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DOMINGO 26 DE AGOSTO DEL 2001 / EDICION No. 22472 / ACTUALIZADA 11:00 pm

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Edén que cautivó a Darío

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Mario Fulvio Espinosa
mariofulvio.espinoza@laprensa.com.ni

MEMORANDO AL PANIDA

Querido Rubén:

El Momotombo, el viejo sabio, ronco y sonoro, sigue imponente, vigilante y justiciero.

Tan sólo han transcurrido 390 años desde que hizo erupción y expulsó de Imabite a los conquistadores ambiciosos, encomenderos y aperreadores que habían fundado León Viejo. Disfrute y conozca León Viejo.

En su huida hacia Occidente en 1610, los españoles decían que aquella conflagración era un castigo divino por el asesinato perpetrado en 1550 —sesenta años antes— contra el obispo Antonio Valdivieso. A nadie se le ocurrió pensar que más bien era la venganza del Volcán Sagrado por las masacres cometidas contra nuestros ancestros, por los miles de nativos que fueron sometidos a vil esclavitud, por los que se ahogaron encadenados en los galeones o fueron a morir de tristeza a las tierras del Sur, separados para siempre de sus seres queridos.

Ahora ahí, en León Viejo, hay una estatua del conquistador, y casi en las rondas la de un cacique chorotega, de los 18 que fueron despedazados el 16 de junio de 1528 por los perros del cruel Pedrarias Dávila.

Imabite hoy se llama Puerto Momotombo en honor al cono gigantesco que tú, de pronto, viste surgir entre las copas de los árboles. Es un pueblecito maravilloso, de calles anchas y arenosas, aún no contaminado por los delirios del comercio salvaje.

Ya no existe el ferrocarril que tú conociste, apenas sí quedan los postes del muelle donde atracaban las barcazas que a fines del siglo 19 y principios del 20 trasladaban a los pasajeros que venían de Occidente hacia Managua.

La casa de Zelaya, que algún día te dio hospedaje, sólo es una triste ruina que anhela caer abrazando al Xolotlán.

Pero querido Poeta, si se te antoja volver a ese lugar, hazlo. Que allí te esperan —entre otros— los Pichardo, los Morán, los Silva y los García, gente sencilla, hospitalaria, fraterna y de fragante corazón.  
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