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SáBADO 8 DE DICIEMBRE DEL 2001 / EDICION No. 22576 / ACTUALIZADA 02:00 am
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El Procurador ofendido

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Eduardo Enríquez
eduardo.enriquez@laprensa.com.ni

El Procurador General de Justicia, Dr. Julio Centeno Gómez, se ofende tremendamente cada vez que el colega Jorge Loáisiga escribe sobre el caso de los “Checazos” y para contextualizar la información recuerda que don Julio, como representante del Estado, no se declaró ofendido cuando fue llamado por el juez Walter Solís durante la primera parte de la investigación judicial.

La última vez que Jorge tocó el tema fue el jueves pasado, cuando LA PRENSA descubrió que el expediente de los “Checazos”, un legajo de más de 2,000 páginas, prácticamente se esfumó de los Juzgados, como que nunca hubiera estado allí.

El Procurador se enoja muchísimo porque Jorge asegura que no se sintió ofendido cuando lo mandaron a llamar. Don Julio pierde la compostura y acusa a Jorge de mentiroso. Como prueba de la “mentira” esta vez le envió copia de sus declaraciones en los Juzgados.

Don Julio textualmente dijo en su declaración ante Solís que la Procuraduría “estará atenta a este procedimiento para que en el momento en que el señor Juez señalara o no evidencias y de ser cierto que las hubiere, establecer sentirse ofendido por cualquiera de las personas que pudieran resultar culpables...”

¿Qué podemos concluir de este palabrerío? ¿Podemos pensar que el señor Procurador se sentía ofendido ante la pérdida de millones de córdobas de las arcas del Estado? Indudablemente don Julio es un abogado muy hábil y encontró la manera de hacerse de la vista gorda y todavía poder alegar que estaba haciendo su trabajo. ¿Pero lo estaba haciendo en realidad?

No, si tomamos en cuenta que él, como Procurador, en ese momento ejercía el monopolio de la acción penal y estaba obligado, como representante del Estado, a hacer la denuncia, con sólo la información que LA PRENSA sirvió en su momento. Si de verdad hubiera querido cumplir con la obligación que le señala la Ley —que juró cumplir y que claramente lo manda a “ejercitar y activar las acciones por delitos en que figure como ofendido el Estado”— estaba en la obligación de introducir un escrito para que se investigara el caso.

Pero muy por el contrario, se quedó sentado esperando a ver si otros actuaban y hacían lo que por Ley era trabajo de él, y cuando lo hicieron y fue llamado al Juzgado, llegó de muy mala gana, y haciéndose “el de a peso”, diciendo que la denuncia hablaba daños al Estado, una situación que “no tiene un perfil jurídico definido”, según el Procurador.

Pero aun con todo esto, don Julio siempre se ofende cuando Jorge dice que no hizo nada para declararse ofendido.

Yo creo que si tomamos en cuenta que estamos hablando de un caso en el que se perdieron millones de córdobas del Estado (o sea, de nuestros impuestos), pues somos los nicaragüenses los que deberíamos sentirnos ofendidos por la forma como actuó el Procurador en el caso de los “Checazos” y muchos otros.

Y es con esas referencias que don Julio acaba de ser electo Fiscal General de la República, que tiene a su cargo “la representación de los intereses de la sociedad”. ¡Que Dios nos agarre confesados!

El autor es periodista  
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