Una oportunidad para Nicaragua
Conservadores en la encrucijada
 | El Partido Conservador ha tenido toda una tradición histórica en el quehacer político nacional, sin embargo, la polarización entre el PLC y el FSLN lo ha dejado —según las últimas encuestas— con pocas posibilidades de triunfo para las próximas elecciones. En esta controversia, tres de nuestros colaboradores expresan sus puntos de vista acerca de las opciones y perspectivas de esta importante corriente ideológica y política |
 | El Partido Conservador al llevar como candidato al Dr. Alberto Saborío y como vice a Consuelo Sequeira, le está dando una oportunidad grandiosa al pueblo nicaragüense para el próximo 4 de noviembre |
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Wilfredo Montalván
Cuando todo parecía perdido; cuando en el horizonte de la patria sólo parecían perfilarse el totalitarismo y la corrupción; cuando los nicaragüenses creíamos que seguiríamos siendo rehenes de la voluntad de dos obsoletos caudillos; he aquí que surge como una nueva esperanza la candidatura presidencial del Partido Conservador conformada por el Dr. Alberto Saborío y su compañera de fórmula: Consuelo Sequeira.
Hace algún tiempo (LA PRENSA, 4 de marzo de 2001) escribimos que Nicaragua estaba sedienta de una Tercera Vía. Porque las dos que se nos han presentado no sólo son producto de la imposición de un pacto (Alemán-Ortega) sino porque han demostrado en los últimos lustros su incapacidad manifiesta para gobernar a un pueblo digno de un mejor destino. Las hambrunas que asolan nuestras comarcas, el despilfarro de los fondos públicos, la corrupción galopante, son testigos de ello.
Nicaragua no puede ni debe seguir siendo el escenario de una confrontación absurda, en la que los líderes de los llamados dos grandes partidos (PLC-FSLN) centran sus debates en disputarse la supremacía sobre quién es más deshonesto o quién tiene en su haber el mayor número de aberraciones. Nicaragua lo que necesita son propuestas específicas y concretas sobre cómo erradicar la corrupción, cómo generar más empleo para nuestra población y cómo elevar sus índices de educación, vivienda y salud en beneficio de las grandes mayorías.
Por eso, al solo anuncio de la candidatura presidencial del Dr. Alberto Saborío, nuestro corazón se llenó de exultante alegría. Porque conocemos su trayectoria de lucha inclaudicable en favor de la democracia desde hace más de tres décadas; sabemos que sus proyectos de institucionalidad democrática son sinceros y que si el pueblo de Nicaragua le da su respaldo, como no dudamos lo hará en las próximas elecciones, Nicaragua estará comenzando con buen pie este tercer milenio, al llevar a la primera magistratura de la nación a un hombre comprometido con un Proyecto que busca cómo sacar al país de la difícil encrucijada en que nos encontramos.
No estamos de acuerdo con los pesimistas que hacen sus cálculos basados en la cantidad de dinero que han acumulado los pactistas para sus arcas partidarias; ni con los derrotistas que ven un valladar en la marcha contra el tiempo a que el candidato del Partido Conservador se encuentra abocado.
Tampoco con quienes califican de imprescindible una maquinaria electoral completamente terminada. En 1990 el pueblo al respaldar a la UNO sin gran organización y sin dinero (éste llegó hasta última hora de los EE.UU.), logró sepultar con sus votos a los que lo tenían todo: dinero, poder, organización, ejército, policía y hasta un Consejo Electoral proclive a sus pretensiones continuistas. El pueblo en esa ocasión demostró mística, abnegación y entrega, algo que raras veces miden los analistas políticos y que los nicaragüenses siempre han sacado a flor de piel cuando las circunstancias históricas así lo demandan. Si en casi todas las encuestas el 60% de nuestra población ha dicho que están en contra del Pacto y de la Corrupción, el Partido Conservador al llevar como candidato presidencial al Dr. Alberto Saborío y como vice a Consuelo Sequeira, la única candidata al más alto nivel, le está dando una oportunidad grandiosa al pueblo nicaragüense para que el próximo 4 de noviembre se arme de valor y decoro repudiando esas políticas arcaicas y llevando al gobierno la modernidad que necesitamos para empezar a dejar de ser, por la crisis de nuestras instituciones democráticas, uno de los países más empobrecidos de América y del mundo. Sería el primer paso en la dirección correcta. Amén.
* El autor es ex presidente del PSD y ex director de la Resistencia Nicaragüense (RN).
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