|
|
|
|
Prosa
También hiere el amor
Francisco de Asís Fernández
A Norma Niurka Acevedo
Con la aspiración dedicada a merecer el paraíso eterno, la luz en vez de la oscuridad, es más difícil arreglarse en la vida. La piedra tiene la pechuguita más tirante, no es como el hombre que aguanta más dolorosamente a los años. Es razonable que nos envenenen el hambre (lo aceptamos primero a cambio del espejo), el ratito que ocupamos para subrayar un futuro creciente de lágrimas, el paisaje; árbol y agua, el diente sobre la fruta magullada (opresor y oprimido), la vertiente de cuchilla, un falo enorme como una tubería galvanizada haciendo sangrar la virginidad. Uno tiene que hacerse de la vista gorda y callar la blasfemia, desbaratar el torozón que hace el vómito de sangre cristianamente repartido entre los gusanos y los buitres, desanudarse el cilicio hundido en el señalamiento de la carne en penitencia. También hiere el amor, Dios mío, premeditadamente como la noche o el alba y no quiero continuar estas líneas. |
|

 |
|
|