Voluntariado y solidaridad
La ONU consagró el 2001 como Año Internacional del Voluntariado, y desarrolló múltiples actividades que culminarían ayer 5 de diciembre con un homenaje universal a este movimiento social que es considerado como el “tercer estado” de los tiempos modernos, siendo los otros dos el gobierno y el mercado.
En Nicaragua desde hace mucho tiempo funcionan instituciones de servicio a base del voluntariado, como la Cruz Roja, el Cuerpo de Bomberos, los Boy Scouts y diversas asociaciones religiosas. Y últimamente han surgido otros movimientos de voluntarios, cuyos miembros son universitarios o empresarios privados, que realizan labores de mucho beneficio para la sociedad nicaragüense. Precisamente esta semana uno de esos movimientos de voluntarios —que promueve el apadrinamiento empresarial de escuelas públicas—, cumplió dos años de realizar una fecunda labor que ha merecido el reconocimiento de las autoridades de educación y de la opinión pública nicaragüense.
El voluntariado es una actividad de servicio que no es oficialmente regulable pero que se ha convertido en un complemento cada vez más necesario de las políticas públicas de los gobiernos, así como del funcionamiento social en general. Los voluntarios despliegan sus labores en múltiples esferas de la vida cotidiana, particularmente con relación a necesidades insatisfechas de tipo comunitario, como auxilio a emergencias de salud, prevención y combate de siniestros, apoyo a instituciones sociales, atención a indigentes y víctimas de enfermedades penosas, e inclusive, ayuda a quienes sufren las secuelas de los conflictos bélicos, civiles e internacionales.
Las organizaciones basadas en el voluntariado funcionan en muchos países del mundo, e igual que aquí, vuelcan sus esfuerzos de modo diverso y creativo, de acuerdo con las circunstancias y las necesidades de cada lugar y con el único propósito de ayudar a los grupos humanos más vulnerables. También los voluntarios participan en campañas de protección del medio ambiente y para corregir las malas prácticas humanas que deterioran el agua, el aire o la tierra; trabajan en la protección de especies animales y vegetales en peligro de extinción, etc., etc.
Lo más significativo del voluntariado es que son personas que no buscan ninguna clase de retribución material, ni les interesa la fama, ni siquiera pretenden el agradecimiento por sus obras, pues se satisfacen con cumplir con lo que ellos consideran que es su deber personal, social y humanitario. De esa manera, con obras y sacrificios, los voluntarios ponen de manifiesto que es inextinguible en el género humano la veta de solidaridad, compasión y altruismo, en beneficio del prójimo y en aras del bien común.
En efecto, el voluntariado deviene de la vocación de solidaridad y del sentimiento de compasión arraigado en los seres humanos. Entre los cristianos se deriva del mandamiento trascendental que Jesús hizo a sus discípulos durante la Última Cena —y por medio de ellos a todas las personas—, de amarse las unas a las otras. Y entre los humanistas laicos el voluntariado constituye una genuina expresión de la solidaridad humana que se sobrepone al egoísmo individual y social.
La solidaridad existe como doctrina y movimiento social desde la segunda mitad del siglo 19, cuando el humanista, sociólogo, filósofo y estadista francés León Bourgeois (1851-1925, Premio Nobel de la Paz en 1920), escribió el libro “La solidaridad”, en el que refutó los conceptos egoístas basados en la teoría del inglés Thomas Hobbe (1588-1679), de que por su misma naturaleza el hombre es un lobo para el hombre: “La idea de la solidaridad es la resultante de dos fuerzas durante mucho tiempo extrañas entre sí, hoy conciliadas y combinadas en cuantas naciones han alcanzado una etapa superior de evolución: a saber, el método científico y la idea moral”, escribió Bourgeois.
Pero cuando el gran humanista francés escribió eso sólo eran unos cuantos movimientos de solidaridad y voluntariado los que funcionaban en algunas naciones europeas. Ahora son 130 los países en los que desarrollan su fecunda y benéfica labor estos movimientos de voluntarios, que esta semana y a lo largo de todo este año han recibido el merecido reconocimiento de la humanidad agradecida.
Por supuesto que nos referimos estrictamente a los voluntarios, no a quienes han hecho de los movimientos sociales un modo de vida y de lucro, igual que algunos políticos con el Estado. 
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