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DOMINGO 19 DE AGOSTO DEL 2001 / EDICION No. 22465 / ACTUALIZADA 1:30 am

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Cosas Veredes Sancho Amigo
La Patrona Emma Sampson, el tesoro viviente de Imabite

Foto  
.Cuando los nicaragüenses estemos en condiciones de iniciar el redescubrimiento de Nicaragua sin las onerosas y exclusivistas artimañas turísticas, quizás Puerto Momotombo se convierta en el democrático remanso de belleza, paz y tranquilidad con el que soñamos los pobres. Allí nos estará aguardando la amable viejecita Emma, para hablarnos con sabiduría de todo los temas.

“Soyo soltera”, de las rebeldes dice doña Enma Sampson.

 

Mario Fulvio Espinosa
mariofulvio.espinoza@laprensa.com.ni

Lloró durante varias horas la niñita Emma cuando vio que las vacas eran amarradas por los cachos y en esa guisa izadas y metidas en las bodegas de los vapores que navegaban por el Xolotlán -de Puerto Momotombo a Managua-. Los dolorosos mugidos, las sacudidas y el pataleo inútil de los semovientes conmovieron la psiquis de la niña y dejaron en ella un recuerdo cruel que no ha logrado borrar a través de ochenta años.

Emma Sampson Madriz reside aún en Puerto Momotombo, es la “patrona” de los lugareños que así la nombran, aunque todos saben que ella nació en León y que llegó a ese antiguo Imabite casi por milagro de la Divina Providencia.

Dueña y señora de 96 floridos años, Emma fue uno de los muchos vástagos que engendró el ingeniero inglés Dudley Sampson con la dama leonesa Josefana Madriz Rivas, su tercera esposa, ya que la primera fue doña Chona Osorio y la segunda doña Carmen Téllez. “Creo que en total tuve más de veinte hermanos de padre, aunque me resulta imposible recordar todos los nombres”.

“Mi niñez transcurrió en un momento agitado de la vida nacional. En 1912 ocurrió la muerte del general Dubón, un mercenario que había venido a pelear al lado de los Chamorro. Eso degeneró en guerra, hubo una hambruna terrible y mucha violencia. Esa guerra derramó mucha sangre y dejó muertes entre los nicaragüenses.

“El odio político era tal, que los leoneses, devotos de la Virgen de Mercedes, para ese tiempo sacaron una canción que en una de sus estrofas decía:
Virgencita de Mercedes
ayúdanos a pelear
que con estas cuatro balas
nos tomemos catedral


“Esa canción la entonaban con fervor en el propio comando y la cantaban también en los combates. De verdad yo no supe si la Virgen hizo ese milagro.


EL GESTO PATRIOTICO DE DON TORIBIO ARGUELLO

“Recuerdo que el doctor Toribio Argüello era el jefe del ejército en León y que vinieron los americanos llamados, creo que por don Adolfo Díaz, y cuando iban a entregar la plaza, porque los yanquis pudieron entrar hasta León, la tropa americana mató a un soldado nicaragüense, entonces se paró el doctor Toribio Argüello y le dice a Míster May, el intérprete, “Dígale a su jefe que bajen los rifles, si no, no entrego y doy orden de que se dispare”.

Sobre las costumbres leonesas de aquellos tiempos, Emma señala que mucho ha cambiado. “Antes los leoneses contaban con tres periódicos en la metrópoli, uno era de unos señores Prado, otro “El Centroamericano” y del otro no me acuerdo. Ahora no existe ni uno solo, en materia cultural vamos en guinda”.


¿Doña Emma, usted fue de la aristocracia leonesa o fue de la medio pelo?

Sonríe doña Emma y sus ojos grises brillan de gozo cuando dice: Fui de todo. Tuve dinero y ahora no lo tengo. El colmo, fíjese que paso de lo que una sobrina me envía de los Estados Unidos, porque ya no hago nada, casi no veo, casi no oigo y camino apoyada en este bastón.

Mi niñez... Fue muy seria porque a nosotros nos crió una tía, doña Evelia Madriz, prima hermana del doctor José Madriz. Era una señora de carácter suave, pero para mandar era dura. No iba a fiestas... Antes la gente no era tan fiestera, pero ahora lo que son las cosas, hasta los cumpleaños me festejan los vecinos y amigos.

Espérese, voy a tratar de recordar los nombres de mis hermanos. Los voy a contar... Jorge, Juan, Dudley, Edelberto, Donald, Esther, Catalina... Me falta uno porque eran ocho.


¿Y todos son difuntos?

— ¡Todos! De 22 sólo yo he quedado. Hace dos años murió el último, sólo yo he quedado para muestra. Siempre fuimos muy unidos, no peleábamos con nadie, no teníamos enemigos.


¿Cuáles fueron sus juegos de niña?

— Yo recuerdo que en ese tiempo los hombres mucho jugaban a los dados. A mí me encantaban los trapecios, ir al parque a mecerme. También jugamos el “mata tiru tiru lay” y otras diversiones que no recuerdo.


DE LEON HACIA PUERTO MOMOTOMBO

Nací en León el 21 de junio de 1905 cerca de una plaza que quedaba una cuadra al sur de catedral. Rodeaba esa plaza un enorme muro construido por los españoles. Después pusieron ahí un hospital. Con eso de las restauraciones le han quitado su fisonomía original a la vieja catedral.


¿Cómo vino a dar a Momotombo y León Viejo?

— El marido de mi tía Evelia era el doctor Juan Toribio Argüello. Ellos nunca tuvieron hijos. Pues ocurre que ellos tenían aquí una hacienda llamada “El Socorro” y se venían a pasar temporadas. Entre los amigos que visitaban a mi tío estaba el arqueólogo Arturo Cuadra Zeas, que no sé si era de Granada o de León. Y yo de muy zafada le decía a mi tío, “ese señor no sabe nada porque anda buscando León Viejo y León Viejo queda dentro del lago, en la playa, porque ahí se han encontrado muchos ídolos y otros que ha arrojado el lago. Entonces don Arturo respondía: “Déjala decir, porque dentro del lago queda la parte indígena de León Viejo, la llamada Imabite, pero León Viejo hay que buscarlos ahí donde ustedes llaman “La Cueva”. Si el lago tiene ídolos o los arroja es porque cuando llegaron los españoles trataron de destruir los ídolos, entonces los indios para evitar eso los lanzaron al lago pretendiendo sacarlos después.

Y muy justa razón tenía don Arturo.


¿Y usted ha visto esos ídolos?

— Sí, muchos, incluso yo tenía 22 de ellos. Pero fíjese como somos los nicas. Cuando murió don Toribio mi tía Evelia quedó endeudada y sus cuñados quisieron anular el testamento. Hubo un gran pleito legal. Quedamos pobres y yo quise vender los ídolos. Fui al gobierno pero no le interesó. Hubo uno que me mandó a Gobernación, pero... ¿Qué tiene que ver Gobernación con ídolos? Anduve por todas partes y al fin tuvimos que vendérselos a un señor árabe que compraba a nombre del Gobierno de Alemania. Han seguido encontrando esas piedras, la más grande la compró un señor Chamorro Benard.

“En 1968 decidí establecerme definitivamente aquí en Momotombo, en la parte que me tocó como herencia de mis tíos.


ALGO SOBRE LA CASA DE ZELAYA

¿Qué me dice de la casa de Zelaya?

— Cuando yo vine aquí siendo niña ya era la residencia principal de una hacienda llamada “El Diamante”. Era una especie de chalet muy elegante donde venían a veranear las amistades de los dueños, que en ese tiempo eran unas niñas viejas de apellido Guerrero. A esas señoras se las compró el general Zelaya que gozaba contemplando el paisaje desde una poltrona, en el segundo piso. La propiedad llegaba hasta el Río Mokorón por el norte y por el sur hasta aquí.

Aunque usted no lo crea, hasta este lugar venía el ferrocarril procedente de Corinto y León. Aquí terminaba la vía férrea, y había un hermoso puerto con un largo muelle del cual quizás ustedes observaron las ruinas.

Los que viajaban a Managua aquí abordaban tres vapores, uno era el Victoria, y a otro le decían “El Cachete”, porque era ancho pero navegaba de ladito.

Tanto el ferrocarril como el muelle, el puente de Paso Caballos, el de Quezalguaque y el de Tipitapa fueron obras de mi padre.

— Pero volvamos a la casa de Zelaya, ¿qué pasó después?

— Zelaya se la vendió al doctor David Argüello, un leonés que tenía una gran farmacia. Este doctor era un hombre de mundo y solía decir: “Para mí, primero París y después Momotombo”. De la casa ahora sólo quedan ruinas que parecen querer caer sobre el lago, nadie se ha preocupado por restaurar esa reliquia, ni siquiera los liberales.


¿Entonces usted vio funcionar también el ferrocarril y los vapores?

— De los vapores ya le conté que lloré cuando vi cómo metían a las vacas en las bodegas. El ferrocarril terminó cuando fue completada la otra vía que lleva hasta Managua. Los rieles los vendió don Adolfo Díaz a El Salvador. En cierta ocasión yo estuve en esa república y mi hermano, que era funcionario del ferrocarril de esa nación me decía, “en estos momentos usted va sobre los rieles del Ferrocarril de Nicaragua, porque son rieles nicaragüenses”.


LA AMENAZA DE DON FRANCISCO MEDINA

En cierta ocasión los alemanes se enojaron con el gobierno de Zelaya y mandaron a Corinto una amenazante fragata de guerra. Era ministro de gobierno el doctor Francisco Medina, un hombre bajito que sabía cinco idiomas aunque nunca había salido de Nicaragua. Como negociador subió con unos soldados a la fragata alemana y vio que el almirante alemán ordenó poner en el suelo una bandera de Nicaragua para pasar sobre ella pisoteándola. Don Chico se indignó y le dijo, “si usted da un paso sobre esa bandera le hundo el barco”, porque de antemano tenía preparado en el puerto un gran cañón al que le decían “El Gerald”. “Soy el representante de Nicaragua y aquí vengo a dialogar, no a que se me humille”, dijo, y la bandera nica fue levantada con respeto.

— ¿Y usted conoció al general Zelaya?

— No, no lo conocí porque don Toribio era antizelayista.

— Me dijeron que aquí hay muchas leyendas sobre espantos y aparecidos.

— Yo nunca he visto nada. Hace un tiempo los vecinos agarraron una mica bruja, y al quitarle el disfraz resultó que era una comadre mía.

Y la gente venía a decirme: Fíjese que a su comadre la agarraron hecha mona. Qué barbaridad -decía yo- que a mi comadre la hayan agarrado en esos términos.

Pero también recuerdo que siendo una niña escuché que a don Ramón Argüello, hermano de don Toribio y tío mío, que era un hombre escandaloso, yendo para su finca le salió una mona que le quiso tocar la cara. Pero él la agarró de la muñeca, se sacó la faja, y le dio una gran ‘fajiada’ a la mona vaga. Creo que esa mona se llamaba Carmen, hija de doña Carmen Guardado. Salía de mona por pura vagancia.


Bueno, y usted doña Emma se casó, tuvo enamorados?

— Yo soy soltera, soy rebelde. Y es que dicen que “casamiento y mortaja del cielo bajan”. No me tocó casarme. No me convenía estar casada.


¿Y no le hacen falta algunos nietos?

— Bueno, me gustan los niños, pero no me hacen falta. Además yo tengo a los niños de la escuela. Ese instituto fue hecho por mi gestión. Cuando vine aquí observé que los niños tenían que caminar hasta La Paz para poder estudiar, regresaban a medianoche, a veces remojados y cansados.

Me dije, eso es un pecado. Entonces gestioné y conseguí cinco manzanas de terreno para el instituto. Cuando ya estuvo levantado le querían poner mi nombre, pero yo sugerí que le pusieran “Isabel de Castilla”, pensando en un hipotético patrocinio de España.


¿Qué piensa uno cuando llega a los 96 años?

— Nada, lo normal, yo me siento tranquila. Nunca he levantado un falso ni he traicionado un secreto. Donde me muera que me entierren. Ya les dije: Si me muero en la mañana me entierran por la tarde, a mí no me anden bailando. Pero la gente, supongo que por molestarme me dicen: “Pues se equivoca patrona, porque la vamos a tener tres días en capilla ardiente”. Pues no -les digo-, si hacen eso les salgo ya muerta y les halo las canillas”.


ACTUALIDAD Y RECUERDOS

“Aquí me entretengo despulpando café. Antes me ponía a jugar solitario pero poco a poco voy perdiendo la vista. Así que dejé eso”.

“Vivo con una muchacha que me hace los quehaceres, me la trajo de Nueva Guinea el Padre Jarquín. Así acompañada me siento tranquila”.

¿Mi salud? Pues se me inflama esta pierna, no sé qué puede ser. Pero me miran el Padre Jarquín y el doctor Denis Saavedra.

“Sí, en el León de mi época habían fiestas, pero eran muy pocas y yo no me acuerdo haber andado en esas cosas.

“Al lugar donde se encontraron la vía férrea que venía de León con la que iba a de Managua a la metrópoli, se le llamó “El clavo de oro”.


LOS SAMPSON EN MANAGUA

Por un tiempo doña Emma vivió en Managua ligada a sus familiares de la “Casa Sampson”, que quedaba en la Calle de Santo Domingo, una cuadra al sur del Mercado San Miguel. Allí vendían las mejores carnes, embutidos y productos lácteos de Nicaragua.  
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