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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 18 DE AGOSTO DE 2001
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Narrativa
Lino Argüello

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Flavio Rivera M.*

Este 15 de agosto habrán pasado 64 años desde que falleciera, en 1937, un connotado poeta del modernismo en Nicaragua. Contemporáneo de Rubén Darío. Nació este doliente y sensitivo poeta en la ciudad de León el 10 de agosto de 1887, motivo también por el que conmemoramos 114 años de su nacimiento.

El poeta Lino Argüello de muy joven se inicia en la dirección de una publicación, su primer libro lo edita en Costa Rica, “Claros del Alma” en 1908; en este país hermano entabla amistad con uno de sus poetas, Rafael Ángel Troyo. Después de vivir en Costa Rica, al regresar a Nicaragua inicia una nueva etapa colaborando con numerosas publicaciones periodísticas de la época: Nicaragua Informativa, Los Domingos, Letras y La Patria.

En 1922 publica “Versos de Lino Argüello”, París, Editorial de Henry Gaulon, del que conservo un ejemplar y que por una dilatada amistad con quien fuera mi abuela materna, doña María Cristina Zapata Malliè de Montealegre, poetisa también, le dedica unas palabras que sella con su firma de su puño y letra.

La familia de Lino Argüello pertenece a una de las que más poetas e intelectuales ha producido, podemos citar a Santiago Argüello (1871-1940), Leonardo Argüello Barreto (1875-1947), Alfonso Argüello (n.1934), Jorge Eduardo Argüello (n.1940), Agenor Argüello (1902-1962), Rodolfo Argüello (1874-1935), Rosendo Argüello (1883-1958).

De Lino Argüello, su pariente Agenor Argüello, escribió en su libro “Los precursores de la poesía nueva en Nicaragua” (1963) que “simplemente intuyó el laberinto apolíneo que le pertenecía sin darse cuenta. Fue una expresión lírica involuntaria, llena de sencillez amorosa que es luz en el rocío y palabra que canta en el epinicio matinal. Su concepto poético adolece de una vaga y dulce enfermedad de almas que se hace palidez en las mejillas de las novias y arrodilla su angustia vestida de pus en los altares del crepúsculo... Todo en él era triste y angustioso. Sus palabras quedas, sus gestos moderados, su andar lento. Y era como un silencio a la sombra de un silencio. Nunca le dio importancia a su obra”.

Lino Argüello, continúa Agenor, es un introvertido, un producto de sus propias alucinaciones, un mago de sí mismo. Se logra escapar de ese mundo solamente cuando las atenciones médicas le rescatan temporalmente de su amada vida de príncipe en las horas torturadas.

Esto sucede cuando su tío el Dr. Félix Argüello le arrebata violentamente a la vida común y le envía a su hacienda “El Diamante”, en las riberas del Xolotlán, con un paisaje de aguas y de montañas, en donde hace su vida pastoril restauradora. Se levanta con los terneros y bebe leche al pie de la vaca, le canta a los “güises” de intenso amarillo crepuscular.

El presbítero Isidro Augusto Oviedo Reyes, en su Antología Nicaragua Lírica, editada en Santiago de Chile en 1937, incluye varios poemas líricos de Lino Argüello: “Oh, triste novia mía”, “Andas de caridad”, “La maestrita de escuela” y “Senderitos de Mayo”; este último recoge los sentimientos en sus días vividos en la hacienda de su tío, “El Diamante”, frente al Lago Xolotlán.

El poeta Argüello abandonó esta vida a la edad de 50 años, sin dejar descendencia, ni haber contraído matrimonio. Nicaragua lo recuerda y le rinde merecido homenaje.

* Arquitecto, miembro del Instituto Cultural Rubén Darío.

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Lino Argüello


Ayer fue siempre