Baja de las tarifas aéreas
Una nueva línea aérea, Servicios Aéreos de Nicaragua, S.A. (Sansa), inició operaciones ayer con una tarifa, ida y regreso a Miami, de 298 dólares, impuestos incluidos. Simultáneamente, otras líneas que cubren esa ruta ¯TACA y American Airlines¯ ajustaron hacia abajo el precio de sus boletos como consecuencia de la incursión de Sansa al mercado. Sin dudas que esa es una buena noticia para los viajeros.
La pregunta que se debe hacer al respecto es si los nuevos precios se mantendrán a través del tiempo, o si sólo son promocionales de apertura. Ejecutivos de Sansa han dicho que mantendrán la tarifa anunciada cuando menos hasta el mes de noviembre, y que ese es el precio que rige para todos los asientos del avión y no sólo para unos cuantos, como puede ser el caso en otras compañías.
Como es sabido, el precio para viajar a Miami se incrementa a veces hasta 560 dólares, resultando mucho más barato viajar de Miami a Madrid que de Miami a Managua, aunque en el primer caso la distancia es considerablemente mayor.
La razón de la baja de precios que estamos viendo en los boletos aéreos tiene un nombre: competencia. La competencia es el único factor que puede hacer que más y mejores servicios puedan ser obtenidos a más bajos precios. La competencia es un acicate en la imaginación de los empresarios, que los obliga a ser más eficientes y a crear nuevos productos y servicios. La competencia es el alma del mercado. Este no puede existir sin aquella. Cuando el Estado interfiere e impide el libre funcionamiento del mercado, sufren los consumidores y sufre la economía en general.
En esta oportunidad, unos empresarios nicaragüenses, asociados con empresarios extranjeros, estimaron que es posible bajar el precio de los pasajes de la ruta entre Managua y Miami y aún así tener éxito económico. Sólo el tiempo dirá si sus estimaciones son correctas o no. Lo que es evidente es que para que una nueva línea aérea —aunque pequeña— pudiera incursionar en ese mercado con alguna posibilidad de competir, tenía forzosamente que diferenciar sus precios.
Las líneas aéreas que ya estaban en ese mercado insistían en que no podían bajar las tarifas dada su estructura de costos. Es algo similar a lo que ocurre en el transporte terrestre, en el que quienes tienen el control del transporte colectivo exigen la aprobación de alzas tarifarias alegando una determinada estructura de costos, la cual, resulta difícil de comprobar, ya que variará, fundamentalmente, de los parámetros de ocupación que se utilicen al momento de determinarla. Solamente el mercado libre es el que puede determinar el precio real de un producto o servicio.
No cabe duda que la nueva empresa aérea tendrá que trabajar muy duro para poder tener éxito. El simple hecho de ser una compañía de bandera nacional no podrá sostenerla en el mediano y largo plazo. Los usuarios, que en sus tomas de decisiones son muy racionales, terminan haciendo uso de los servicios de aquellas empresas que les brindan el mejor servicio en términos de precio, atención, puntualidad, responsabilidad, comodidad, etcétera, sin importarles mayor cosa la nacionalidad de la empresa.
Cuando opera el libre mercado no es posible apelar al falso nacionalismo para hacer negocios. América Latina es una de las regiones del mundo que más ha abusado del nacionalismo para favorecer a ciertos empresarios. En nuestra región se ha recurrido con frecuencia a él para mantener en operación empresas protegidas e ineficientes que siempre venden productos de inferior calidad a mayores precios de los que se podrían obtener si funcionara el libre mercado. Siempre las víctimas del proteccionismo inspirado en el nacionalismo han sido los consumidores. En Estados Unidos, la industria automotriz en los años ochenta quiso apelar al nacionalismo para protegerse de la competencia extranjera, especialmente de la japonesa. Sin embargo, el mercado se mantuvo abierto, con lo cual los fabricantes de automóviles norteamericanos se vieron forzados a mejorar sus vehículos. Todos, empresarios, países y consumidores salieron beneficiados en última instancia.
Veremos qué le depara el futuro a la nueva línea aérea, pero de momento hay que celebrar la baja en el precio de los boletos. 
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