bonsai cultivados con amor y paciencia
 |
|
 | Este arte de cultivar árboles en miniatura requiere de mucha dedicación y conocimientos de sus necesidades climáticas,
hídricas y de suelo. Lograr un bonsai puede demorarse de 10 a 20 años. |
|
|
| |
Wilder Pérez R. wilder.perez@laprensa.com.ni
El pájaro de la fotografía no es una gigantesca ave que juega a la orilla de un laurel de la India. Es un chocoyo que mide diez centímetros de largo junto a un árbol de apenas 30 centímetros de altura. La planta no es un fenómeno, es un bonsai.
Este tipo de cultivo de árboles miniatura aún es poco conocido en Nicaragua, y aunque ocurre lo contrario en el resto del mundo, poseer una ceiba totalmente desarrollada, pero del tamaño de un taburete, cuesta miles de dólares.
Según David Ríos, cultivador de bonsais, un árbol como éste, de 200 años, puede valer 75 mil dólares, mientras que un “prebonsai” puede andar por los 450 dólares. Afirma que es un arte que precisa de mucho amor a la naturaleza, pero además paciencia, por lo que en Europa se utiliza como terapia psicológica.
UN ARTE QUE SE CULTIVA
Por atractivo que se vea el “negocio” de los bonsais, Ríos advierte que la sociedad nicaragüense no está lista para comercializar estos árboles. “Por eso mi interés no es de venderlos, sino enseñar a cultivarlos, si los entrego, lo más probable es que al comprador se le seque”, advierte.
Y es que el cultivador asegura que un bonsai es como una mascota que hay que cuidar y consentir en todo el sentido de la palabra. “No se vende y ya, hay que cuidarlo para siempre y heredarlo, se debe conocer el comportamiento del árbol, sus necesidades climáticas, hídricas, de suelo y de ambiente, sobre todo, mucha paciencia.
Para lograr un bonsai tropical, es decir, un árbol de rápido desarrollo, se necesitan al menos 10 años de cultivo, para otras especies, 20 años.
TÉCNICAS Y ESTILOS
Un bonsai tiene varias maneras de lograrse. Puede utilizarse cualquier árbol y se cultiva a partir de una semilla o una estaca. Ríos explica que comúnmente se podan las raíces y las ramas para inhibir el crecimiento. “Se transforma su morfología, pero genéticamente es igual”, explica.
Para darle forma pueden utilizarse alambres, pesas o cualquier instrumento que permita al árbol desarrollarse y tomar su forma natural. En esto también hay estilos como los inclinados, cascadas, semicascadas, convencionales rectos o formas que podrían parecer abstractas, como un árbol que es revolcado por un huracán, por ejemplo.
Asegura que la técnica se puede aprender en un día. “Lo difícil es convencer a la persona del amor que le debe tener a la naturaleza, eso lleva mucho tiempo, porque cultivar un bonsai es rendirle tributo a la ecología. Al final, tendrán sus hojas y frutos como si fueran normales, pero en miniatura.
LLEGADOS DESDE EL LEJANO ORIENTE
Se estima que el cultivo de bonsais tiene su origen en China durante la dinastía Tang (618-906). Sin embargo, una corriente histórica afirma que desde el siglo X u XI, los misioneros budistas chinos, lo llevaron al Japón como objeto religioso, ya que lo consideraban como una forma de acercarse a Dios.
Pero los japoneses pronto se hicieron expertos cultivadores. Aprendieron y descubrieron la mejor forma de educar ramas, troncos y raíces.
David Ríos afirma que éstos fueron quienes convirtieron el bonsai en arte.
En China prevalecen dos maneras de cultivarlo. Los sureños lo hacen tratando de imitar la naturaleza, únicamente crían ejemplares encontrados en el monte, evitan la aplicación de alambres, para darle forma únicamente se basan en la poda. Los del norte buscan formas armoniosas.
En el resto del mundo hay libertad de estilos. 
|