Los bancos y la delincuencia económica
Manuel Aráuz U.
No está lejos de la realidad aquel que piense que el cierre de algunas instituciones bancarias de este país se debe a algo más que simples irregularidades administrativas. Para el común de los ciudadanos, aquellos que no somos especialistas de las finanzas ni trabajábamos en alguno de los bancos liquidados o en proceso de liquidación, es evidente que la gran mayoría de situaciones que dieron lugar al estado de insolvencia constituyen verdaderas conductas delictivas; cómo si no podríamos denominar a la conducta de aquel que obtiene un crédito millonario ofreciendo garantías inexistentes (el caso del Interbank), o la de quien obtiene un préstamo de una entidad bancaria, aprovechándose de las relaciones que lo ligan con los directivos de la empresa, estando consciente, o buscándola quizá, de su incapacidad para asumir el pago de sus obligaciones mercantiles (el caso del Bancafé); más delicado aún es el caso de otorgar préstamos a favor de personas inexistentes, o de calificar de suficientes garantías hipotecarias sobre terrenos que con posterioridad no se pueden localizar.
En el caso más reciente, el del Banic, se dice que han sido los propios cuentahabientes los causantes del estado de insolvencia de la institución, que es el retiro masivo de “su dinero” el que ha dado lugar a tal situación, que la inestabilidad del sistema financiero nacional y la desconfianza de los ciudadanos se debe a ellos mismos y a dos o tres personas que están siendo procesadas.
En este tema creo necesario decir las cosas como son, ya el editorial del 13 de agosto de este mismo diario puntualizaba la situación, la inestabilidad y desconfianza en el sistema financiero no se debe al juego propio de las reglas del mercado, ni a que los cuentahabientes hayan retirado “su dinero” en el momento que lo estimaron preciso; se debe a la incidencia cada vez mayor de un tipo de delincuencia distinta de la tradicional, a la denominada “delincuencia económica” capaz de crear, a través de procedimientos de ingeniería financiera, mecanismos que aseguren la impunidad a los que realizan el hecho y, en la medida de lo posible, a sus colaboradores. Es este tipo de delincuencia, la de cuello blanco, la que, como un virus informático, ha corroído no sólo al sistema financiero del país, sino que además determina el aumento de la espiral de corrupción en el ámbito de la Administración Pública, pues no puede derivarse otro calificativo del comportamiento de los poderes públicos que, por razones desconocidas, no promueven o no quieren promover la persecución de dichos actos delictivos. Para colmo de los males conviene recordar que, “en nuestra realidad”, se ha creado el precedente de que nos corresponde a todos los ciudadanos, a través de nuestros tributos, asumir las repercusiones económicas de los actos delictivos cometidos por un grupo selecto de individuos.
* El autor es profesor de Derecho Penal de la UCA, Nicaragua. 
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