¿Otro Walker?
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Arquímedes González |
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Arquímedes González arquimedes.gonzalez@laprensa.com.ni
Se hace llamar Abdul Amid, pero no es de Afganistán. Lucha con los extremistas talibanes pero sus raíces son norteamericanas. Es John Phillip Walker, nacido en Carolina del Norte, y considerado un muchacho “dulce y buen estudiante”, que nació en 1981 segundo de tres hijos del matrimonio formado por Marilyn Walker, trabajadora social, y Frank Lindth, abogado.
Después de haber desaparecido de Pakistán donde estudiaba el Corán, el joven de 20 años, de clase media y bien educado, fue reconocido por su madre luego de siete largos meses de silencio por una fotografía publicada... ¿Dónde? En el quinto continente: Internet.
Así que ella seguramente lo vio ya crecidito de largas barbas, demacrado y maltratado por tantos días de escasa comida y mucho trabajo de cargar su arma y soñar más allá del Apocalipsis traicionando la nación que lo vio nacer, crecer y desarrollarse.
Marilyn Walker pensaba que la decisión de su hijo de convertirse a los 16 años al islamismo y de estudiar árabe y la religión musulmana, eran nada más algo pasajero pero seguramente se quedó atontada en la pantalla cuando supo que las intenciones de su hijo no terminaban ahí: se unió al fanático Ossama Bin Laden.
Y así comenzó en un campo de entrenamiento militar en Cachemira. Más tarde, cruzó la frontera afgana para ayudar a los talibanes a crear un “Estado islámico puro”, después, se fue a Kabul para defender la capital contra el empuje de la Alianza del Norte y de los EE.UU. y la aventura terminó hace cinco días cerca de Mazar-i-Sharif, donde fue capturado.
Internet, que para muchos es el camino en el que encuentran la “piedra filosofal”, el “amor eterno”, la “charla infinita” o el “sexo seguro”, es hoy también donde convergen las dos realidades que vivimos. Una de un espacio sin tiempo ni límite y la otra de un tiempo y espacio limitado en la que la información nace y muere cada segundo.
Así que en dos semanas, nadie recordará al loco Walker porque estarán ocupados degustando la cena navideña mientras su madre, estará con el “search” de “Google” tratando de encontrar otra noticia o una página web en la que le informen más de un hijo que por ahora, solamente lo puede ver congelado, viviendo en los kilobytes de una foto en internet. 
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