Julio Francisco Báez: Especialista en derecho tributario
“Los impuestos son como el bikini”
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 | Los impuestos, dice Julio Francisco Báez citando a un maestro internacional, “son como el bikini: generosos en exhibir atributos, pero esconden lo esencial”. Báez, que participará como profesor invitado en la Universidad de Harvard, habla en esta entrevista de su viaje y del extraño mundo de los “hermanos Báez”. |
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Julio Francisco Báez. |
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José Adán Silva joseadan.silva@laprensa.com.ni
Julio Francisco Báez es quizás uno de los pocos nicaragüenses que vive públicamente con un título de hermano y un apellido común y compartido: es uno de los “Hermanos Báez”, conocidos especialistas en derecho tributario. Julio Francisco o “Kiko”, como le dicen con cariño sus amigos, asume con seriedad y profesionalismo el bautizo de ser un “hermano Báez”, y como tal, casi siempre responde a preguntas singulares con respuestas plurales.
Próximamente se irá a impartir como profesor invitado a la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, luego de ser seleccionado de entre los participantes de dos continentes, al final de un seminario impartido por el Banco Mundial. Hay temas, en Julio Francisco, de los cuales nunca se aburrirá de hablar: impuestos, y una férrea y casi religiosa filosofía de la familia y la unidad.
¿Cómo surgió la propuesta de ir a Harvard?
Todo este año, sobre todo en los últimos cuatro meses, se desarrolló un proceso de formulación de un curso de educación a distancia, entre el Banco Mundial y la Universidad Centroamericana (UCA), que concitó la participación de América Latina y África, donde participaron autoridades de las más altas calificaciones en videoconferencias. A partir de ahí nos conectamos con los profesores de Harvard, concretamente con el director del Programa Internacional de Tributación de la Escuela de Leyes de Harvard. Yo expuse sobre el “Sector económico y economía de tributación del caso Nicaragua”. Él simpatizó con el tema y hubo comunicación. No hubo una preselección en la que yo supiera que estaba aspirando, compitiendo. Fue una sorpresa mayúscula cuando en la clausura del evento me informaron que se había hecho una selección entre los participantes de los dos continentes, y me dijeron que me habían elegido. Yo no sabía ni qué pensar ni qué decir, estaba estremecido.
¿A qué va a Harvard?
La selección fue para participar como profesor invitado, consiste en una posibilidad de adiestramiento que yo voy a tener como investigador, como especialista en la materia, como profesor. No descartan posibilidades de que presente conferencias sobre la realidad nicaragüense, pero lo esencial no es eso, es que se me abren las puertas de Harvard para sistematizar mis estudios, para aprender más.
En términos económicos qué significa viajar a Harvard. ¿Va a ganar más allá o gana mejor aquí?
En términos económicos yo voy a recibir todo lo que es mi manutención allá, todos los gastos los asume la Universidad. Aquí dejo trabajo, ingresos y cosas por hacer, pero si mido las dos opciones, me doy cuenta de que irme es un inversión a largo plazo, significa un crecimiento no sólo mío, sino de Nicaragua también. Que nos escojan de entre varios países es porque aquí hay material humano competente. Mi familia está orgullosa de eso.
¿Qué significa para usted la familia? Le pregunto porque veo que las paredes de su oficina están plagadas de fotos familiares.
Nosotros venimos de una familia donde nuestros padres han sido nuestros paradigmas. No sólo son ejemplos, sino también hay una devoción hacia ellos casi religiosa, porque ellos fueron dos personas comunes y corrientes. Jenni Cortés y Theódulo Báez, son dos personas muy sencillas que nos enseñaron a ver la familia en torno del concepto de unidad. Por ejemplo, cuando uno viaja en los aviones se encomienda a ellos... al menos yo, pues, porque mi hermano Theódulo no viaja en aviones. Hay un concepto muy fuerte de la familia, aquí por encima de cualquier cosa está la familia. Hay una familia Argüello en León, donde un señor tiene unas hijas que son nuestras esposas. Son cinco hijos que tiene la familia del doctor Noel Argüello y doña Elisa Argüello. De ellos hay un varón que vive en Houston, y cuatro mujeres. De ellas, tres están casadas con los Báez: una conmigo, otra con Theódulo y otra con un primo hermano de nosotros, Efrén Báez. Ahí hay un amarre familiar enorme, con decirte que todas estas personas trabajan aquí. ¡Todos! Mi esposa es la administradora, mis dos cuñadas están al frente del área jurídica, es una empresa familiar que es extensión de las buenas relaciones familiares, que, como te digo, no es por virtud de nosotros, sino que vienen de las raíces de nuestros padres. Dice el poeta Luis Rocha que los hermanos Báez son los que dan la cara, y esconden a un poco de gente trabajando. Tiene razón, pero no la tiene cuando dice que de los dos hermanos uno es el que hace la relaciones públicas y el otro el trabajo, y me echa el muerto a mí.
Y hay algo de cierto en eso. Casi siempre se ve hablando más a Francisco que a Theódulo.
Sí hombre, sí hay algo de eso. Théodulo está más enfocado en la parte investigativa microjurídica, técnica y puntual; yo he orientado un poco mi experiencia de política tributaria en la vinculación de las políticas económicas con la tributación y la parte editorial que desemboca con la publicación de los libros que sobre la materia hacemos nosotros, los hermanos Báez.
Usted se reconoce como hermano Báez, igual lo hace mucha gente. Allá afuera son los hermanos Báez, sin distingo de nombres, ¿es eso para usted agradable, o le molesta que siempre que los vean, aunque vaya solo, le digan “ahí va el hermano Báez”?
Pues eso es una cosa que a nosotros nos gusta, porque nos dicen a veces los Hermanos Báez, aunque esté sólo uno, y a veces cuando nos saludan nos dicen “hermano Báez”, aunque a quien le están dando la mano es a Theódulo o a mí. Es casi una norma, nos confunden, no nos dicen casi nunca nuestros nombres, y la verdad eso nos gusta, porque la gente te reconoce en la unidad de la familia. Ya es como un título eso de que nos llamen “Hermanos Báez”; eso refleja una imagen colectiva que hemos sabido vender. El día que nosotros perdamos esa identidad, estamos fritos, porque nuestra fortaleza es la unidad.
Bueno, pero usted tienen una vida privada también. En ese sentido, ¿en qué se parecen y en qué no?
Hay diferencias que obviamente comienzan con la conceptualización del trabajo, y los detalles de las investigaciones, eso es normal. Sí hay otras diferencias más de orden de comportamiento. Theódulo es más un poco oso de madriguera, es más casero que yo. Mientras yo soy un poco más salidor, él no puede, no tolera salir en avión. Les tiene una fobia pavorosa, son inventos que él se ha hecho, dice que es una absurda forma de suicidio. Trató de hacer un esfuerzo para el Mundial de Fútbol de Francia, pero al final se hizo el disimulado y no fue. No quiere subirse a un avión y no lo va a hacer. Además, es un poco más supersticioso, es más atleta que yo, él es medio ridículo para comer, se cuida, y yo no le niego el plomo a mi gallopintito. El es muy ortodoxo en ese sentido. Yo le digo que vayamos a comer un vaho, él se sienta y sólo nos ve comer y nos dice que somos locos, para él esas son herejías, falta de seriedad.
A los Hermanos Báez se les ve constantemente en los medios de comunicación desmenuzando las políticas tributarias de este gobierno, y botando las posiciones oficiales. ¿Eso no les ha granjeado enemistades con personas del sector público?
Pues ha habido algunos roces, pero en el marco de relativa normalidad, más palabras y críticas públicas que otras cosas.
Debo suponer que antes de partir ha consultado con la familia.
Por supuesto, yo no hago algo si no es con el permiso de mi familia. Es más, en mi familia quien manda es mi señora esposa, sin ella no se hace nada, no me da pena decirlo. Ella es la que manda, con mucho respeto y todo. Es que en nuestras familias nos enseñaron de todo lo bueno posible que existe en los valores de unidad, así como también nos enseñaron el coraje, aquello de que el poder es indómito y hay que golpearle la mesa. Sin miedo, con prudencia, pero siempre hay que reclamar nuestros derechos y fajarse. Mi viejo era de los que peleaba y golpeaba la mesa.
Entonces, ¿usted es por herencia de los que golpean la mesa cuando pelean por algo?
Sólo cuando se hace necesario, pero no es golpear la mesa en el sentido físico, sino en el sentido de que hay que pelear los derechos con firmeza.
¿No hay derrotas?
El hecho de estar durante más de 11 años tratando de impulsar un código tributario que ponga orden en las políticas tributarias, pero definitivamente a los gobiernos no les gusta porque pondría en orden muchas cosas. Por ejemplo, con un código como ése se llena la profesionalización del servicio público, la carrera tributaria, habría más justicia social, menos abuso, más igualdad y reglas claras, los jubilados no sufrirían más abusos...”.
Está hablando como político en tiempos de elecciones, ¿no será que está buscando que algún partido lo llame a formar parte de su plancha...?
Nosotros, Theódulo y yo, desde 1980 participamos en el proceso revolucionario en el servicio público, salimos de ahí y desde que organizamos en 1991 nuestra oficina, creemos que sin ser unos vergonzantes de la política —porque no lo vamos a ser jamás— no creemos prudente militancias partidarias y no tenemos ninguna militancia partidaria. No es conveniente porque contaminaríamos un esfuerzo que nos ha costado. Lo cual tampoco indica que nosotros no hagamos política, porque desde nuestras oficinas hemos hecho política a favor de todos.
¿Cómo se puede hacer política desde una tribuna de donde se habla de impuestos?
Ha habido cosas, demandas sociales que nosotros hemos advertido y hemos tenido que dejar trabajos en empresas para darles prioridad a temas sociales. Por citarte uno, nosotros dejamos de trabajar en una cosa privada para estudiar de oficio un cobro de impuestos ilegales a los útiles escolares que desde 1995 estaban derogados. En 1997 me fui a cambiar estos anteojos a la óptica y me cobran el Impuesto General del Valor (IGV), y yo les digo que eso no puede ser, que en la Constitución Política dicen que órtesis y prótesis no pagan impuestos. Y entonces, hermano, ni me puse los anteojos, salí en carrera a ver el asunto. El director general de la época, Marco Aurelio Sánchez, se empecinó, de la manera más obstinada, en decir que los anteojos no eran ni prótesis ni órtesis, y hasta el mismo Minsa le dijo, hasta que la misma DGI le dijo al hombre que dejara de estar de necio. Al fin, y desde aquella vez, ya los anteojos no pagan impuesto. Eso es política.
¿Y qué pasó al fin, pagó los impuestos de los anteojos?
Pues cuando llegué a traerlos dos semanas después, como ya estaba facturado, pues pagué todo, pero quedamos de buenas relaciones con la óptica y ahora nos dan un descuento especial como premio por aquella guerrita.
¿Para usted qué significan los impuestos? Una definición sencilla.
Aquí yo quisiera evocar al prologuista de nuestro libro “Todo sobre impuesto en Nicaragua”, el eminente doctor en Economía por la Universidad de Harvard y por mucho tiempo Director del Departamento de Asuntos Fiscales del Fondo Monetario Internacional, Vito Tanzi, él tiene una frase que grafica lo que para mí son las políticas tributarias. “Los gobiernos presentan así las cosas, la política tributaria es como el bikini... es generosa en exhibir atributos, pero esconde lo esencial”. Por eso nosotros siempre buscamos que los contribuyentes conozcan no sólo el bikini fiscal, sino también lo que hay detrás, porque están en sus derechos.
PERROS, PLAYAS Y PROTESTAS ESTUDIANTILES
Julio Francisco Báez recién acaba de cumplir 27 años de casado, y parece como si tuviera uno. El 10 de agosto estuvo celebrando en el Hotel Selva Negra su 27 aniversario de bodas, como una especie de luna de miel y despedida temporal por su viaje a Harvard. Ha bregado por 30 años en el derecho, desde que inició sus estudios en 1970, en la UCA. Por su participación en los movimientos de protestas estudiantiles de la época, tuvo que terminar sus estudios en León, donde se formó y conoció a su esposa. Estuvo en México estudiando una maestría política, y regresó al país en 1980, para trabajar diez años de la revolución sandinista como Director de Reforma Agraria del Midinra, secretario general, etcétera, bajo la sombra del comandante Jaime Wheelock Román.
Tiene 49 años, cuatro más que su hermano Theódulo, a quien le reconoce cierta superioridad en la materia de las técnicas tributarias. Tiene un hijo de 24 años que se graduó de ingeniero industrial, y una hija de 18 años, que estudia derecho e inglés en Texas. Julio Francisco se define como un hombre disciplinado y casero, que se bebe sus traguitos de vez en cuando “con una dosificación mínima y estable”.
Le gustan los perros, disfruta de la playa y lee mucho, sobre todo a Jorge Luis Borges, a Sergio Ramírez, y últimamente he incursionado en la literatura testimonial, leyendo a dos jesuitas irreverentes que le han inspirado mucho. Sobre todo uno de ellos, que como voto de pobreza vivió diez años como mendigo en las calles de Bombay. 
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