Buenas señales en el firmamento
León Núñez
En el artículo “Malas señales en el firmamento” que publiqué en LA PRENSA el 24 de mayo pasado alerté a don Enrique Bolaños de las malas señales que los analistas políticos de Acoyapa habían observado en el firmamento político nicaragüense.
Principalmente eran cuatro las señales que mis coterráneos observaban en ese entonces, sin necesidad de telescopio. La primera mala señal era el poco entusiasmo de los liberales, que contrastaba con la euforia de los sandinistas que ya daban por un hecho cierto el triunfo electoral de don Daniel. La segunda mala señal estaba referida a la percepción que tenían muchísimos nicaragüenses de que votar por el ingeniero Bolaños significaba votar por el doctor Alemán. La tercera mala señal estaba constituida por el hecho de que don Daniel encabezaba todas las encuestas y la cuarta mala señal era la opinión, que empezaba coger una inusitada velocidad, de que si don Daniel ganaba las elecciones no se iba a “revivir” en Nicaragua lo pasado sino que se iba a vivir una nueva, humana y democrática versión teatral de lo vivido en los años ochenta.
Actualmente, tres meses después, los analistas políticos de Acoyapa están observando en el cielo político de nuestro país un progresivo entusiasmo del liberalismo en la campaña electoral, mientras que el anterior comportamiento eufórico de los sandinistas ha disminuido; se han vuelto más prudentes, más pensativos, más cautos. Esta es la primera buena señal.
Con relación a la segunda buena señal, los analistas políticos acoyapinos están observando que ha perdido mucha fuerza la opinión de que votar por don Enrique implicaba votar por el doctor Alemán. Ahora está cogiendo auge la creencia de que no es así. Los analistas políticos de Acoyapa consideran que estando don Enrique en la Presidencia de la República don Arnoldo se va a dar cuenta de “la tusa con la que se va a rascar”; se va a dar cuenta de que “no se la va a seguir comiendo vacía”.
La tercera buena señal que destacan los analistas políticos acoyapinos es el hecho de que de conformidad con la última encuesta de “Borge & Asociados”, el ingeniero Bolaños, por primera vez, superó a don Daniel en la intención de voto. El resultado de esta encuesta así como el acto político de Matiguás han causado un impacto psicológico importante no sólo en el liberalismo sino también en la población electoral indecisa, impacto que beneficia a don Enrique y que ha alimentado notablemente la fe en el triunfo del ingeniero Bolaños.
Los analistas políticos de Acoyapa han detectado una cuarta señal buena, la cual está relacionada con el discurso de don Daniel, que por cierto, contiene los mismos errores de su “discurso” de la campaña presidencial del año 1996, errores que señalé en un artículo periodístico publicado a principios de 1997.
Se trata de un discurso ideológicamente castrado. Se trata de un “programa” que tiene todo y no tiene nada. No es la revolución ni la contra-revolución, ni la vida ni la muerte, ni la luz ni la sombra. Por este motivo, el pueblo está más atento en descifrar lo que no dice que en entender lo que dice.
Aparte de que a don Daniel lo está golpeando duro la campaña que recuerda su biografía gubernamental, su retórica de reconocimiento de equivocaciones y su lenguaje de arrepentimiento empiezan a perder influencia, principalmente entre la población electoral flotante.
Yo creo que los consejeros políticos de don Daniel olvidaron que los pueblos nunca han perdonado a los equivocados. Olvidaron que históricamente está demostrado que los arrepentidos nunca han tenido el favor de las mayorías. Olvidaron que los pueblos siempre han dudado de los propósitos de enmienda. Presentar a don Daniel, con un rostro de plácida santidad, cruzando lentamente la pantalla de televisión hacia la tierra prometida, como si hubiera sido rescatado del pecado, es olvidar que de estas imágenes nunca se han hecho buenas campañas políticas, es olvidar que con estas imágenes ni siquiera se podría hacer una mala telenovela.
A pesar de las buenas señales observadas por los analistas políticos de Acoyapa, yo quiero alertar a don Enrique contra cualquier sentido triunfalista que pueda inducir a reducir esfuerzos. Él necesita ganar por un amplio margen de votos, pues no debe descartarse la posibilidad de que en la cara oculta del pacto Alemán-Ortega los caudillos hayan convenido en otorgar el triunfo electoral al Frente Sandinista en caso de que el candidato liberal ganara las elecciones por un margen muy estrecho de votos.
* El autor es abogado. 
|