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SáBADO 22 DE DICIEMBRE DEL 2001 / EDICION No. 22590 / ACTUALIZADA 2:02 am
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Hagamos al dólar la moneda nacional

Eduardo Enríquez
eduardo.enriquez@laprensa.com.ni

De entrada lo admito: no soy economista, pero no paren de leer por eso. No hay que ser muy sesudo para hablar de la dolarización, al menos desde la perspectiva de los de abajo. Desde esta perspectiva lo que vemos es que nuestra economía ya hace rato que está dolarizada y que los únicos que no nos hemos dado cuenta somos los asalariados. O puesto de otra manera, cada vez que pagamos algo nos damos cuenta que somos los únicos que estamos en total desventaja ante ese fenómeno.

Los economistas tienen sus argumentos, unos a favor y otros en contra.

En marzo de este año la Cámara de Comercio auspició un foro sobre el tema de la dolarización. Según reportó LA PRENSA, economistas como José Luis Medal apoyan la dolarización oficial.

Medal argumenta que con la dolarizaciòn se “disminuiría la presión inflacionaria, se eliminaría el riesgo cambiario, bajarían las tasas de interés, se promovería la inversión nacional y extranjera, se obligaría a una verdadera disciplina fiscal, ya que no habría un Banco Central que pueda imprimir córdobas para financiar a la burocracia estatal”, pero lo más importante, para los de abajo: “se eliminaría el impuesto disfrazado del deslizamiento que incide particularmente en todas las personas con ingresos fijos en córdobas”, léase, asalariados y pensionados.

Es cierto, hay desventajas, principalmente en los precios de nuestros productos de exportación, pero eso se resuelve con algo que desde hace mucho tiempo sabemos que tenemos que hacer pero no lo logramos: convertirnos en productores eficientes. O sea, producir más y mejor, y más barato.

En ese mismo foro, el presidente del Banco Central, Noel Ramírez, fue bien parco: “el dólar, la dolarización es un tema que está de moda y, como está de moda, tenemos que entrar a la moda”.

Probablemente su falta de entusiasmo se debió a que si se hubiera dado la dolarización total, hubiera perdido su trabajo, pues desaparecería el Banco Central. Además, él gana dólares. Muchos dólares.

Pero mi punto es que mientras la dolarización total no se dé, los que estamos perdiendo ingresos a diario somos los asalariados y los pensionados.

Aquí hasta las grandes transnacionales que vienen a comprar nuestras empresitas estatales se cubren las espaldas y lo primero que hacen es negociar la manera en que el deslizamiento no los afecte. Está el caso de Unión Fenosa, pero no sólo esa empresa, también las importadoras de medicinas, y así, todo mundo constantemente ajusta sus precios para poder al menos mantenerse al día con el dólar.

El resultado, no hay que ser economista para entenderlo: las cosas cada día son más caras mientras los salarios y las pensiones se mantienen igual. Así no hay manera de sobrevivir.

El próximo gobierno deberá tomar en cuenta la posibilidad de dolarizar totalmente la economía. ¿Qué tienen que decir don Mario Alonso, futuro presidente del Banco Central o don Eduardo Montealegre, futuro ministro de Hacienda?

Tienen que dar una salida. Dejarle toda la carga al asalariado y al pensionado es solamente la salida más chiche.  
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