ESCRIBANOS
EDICIONES ANTERIORES
LA PRENSA
OTROS SUPLEMENTOS
SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 18 DE AGOSTO DE 2001
PORTADA
CUENTO NICARAGÜENSE
POESIA NICARAGÜENSE
LEXICOGRAFIA
KINO-BIO-CINE
ENSAYOS

El mestizo

Foto  
Armando Zambrana Fonseca

A finales del siglo XVI, aparecieron cantidad de mujeres, y hombres que no eran ni indios, ni españoles. De acuerdo a las descripciones físicas de ellos eran: “ eran de buen talle”

Según Severo Martínez Peláez, esta contextura física era producto de la primera generación de mestizos, por que la mayoría de ellos eran hijos de las mujeres aristócratas indígenas. Mujeres sanas. “No expuestas a los daños de la pobreza que se padeció “

El mestizo agudizó su ojo para observar las actitudes de los aborígenes y de los españoles. Tomó una posición que le permitía ver con fidelidad las fiestas, actitudes familiares, recreaciones, modas, trato humano, cuentos, bailes, cantos, etc. Siendo indio se acercó a los indios, siendo español se acercó a los españoles.

Esta capacidad de imaginación los descubre ante los dos bloques establecidos. Al ser indio los españoles desconfiaron de él, y siendo español, los indios asumieron la misma actitud.

Su actitud anónima está obligada por el medio. Esta burla es lo que nosotros denominamos ‘jodedera’, que difiere semánticamente del sinónimo de fornicar que utilizan en otros pueblos de la América Latina. El joder nuestro es la burla constante y permanente. El mestizo por su condición se convierte en un profesional de esa actitud. Hacer el relajo se convierte en un hábito. No toma nada en serio. Ni su propia vida se sale del parámetro de la jodedera. La vida la toma a la ligera, no acepta condiciones, normas, ni las leyes mismas.

El mestizo hace su burla sutil en cuanto más esconde el propósito. La burla es burda, cuando el propósito de la misma se vela al primer instante. El mestizo utiliza la burla en dos líneas de su sistematización. La primera es la jodedera permanente, y la segunda, la sutileza de su ingenio. Esta burla no se advierte a simple impresión.

En la jodedera permanente, dispara sus dardos a todo aquello que considera autoridad, cualquiera que sea el sombrero de ésta. El mestizo encuentra motivos para la jodedera en serie, donde un circunspecto no encontraría ningún motivo para la mínima expresión de risa. El mestizo sabe de la gravedad o seriedad de los acontecimientos pero no los acepta. En una vela, despierta con sus ironías, chistes y ni el muerto se escapa de su jodedera. En una boda, acaricia felizmente el contar situaciones difíciles de la novia o del novio, se burla de la noche de bodas, hace que la gente se imagine cualquier cosa.

La fineza de su ingenio lo eleva a mejor categoría y pasa de la jodedera a la burla mestiza, que es en grado superlativo; todo un género. Usa esta burla como un subterfugio contra lo que es fuerte en la sociedad. No escatima su generosidad burlesca contra un mandatario. Es generoso, dadivoso y abundante cuando se trata de exponer los errores y defectos de la autoridad, al grado de lo ridículo. Ahí goza, adorna y festínela su actitud. Cada vez que se burla de la autoridad desde el punto de vista de su sicología, se está vengando de ella. La hiere, se desquita. Siente un rico placer de hacer el daño que no puede hacer por otro medio.

Una población mayoritaria de mestizos proclives a las pendencias y al servicios de los señores a quienes no acepta en su interior pero que las diferencias y contradicciones entre ellos, les trae provecho. En todas las guerras que ha habido en Nicaragua, los sectores mestizos han tenido mejor provecho que los indígenas frente a la clase dominante. El indígena poseedor de la tierra, se vuelve conservador, y hace causa común con los que tienne tierras aunque la comparación por relación sea desproporcionada.

La Máscara es el símbolo de la ambigüedad que desarrolló el mestizo por las políticas coloniales. Llevarla es su función. Una representación de la burla, y el engaño ante quienes se tiene que cuidar.

* Fragmento del “Ojo del Mestizo”.

---
Alvaro Urtecho, metafísico y existencial


Las sonrisas y desvíos de Eulalia


Premio Rogelio Sinán


Angel González: ‘La poesía siempre es una exageración’


Milagros Terán, amores comunes


El mestizo