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El silencio canibalesco...
Rafael Vargarruiz
HANNIBAL, tiene la contradicción de ser un film de una extraordinaria belleza estética, de una manufactura de primera calidad y sostenido por una magistral partitura musical. Una producción a la altura del maestro Ridley Scott. Digo contradictorio porque esta manufactura impecable se produce a pesar de un guión mediocre e incluso naïf, que comparado (necesaria analogía) con la primera versión (SILENCE OF THE LAMBS) 1990, deja mucho que desear. Si en la primera versión, el guionista se concentra en el juego mental entre Hannibal Lecter y Clarice Starling —o sea, el genio perverso siendo arañado por la mente amateur— de esta principiante del FBI que tiene que atravesar la tela de araña de la perversión asesina del cerebro de Hannibal; único capaz de comprender el comportamiento del asesino que busca la agente Starling.
En esta versión, basada en el libro del mismo Thomas Harris; los guionistas Mamet y Zaillian dejan de lado ese proceso intelectual.
Ese juego de abalorios mentales que disfrutamos en la primera versión y que son el alma del film; para descender al provincialismo de la típica novela policial y a una relación afectiva, que queda en una especie de ambigüedad dramática, entre la presa y su víctima preferida. Amén de las implicaciones de preferencias sexuales entre Lecter y Verger y toda una carnicería que no tiene, en sí, el contenido necesario para su existencia. Hannibal L. llegó a su final con la primera versión, este encuentro con esta segunda parte nos subraya que definitivamente el primer guión no sólo estaba bien escrito por Ted Tally, sino que, había sido hecho de forma que el personaje tuvo (por lo menos en el cine), vida dramática exclusivamente para esa película. Esta segunda parte, lo que ha hecho es un acto de resurrección, como esos filmes de reencarnación de momias; que son seres ya sin vida terrenal que les permita llevar adelante una existencia determinada. El film termina con el Dr. Lecter en pleno vuelo, supuestamente hacia el Oriente; como indicándonos que nos preparemos para una tercera versión. Lo cual nos lleva a deducir que a este personaje le continuaran dando vida artificial en otros tipos de aventuras superficiales, muy lejos ya de ese personaje que recordaremos siempre y que vivió y murió en “El silencio de los inocentes”. Este film de Scott viene a ser simple y sencillamente su obituario. |
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