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DOMINGO 26 DE AGOSTO DEL 2001 / EDICION No. 22472 / ACTUALIZADA 11:00 pm

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Patricio Aylwin Azócar: “Escudriñar el pasado prenderá pasiones”

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.Patricio Aylwin Azócar, primer mandatario de Chile, luego de la dictadura militar, se propuso la tarea quijotesca de reconciliar a un país dividido por su historia, dando verdad y justicia en la medida de lo posible. Los resultados de la Comisión de la Verdad que creó para investigar las violaciones a los Derechos Humanos sirven de base para los procesos que hoy se llevan en contra del ex dictador Augusto Pinochet

Patricio aylwin Azócar, Ex presidente de Chile.

 

Nohelia González Valdivia
nohelia.gonzalez@laprensa.com.ni

Confiesa estar satisfecho con la labor que desempeñó como primer Presidente de la Concertación de Partidos por la Democracia de Chile, luego de 17 años de dictadura militar. Al asumir tan espinosa tarea, Patricio Aylwin Azócar fue abanderado de la célebre frase: “Verdad y justicia en la medida de lo posible”, en el caso de las violaciones de los Derechos Humanos cometidas por el régimen de Augusto Pinochet, lo que le atrajo críticas y detractores.

Responde como abogado que “justicia plena en este mundo no hay, siempre algunas injusticias quedan impunes”, pero como cristiano se declara convencido de que será Dios el que aplicará la justicia plena a los responsables de los crímenes.

Luego de la última conferencia que brindó en Nicaragua, durante su visita al país como parte del proyecto de “Diálogo Social” del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), orientado a generar consensos nacionales en América Latina y el Caribe, habló con LA PRENSA mostrando orgullo de la labor que hizo como gobernante, y particularmente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación que creó al inicio de su gobierno, la que permitió aclarar más de 2,200 casos de personas desaparecidas o muertas por la dictadura, y que hoy es la base para los procesos judiciales que enfrenta el dictador en su propio país.

Con un tono suave, pero firme, Aylwin deja en claro que no quiere irrespetar a Nicaragua, pero asegura que una Comisión de la Verdad sería contraproducente hoy en nuestro país, pues reavivaría pasiones que ya están sosegadas.

LP: En su primer encuentro con periodistas nacionales mencionaba algo sobre los quijotes respecto de las causas sociales y políticas. Llama la atención precisamente porque a usted le tocó una misión quijotesca en un país difícil. ¿Patricio Aylwin pensó o se vio alguna vez como el quijote de Chile?

PAA: Mire, la verdad es que uno no se propone ser quijote, ni nada en especial, pero entendí que como gobernante tenía que ponerme por encima de mis propias opiniones personales y tenía que ser capaz de buscar esto que llamo los consensos, de buscar soluciones prácticas, que conciliando mis principios y los valores fundamentales en los que creo, los cuales naturalmente no puedo transar, podrían resumirse en el respeto a la dignidad de la persona humana y a los Derechos Humanos, elemento fundamental de la democracia, lograrán la mayor posibilidad de promover soluciones que fueran eficaces para el bien común de mi país.

LP: A usted le tocó una tarea difícil como fue crear una Comisión de la Verdad que encontrara las respuestas “en la medida de lo posible” a la violación de Derechos Humanos. En la medida de lo posible, es a veces cuestionado porque los afectados quisieran que la verdad implicara castigo.

PAA: Dije verdad y justicia en la medida de lo posible. La verdad, toda la que se pudiera desde luego, pero sin limitaciones. Y justicia, ¿por qué dije justicia en la medida de lo posible? Primero, porque yo no podía prometer una justicia plena sabiendo, primero, que no estaban dadas las condiciones en el Estado chileno para hacer posible una justicia plena. Había una Ley de Amnistía que los tribunales aplicaban rigurosamente.

Segundo, los jueces en ese momento habían sido designados por la dictadura. Prácticamente todos los ministros de la Corte Suprema tenían cierta solidaridad con la dictadura, y en consecuencia no me daban garantías de hacer plena justicia.

En consecuencia, que hubiera hecho la promesa de justicia total, sabía que justicia total... Además, personalmente pienso que justicia plena en este mundo no hay, siempre algunas injusticias quedan impunes.

LP: ¿Y se debe aceptar la impunidad así?

PAA: Mire, soy abogado, he ejercido mi profesión durante 50 años, muchas veces he tenido que conformarme con soluciones que no eran plenamente justas, que tenían algo de justas y algo de injustas, esa es la vida. Los que creemos en que hay otra vida, pensamos en que la justicia de Dios, esa va a ser plena.

Por eso yo dije justicia en la medida de lo posible y no me arrepiento, se me ha criticado mucho. Creo que es lo que ha ocurrido, pero se han ido ampliando los márgenes de posibilidad.

Cuando recién asumí no era viable pensar que en Chile pudiera ser enjuiciado el general Pinochet, y que fuera a estar encargado reo, sometido a proceso, y todo lo que ha pasado ha sido la medida de lo posible, pero es una medida que se ha venido ampliando, a medida que ha transcurrido el tiempo. Pero la base fundamental era la verdad, y en eso creo que el trabajo de la Comisión de Verdad y Reconciliación que presidió Raúl Rettig, y el informe Rettig, han sido piezas fundamentales para avanzar no sólo en la verdad, sino en crear las condiciones para hacer posible mayor justicia.

LP: ¿Usted se siente satisfecho de lo que hizo en este proceso?

PAA: Sí, si usted compara lo que se ha hecho en materia de verdad y justicia, violaciones de Derechos Humanos en Chile y en los demás países en los cuales ha habido dictadura, creo que el balance es bastante favorable para mi país.

Objetivamente pienso que probablemente aprovechó nuestra experiencia y la mejoró Sudáfrica, en la forma como encaró el problema. Nosotros aprovechamos la experiencia de Argentina, la experiencia de El Salvador, y construimos nuestro modelo. Se va avanzando, el tema de los Derechos Humanos va vigorizando su importancia en las sociedades a medida que transcurre el tiempo.

LP: ¿Cree que en países como Nicaragua, donde hubo también una dictadura militar y un gobierno totalitario de izquierda, una Comisión de la Verdad puede abonar a dar justicia y verdad en la medida de lo posible?

PAA: Sí, yo opino que las comisiones de verdad jugaron un papel importante. Lo hicieron en El Salvador, en Argentina, en Chile fue muy importante, en Sudáfrica también fue muy trascendental.

LP: ¿Usted, entonces, le sugeriría a Nicaragua una Comisión de la Verdad, justo ahora cuando empiezan nuevamente a oírse denuncias sobre asesinatos, fosas comunes..?

PAA: No debiera opinar sobre esto, pero se pasó la oportunidad. Creo que el momento para eso habría sido como fue en Chile, al término de la dictadura, o del régimen de un Estado fuerte. Han pasado diez años desde entonces.

LP: ¿Cree que es más bien negativo hacerlo?

PAA: Es empezar a escudriñar en el pasado, no sé si tenga, si contribuya a lograr más paz o encienda de nuevo las pasiones.

LP: A usted le tocó marcar la diferencia con el gobierno militar, convivir con Augusto Pinochet, ¿cómo fue esa relación?

PAA: Eso daría para una entrevista de varias horas. Pero fue una relación recíprocamente respetuosa en el plano que cada uno ocupaba. No fue la relación entre un ex Presidente y un Presidente. Fue la relación entre el Presidente de la República y el Comandante en Jefe del Ejército.

LP: ¿Nunca tuvo miedo de que le pasara lo de Allende, un golpe militar?

PAA: No, el país quedó curado y no quiere más golpes militares ni gobiernos militares.

LP: Sí, ¿pero en 1998 se temía un golpe militar por la detención de Pinochet en Inglaterra?

PAA: Considero que se especuló fuera de Chile, respecto de eso. Pero yo no sentí temor, ni sentí que nadie del mundo en que yo me muevo tuviera temor, era absolutamente inviable un golpe militar.

LP: ¿Los militares están subordinados al poder civil ya?

PAA: Están subordinados al poder civil.

LP: ¿Y la relación no va a cambiar en el futuro?

PAA: Por el contrario, precisamente el esclarecimiento de la verdad en materia de Derechos Humanos ha llevado a los militares jóvenes a sentir cierto rechazo de lo que ocurrió, y a afirmarse en la necesidad y conveniencia de la prescindencia política de las Fuerzas Armadas, que ellos se mantengan en su terreno propio y no interfieran en la vida política.

LP: ¿Pero Pinochet sigue creando reacciones encontradas?

PAA: Claro, mientras viva, en la historia será una figura controvertida, un dictador por tanto tiempo que hizo cambios importantes en la sociedad, su gobierno, algunos para bien otros para mal. En definitiva, tiene una vigencia y genera controversia, tiene admiradores y tiene detractores.

LP: ¿Cree que la democracia le ganó la mano a Pinochet?

PAA: Sí, por supuesto. La democracia ganó y ganó para quedarse.

LP: Su visita a Nicaragua ha sido en un momento particularmente especial, un año electoral, hablar de consensos resulta difícil en esta coyuntura. ¿Cree que ha calado su propuesta?

PAA: La verdad es que no tengo un juicio, he encontrado en los tres candidatos presidenciales con quienes conversé buena disposición. Me han escuchado con interés, me han manifestado disposición de llegar a acuerdos en el momento oportuno. Creo que es indudable que no se puede esperar generar tales acuerdos en pleno período electoral.

Pienso que el momento más oportuno para hacer esta visita habría sido después de la elección y no en el período electoral, sin embargo, el presidente del BID me manifestó interés en que viniera ahora, porque él creía que de todas maneras sembrar estas ideas en esta etapa puede ser útil para el bien de Nicaragua.

LP: Pero, ¿cuál es la sensación que se lleva? ¿Ha llovido sobre mojado?

PAA: Mire, yo no diría que he arado en el mar como dijo Simón Bolívar, en algún momento. Creo que siempre algo queda, y por lo menos la inquietud y el reconocimiento por los candidatos de la necesidad y conveniencia de lograr ciertos acuerdos, pudiera quedar vigente y abrir posibilidades positivas para Nicaragua, después de la elección.

LP: Al ver el proceso político de Nicaragua, ¿cree que este país va sobre el proceso de consolidación democrática...?

PAA: Yo confío en que la democracia esté consolidada, que no haya aquí —de ningún lado— tendencias golpistas para establecer un sistema antidemocrático o dictatorial, hay un ánimo y el clima electoral lo revela, de plantear alternativas reconociendo el derecho de otros de pensar distinto, que es la esencia del sistema democrático, el reconocimiento de la libertad.

Ahora, creo también que la estabilidad de las instituciones democráticas o su perfeccionamiento suponen ir avanzando en temas, visiones, ideas claves, que sean compartidas por el mayor número de ciudadanos, de tal manera que los países no estén expuestos a vaivenes que sean demasiados bruscos.

"YO SOY YO Y MIS CIRCUNSTANCIAS"

Asus cercanos 83 años, el ex mandatario Patricio Alwyn Azócar muestra la serenidad y seguridad de alguien que se siente bien consigo mismo. Es abogado de profesión y político por vocación.

Su vida profesional y trayectoria política han estado determinadas por los valores de la libertad y la justicia. Ha sido catedrático universitario, senador de la República (1965 a 1973), colaboró con el gobierno de Eduardo Frei Montalva, para hacer lo que llamó la “Revolución en Libertad”, apoyó la elección de Salvador Allende, pero también fue su severo opositor.

Luego encabezó el plebiscito por el “No” a la dictadura de Pinochet en 1988. Al siguiente año la coalición de partidos por la democracia lo llevó a la Presidencia de Chile, la cual ocupó entre 1990 y 1994. Su gobierno tuvo como premisa fundamental el diálogo y la reconciliación, con el objetivo de reconstruir y consolidar la democracia.

Asegura haber sido educado por sus padres, para ser un servidor público, por lo que lamenta que los jóvenes de hoy no tengan esa vocación. No obstante, asegura que la Presidencia y su activa vida política han sido resultado del contexto que le ha tocado vivir en su país.

LP: Usted dice que sus padres le enseñaron y educaron para ser servidor público. ¿Pensó usted llegar a la Presidencia?

PAA: No.

LP: ¿Cómo fue ese proceso?

PAA: La verdad es que “yo soy yo y mis circunstancias” —dice parafraseando a Ortega y Gasset—, las circunstancias me llevaron a mí a ser el hombre que generó en el mundo político contrario a la dictadura, el mayor grado de consenso para encabezar el proceso. Pudo ser otro, pudo ser Gabriel Valdez, Ricardo Lagos, pero fui yo...

LP: ¿Y nunca le ha dado tentación de volverse a postular?

PAA: ¡Nooo!, si yo ya estoy viejo para eso.... (Ríe).  
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