Especial
Maquila informal entre penumbras y privaciones
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 | La jornada es extenuante, pero la necesidad es apremiante. Mujeres y niños trabajan en labores de maquila en sus hogares, en una actividad que no cuenta con prestaciones sociales, horarios, ni salarios fijos, pues los ingresos dependen de las necesidades de producción de las empresas de zonas francas. |
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Las trabajadoras de la maquila en el hogar, laboran en las condiciones de miseria en que viven. |
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Gabriela Roa Romero gabriela.roa@laprensa.com.ni
Su día comienza a las cuatro de la mañana. Hora en que ella se levanta para aprovechar la oscuridad de la madrugada en los oficios del hogar, porque el resto del día se dedica a coser zapatos, para sobrevivir.
A sus 27 años, es madre soltera con seis hijos, el mayor de ellos es un varón de 13 años, y la menor tiene apenas pocos meses de nacida.
Su jornada a menudo se extiende hasta pasadas las diez de la noche. Pero en algunos días su rutina se ve interrumpida, porque sale a lavar y planchar para ganar dinero extra, y sólo cose zapatos por la noche, con la tímida luz de una bujía.
Ella pertenece a un puesto de subcontratación maquilera, ubicado en Tipitapa, donde con otras 20 compañeras apoyan desde sus casas la costura a mano de zapatos producidos por la fábrica Ecco.
Ninguna quiso revelar su nombre ni su rostro por miedo a perder el ingreso que les genera la costura de zapatos, el cual, aunque es insuficiente, para muchas significa por lo menos el pan en sus mesas.
Ella admitió que es un trabajo que apenas le permite sobrevivir con sus seis hijos, pero a la vez considera que es una buena alternativa, porque le facilita trabajar desde su casa, “con tantos hijos no puedo estar demasiado tiempo afuera”, dijo.
Gana por producción, es decir, que sólo le pagan por cada par de zapato que logra coser.
Devenga como promedio 120 córdobas a la semana en “temporada alta”, y apenas 60 córdobas semanales en “temporada baja”.
Por lo general para marzo (comienzo de año escolar), noviembre (inicio de la Navidad), en mayo y junio (meses de la madre y el padre, respectivamente), la producción de la fábrica aumenta, según explicó.
TEMPORADA BAJA, TEMPORADA DE HAMBRE
Sin embargo, señaló que cuando la producción de la empresa disminuye, pasan meses sin enviarles materiales para trabajar.
Cabe señalar que su hijo mayor le ayuda a coser, “es todo un experto”, comentó.
Admitió que “es feo coser de noche”, porque la luz de la bujía es muy débil, pero suficientemente fuerte para atraer a los insectos tradicionales del invierno.
SIN SEGURO
Recordó que una vez cosiendo de noche, tuvo un accidente, “se me quebró una parte de la aguja dentro del dedo”, dijo riéndose de un hecho que en su momento fue bastante doloroso para ella, porque se trataba de una aguja de dos pulgadas de largo.
“Yo me la saqué, pero a los días se me infectó y tenía toda la mano inflamada. Estuve un mes que sólo el niño cosía”, agregó, tras manifestar que ninguna de las trabajadoras está asegurada para poder enfrentar estos accidentes laborales.
Las costuras que realizan en los zapatos son pagadas a 1.30 córdobas, 1.75, ó 2.50, la que lleva más trabajo, sin embargo aseguraron que de este último tipo de costura casi no les mandan.
MUCHO TRABAJO Y POCOS RÉDITOS
La jefa del puesto, también es madre soltera de una menor de 16 años y de otra de siete.
Ella se encarga de recibir, revisar y distribuir el material enviado por la empresa, además de pagarle y capacitar a sus colegas.
Dijo que durante la semana puede llegar a ganar desde 500 córdobas, hasta 70 córdobas, o en el peor de los casos “nada”, si la empresa no les manda materiales.
Su hija mayor le ayuda a coser desde que tenía diez años, aunque asegura que nunca permitió que el trabajo interfiriera en los estudios de la menor.
Ella comentó que es jefa de puesto desde hace dos años, pero tiene 13 años de trabajar en el mismo oficio.
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