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Muerte del caballista
Julio Ycaza Tigerino
Para decir tu muerte de potro desbocado, en parejas con el viento, no basta el canto húmedo en acordeón de llanto, ni la pálida imagen del centauro derribado, ni con palabra trémula, el negro vuelo circular seguir hasta el abismo vegetal en donde el salto elástico y brutal tiró tu sangre. La trágica retórica no basta. Es necesario interpretar celestes signos, desentrañar voces recónditas, averiguar dónde reposabas tu noche y en qué estrella o mujer tu espíritu velaba. Descubrir la comunicación entre tu sueño y tu recuerdo. Adivinar hacia qué rumbo se orientaba la secreta navegación de tu sangre. Establecer la relación entre el caballo y el jinete, entre la espuela y el ijar. Determinar la distancia de tu corazón a tu cerebro de tu realidad a tu esperanza. Sólo entonces sabremos lo que hubo entre tu vida y tu muerte, y podremos decir si lucha, si accidente, o si al llegar al límite del llano saltaste el horizonte.
(1953)
Poema tomado de su libro ‘Poesía’ (1936-1993) |
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