Dolorosa pesadilla de la vida real
Mario Sánchez P. mario.sanchez@laprensa.com.ni
Ana Carolina Salvatierra Vega, de 29 años, hija de la periodista ya fallecida, Melania Vega, necesita ayuda urgente. Desde inicios de 1998 padece de trastornos mentales posiblemente provocados por consumir una sobredosis de crack.
Su estado es tan grave que sus hermanos tienen que encerrarla bajo llave en una habitación de la casa, de lo contrario sale desnuda a caminar por las calles o en la vivienda destruye todo lo que encuentra a su paso. Hasta derribó una lámina de metal que había sido soldada al portón de la vivienda para que los curiosos no la vieran desnuda.
Mientras Carla, su hermana mayor, llora e implora ayuda especializada para Ana Carolina, al otro lado de la sala de su casa —en Jardines de Veracruz, de la entrada dos cuadras al sur, en Managua— está ella, encerrada en la habitación donde ha pasado los últimos tres años, desde inicios de 1998.
Indiferente a su drama, Ana Carolina estaba sentada, recostada a una pared de la vivienda, al tiempo que ingería algunos alimentos que le llevó su hermana. Mantiene la vista fija, perdida en la nada. Nunca habla ni dice qué siente, qué le duele o qué le alegra, sino que se mantiene encerrada en ese mundo espantoso. Toda la belleza que antes la adornó, ahora es casi un recuerdo que causa llanto a sus familiares y vecinos.
Cada día su situación empeora debido a la falta de atención médica especializada. Su hermana y los vecinos que se conduelen del drama, consideran que aún se puede hacer algo por ella, que aún es rescatable.
Carla dice que no sabe con exactitud qué fue lo que trastornó de pronto a Ana Carolina, porque en el Hospital Siquiátrico se niegan a atenderla y a darle un diagnóstico de la enfermedad.
AMIGOS FALSOS
Según los vecinos, la chavala fue inducida a consumir drogas por individuos inescrupulosos; también vecinos consumidores y vendedores de drogas, la indujeron a ingerir alucinógenos, hasta trastornarla.
Fue en 1998, tres años después de la muerte de su madre, cuando estos individuos la invitaron a una fiesta y no volvió a la casa durante tres días. Al regresar ya estaba trastornada, porque presuntamente le dieron una sobredosis de crack. Desde entonces sus dos hermanos (Carla y Polo) se han dedicado a cuidarla, pero la carga ya es insostenible.
Varios vecinos le llevaban comida, una amiga que mucho la quiso, llega a cuidarla y a bañarla diariamente. En la comunidad también hay disposición de ayudarla en caso de que alguna institución, persona o agrupación humanitaria decidan apoyarlos, pues el estado de la muchacha también está afectando a la vecindad.
Carla relató que en innumerables ocasiones la ha llevado al Hospital Siquiátrico para que le den atención médica especializada. Allí la mantienen 15 días o un mes y luego le dan de alta con sólo recetas de algunos medicamentos.
Durante el tiempo que permanece en el hospital, el estado mental de Ana Carolina se estabiliza un poco. En la casa se mantiene normal algunos días, y hasta sale a la calle, conversa, visita a sus amigos, pero de pronto entra en estado depresivo y vuelve a recaer.
A cualquier hora del día o de la noche grita, canta, llora o comienza a querer arrancar el portón de hierro de la casa, relató Carla.
“Nosotros no podemos más que alimentarla, que atenderla de manera familiar, pero no sabemos cómo cuidarla, ayudarla profesionalmente y darle la atención médica que necesita para curarse”, expresa Carla.
DRAMA DESGARRADOR
“Mi hermanita no es ni la sombra de lo que era antes. Ana Carolina Salvatierra Vega, de 29 años, era alegre, muy hermosa, atractiva, feliz. Ahora está allí encerrada en sí misma y con la razón perdida. Esto es doloroso. Ya no lo aguanto y no puedo hacer nada por ella. Necesita atención especializada y no tengo dinero para dársela”, expresó llorando, su hermana, Carla Salvatierra Vega.
¡AYUDENNOS, POR FAVOR!
- Carla relató que su hermana Ana Carolina Salvatierra Vega estudiaba segundo año de secundaria en el Instituto “Douglas Sequeira” de Managua. Era una muchacha hermosa, atractiva, de un rostro bello, de ojos negros y de pestañas nerviosas, que disfrutaba con energía danzando ballet o folklore cuando integraba los grupos Macehuatl y Tepenáhuatl, en cuyas presentaciones siempre andaba acompañada de su madre, la periodista Melania Vega, fallecida el 24 de mayo de 1995 en un hospital de La Habana, Cuba.
- Aquella bella joven que hacía suspirar a los hombres en la calle, dejó de balancear exquisitamente al ritmo de la música aquel hermoso cuerpo que tenía. Dejó de soñar en ser una gran bailarina de ballet y viajar, al sumirse en esa tenebrosa pesadilla, arrastrando a sus hermanos Carla y Polo, quienes no tienen capacidad económica para darle la atención médica especializada y rescatarla.
- Carla lloraba mientras imploraba: “No queremos salir del problema. Lo que queremos es darle la atención médica adecuada a mi hermanita. No sé qué hacer. Queremos que la acojan en una institución donde se le atienda con medicamentos, sicólogos y siquiatras. No sabemos a quién o dónde recurrir, porque del Hospital Siquiátrico me la devuelven”. 
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