|
|
|
|
¡Oh doncellas de Jerusalén!
Jorge Eliécer Rothschuh
Alabadas existen, Petra Cotes, como tú que saben castrarnos a vuestro antojo. Ablandan las uñas y los sueños más bruscos. Ofrendan nuestro valor con indiferencia sin pedir consejo ni al sabio Salomón. Eternas soledades atraviesan para atrapar maternales distancias ya liberadas: nos deshojan en suaves lamentos. Y llegamos a sus luminosos oficios de la noche bajo ciega impaciencia de cabrito alunado. Aun hoy, querida Petra, tu Aureliano siempre te implora en las tinieblas de esta guerra: - Tierra heroica ensangrentada de sol antiguo, acostúmbrame al frío primerizo de esta felicidad encontrada. Reposa el sosiego que aún me queda, quebrántalo, cíñelo a este gozo mortal del desdichado. |
|

 |
|
|