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VIERNES 7 DE DICIEMBRE DEL 2001 / EDICION No. 22575 / ACTUALIZADA 02:00 am
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El costo de la corrupción

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Eduardo Urcuyo Llanes
eurcuyo@bw.com.ni

Sería ingenuo suponer que la corrupción en nuestro país, especialmente en la política es un mal nuevo. Nuestra historia registra muchos hechos a lo largo de las décadas. Cabe entonces preguntarse por qué hasta ahora se señala y piden sea castigada.

Una primera respuesta pudiera ser que nuestro país ha evolucionado a pasos tan agigantados que ya no acepta que los funcionarios públicos se aprovechen de su situación de privilegio al tener a su disposición y manejo los bienes públicos. Los funcionarios se encuentran sometidos mucho más que antes al escrutinio de la opinión pública y de los medios de comunicación. La sociedad civil es mucho más exigente e informada. Se ha extendido la conciencia de cómo son las cosas en otros países. Miles de nicaragüenses han vivido la experiencia de trabajar en otras naciones, especialmente los Estados Unidos. Muchos más tienen parientes o amigos que lo han hecho y que les cuentan. Muchos se vuelven conscientes del contraste de las noticias, por ejemplo: los presidentes destituidos, funcionarios enjuiciados y encarcelados en otros países.

La administración de la verdad se ha complicado mucho. Ya no existe el silencio de los medios de comunicación, de la Iglesia, las ONG. Además está la prensa internacional, la banca internacional, los grandes organismos financieros (BID; Banco Mundial), el gobierno de los Estados Unidos. Sumado a esto, la pobreza de nuestro país, que no la podemos ocultar. Esto hace más difícil el imperio de las verdades oficiales que permiten cometer delitos y retirarse en paz, impunemente.

Nicaragua tiene todo para crecer más económicamente y una razón porque no lo ha hecho es por la corrupción que hemos padecido a través de nuestra historia. Por ejemplo: los revolucionarios que llegaron al poder con las armas en la mano en 1979 no eran corruptos, eran idealistas transparentes, pero la rapiña ya existía, y se corrompieron fácilmente, la esencia de su corrupción está en la ocultación de lo robado, más que en lo robado, en la creación de un sistema por el cual es muy difícil desenredar el nudo y que la sociedad y su misma militancia traicionada los llamen a rendir cuentas.

Además de retardar el crecimiento hay una lista enorme que pudiera ser de utilidad para usted estimado lector. Por ejemplo: la corrupción eleva los costos y el cumplimiento de contratos, afecta la asignación de la inversión pública, sobre todo en la obra pública, aumentándola en cifras, pero no en productividad. La corrupción disminuye la capacidad de Nicaragua de atraer inversiones. Genera la creación de grupos de interés que están dispuestos a seguir dañando a la sociedad con la obtención de ganancias por contratos de dedo, licitaciones con premios, licencias y permisos exclusivos que de otra manera no pudieran tener.

La prosperidad personal en el servicio público no es, por sí misma, corrupción. Es deseable que los funcionarios progresen como personas, que se prestigien y ganen la confianza de la población, y que esto se traduzca en recompensas económicas razonables y acordes con nuestras realidades, sin perder de vista nunca nuestros niveles de pobreza. La corrupción no está en que tengan intereses particulares coincidentes o no con el interés público, está, en que sus intereses no sean publicables, en que el sector público no sea realmente público, ni esté sujeto al escrutinio de los ciudadanos, que son sus presuntos propietarios, en que estos no puedan fácilmente saber lo que hacen sus presuntos apoderados, ni puedan fácilmente revocar sus poderes, llamarlos a que rindan cuenta.

Si buscamos cómo tener una sociedad democrática, madura, más desarrollada, debemos tratar de ser más transparentes, y debemos atacar la corrupción, debemos de enfrentarla con el fin de eliminarla, no con el fin de reducirla. La corrupción es una enfermedad crónica que tiene síntomas muy diversos y que los esfuerzos se han quedado siempre cortos en sus tratamiento. Esta ha sido la historia de nuestro país y de muchos otros.

Para ir eliminando la corrupción se requiere primero de un reconocimiento de que existe (el enfermo generalmente no reconoce el mal porque se comporta y se siente igual que los demás); segundo, de una concreta definición y diagnóstico que la identifique. Algunos opinan que la corrupción en Nicaragua es distinta a la que existe en Alemania, México, Japón, Brasil, Costa Rica, y la que tiene Estados Unidos. (Creo que la corrupción es corrupción, sin adjetivos, aunque se manifieste de diferentes formas según costumbres y entornos); y tercero, se necesita de acciones concretas de todos y para todos los sectores sociales con el fin de hacerle frente.

Un nicaragüense corrupto cuando viaja a otro país, se comporta bien, porque tiene temor que lo sancionen. Así que no estoy tan convencido, como algunos me dicen, que la causa más importante de la corrupción nuestra sea la cultura. Todas las personas somos iguales. La diferencia está en las medidas que tanto un país como el otro, o una sociedad como la otra utilizan para enfrentar el problema de la corrupción.

El autor es funcionario del PLC.  
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