Desde la cueva
50 años de historia para el enanito
Tito Rondón tito.rondon@laprensa.com.ni
Hoy hace 50 años pasó algo muy extraño, y a la vez tan poco usual que vive en la mente de los aficionados con más vida que muchos grandes batazos y muchas grandes jugadas.
Hoy hace 50 años un enanito bateó una vez en un partido oficial del béisbol de las Grandes Ligas.
El más genial de todos los dueños que haya existido, Bill Veeck, fue el de la idea. Y su ejecutor. Eddie Gaedel trabajaba para circos y ferias, y no entendía nada de béisbol ni le interesaba. Más bien le daba miedo eso de estar cerca de lanzamientos de 90 millas por hora.
Pero 100 dólares (mucho dinero en 1951) y la promesa de “ser inmortal” (cada jugador que aparece aunque sea una vez en un partido es Grandes Ligas queda grabado en todas las enciclopedias, electrónicas o de papel, que pululan en el mundillo del béisbol) convencieron a Gaedel.
El gran día llegó, un doble juego en San Luis entre los Tigres de Detroit y los Carmelitas. Al finalizar el primer partido le llevaron un queque de cumpleaños al manager Zack Taylor, de donde saltó Gaedel usando un pequeño uniforme, que ostentaba el número 1/8, único quebrado en servir de número de uniforme en la historia de las Mayores.
Por supuesto, nadie perdió con eso. El de la cervecería que patrocinaba la promoción le reclamó con furia a Veeck. Éste solamente contestó: “Espere”...
Al empezar el segundo partido, un jugador poco usado de los Cafés saltó al campo, anunciado como primer bate y jardinero derecho. Nadie “paró bola”.
Pero al cerrar el primer episodio, San Luis anunció un cambio: “Emergente. Bateando por Frank Saucier, el número 1/8, Eddie Gaedel”.
En el estadio estalló el asombro. Nadie lo creía. El enanito se enrumbó al home, pero el umpire principal lo detuvo. El manager Taylor estaba listo, y le mostró al árbitro copia de los documentos de inscripción que habían sido enviados a la oficina de la liga (para que llegaran justo a la hora de cierre del viernes y nadie los viera). El umpire dejó batear a Gaedel.
Veeck había instruido al enanito (de 37 pulgadas de altura) para que se agachara al tomar su posición de bateador; “su zona de strike era de pulgada y media de alto”, recordaría después.
Pero el enanito se había empapado de béisbol los días anteriores, conocía la tremenda fama de Joe DiMaggio, y copió su estilo erguido de batear. “Tengo un francotirador en el techo”, le había dicho Veeck a Gaedel antes del juego. “Hacés swing y sos hombre muerto”.
No hacía falta. El lanzador Bob Cain utilizó su velocidad normal buscando control y el misil que pasó cerca de Gaedel lo paralizó. Después de dos malas, el catcher Bob Swift se acostó para bajar el blanco, y ya para entonces la gente en el estadio gritaba, pataleaba, lloraba de risa. Gaedel recibió la cuarta mala, y partió rumbo a la inicial, haciéndole reverencias al público durante el trayecto.
Lo reemplazó el titular Jim Delsing en primera, y terminó la carrera de Grandes Ligas de Eddie Gaedel.
El lunes, el presidente de la liga mandó a borrar a Gaedel de los libros de récords, para no permitir una “payasada”. “Si hace eso el payaso es usted”, respondió furioso Veeck. “Eso querría decir que no hubo bateador emergente, que no hubo base por bolas, que no hubo corredor emergente. Las hojas de anotación no significarán nada de ahora en adelante”.
Gaedel fue restituido, y Veeck cumplió su promesa. El enanito es un inmortal. 
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