo de políticos y gobernantes, que usan la palabra para atropellar en vez de ayudar, interesados en imponerse antes que dialogar y convencer, sin percatarse que luego ellos mismos serán víctimas de su arma.

Para la población, el derecho a ser informado con la verdad, es natural y quizás el principal porque quien no sabe nada, pierde derecho a todo. Entonces, cuando los gobernantes mienten o tratan de impedir las palabras independientes, de hecho entorpecen la libre expresión y niegan un derecho fundamental a los ciudadanos.

En Nicaragua existe libertad de prensa desde 1990, pero el gobierno de Alemán, instaurado en 1997, ha intentado coartarla con leyes, presiones económicas para ciertos medios de comunicación y con ofensas y hasta golpes físicos contra periodistas.

El nuevo Código Penal, aprobado en lo general en mayo del 2000, intenta impedir las denuncias de corrupción y otras anomalías de los funcionarios públicos, al penar con cárcel a quien divulgue secretos, documentos o grabaciones sin causa justificada.

Sin embargo, el Presidente Alemán dijo en su informe ante la Asamblea Nacional, el 10 de enero último, que en su administración “jamás se irrespetará ni limitará un solo ápice la más absoluta e irrestricta libertad de prensa”.

Minutos antes había enfatizado que su gobierno ha creado 375 mil nuevos empleos productivos y que el desempleo fue reducido al 8.5 por ciento el año pasado. Muchos nicaragüenses se habrán preguntado con sorpresa: “¡No sabíamos que estábamos tan bien!” Luego tal vez reflexionaron: ¿Y por qué tantos compatriotas van a buscar trabajo a Costa Rica? Porque el Presidente también miente.  
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