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Catedral de sal
Milagros Terán
Dentro del cerco de piñuelas mente cruza solitaria el laberinto de la purificación, —sin manos asidas ni progenie— se desliza callada bajo la dulce mirada del Arcángel.
Entre la sal del mundo —la que pone el sabor, la diferencia— la mujer camina segura de sí misma, sin mayor sobresalto que el de la cuerda floja bajo sus pies de ninfa
Afuera el ruido la confusión el purgatorio mágico los ritos el medroso andar de los odiosos en su absurda peregrinación. |
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