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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 21 DE ABRIL DE 2001
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Elogio de Julio Ycaza Tigerino

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Carlos Tünnermann B.*

Con la muerte del Dr. Julio Ycaza Tigerino la Academia Nicaragüense de la Lengua pierde a uno de sus miembros más ilustres. Desde hace muchos años, el Dr. Ycaza Tigerino se venía desempeñando como Secretario Perpetuo de nuestra Academia, cargo que desempeñó con mucho acierto y gran dedicación. El Dr. Ycaza Tigerino ingresó en la Academia Nicaragüense de la Lengua el 5 de enero de 1954, a los treinta y cinco años de edad, en reconocimiento a sus brillantes méritos como intelectual y escritor. Su memorable discurso de ingreso fue sobre “Los Nocturnos de Rubén Darío”, considerados como los poemas menos verbalistas, menos sonoros, pero más intimistas de Darío, donde nos pone de manifiesto sus angustias, temores y profundas cavilaciones ante los misterios de la vida y de la muerte. En ellos Rubén nos desnuda su alma. Ycaza Tigerino los escogió porque pertenecen a esa poesía donde Rubén toca los temas más universalmente humanos con la sensibilidad y belleza propias de aquellos poetas que, por encima de los ciclos de la cultura y de las fronteras idiomáticas, permanecen en la estimación de la Humanidad: un Goethe, un Shakespeare, un Lope, un Calderón.

Eminente estudioso de la obra de Darío, el Dr. Ycaza Tigerino nos deja varios estudios fundamentales, como son su libro “La palabra y el ritmo de Rubén Darío” (1987) y el que escribiera en colaboración con otro miembro de nuestra Academia, el Dr. Eduardo Zepeda Henríquez, “Estudio de la poética de Rubén Darío”, editado por la Comisión Nacional del Centenario de Rubén Darío, de la cual el Dr. Ycaza Tigerino fue miembro en representación de nuestra Academia. Con éstos y otros ensayos, Ycaza Tigerino se consagró como profundo dariísta. La obra escrita conjuntamente con Zepeda Henríquez, analiza el contenido de la poética dariana y sienta la tesis sobre el “carnalismo” americano de Rubén. Nuestra Corporación ya le había publicado antes su libro “La poesía y los poetas de Nicaragua”, en 1958, en el cual se incluye uno de sus ensayos más lúcidos sobre el ser y el carácter de la poesía hispanoamericana. Sobre este libro Zepeda Henríquez afirma que en él Ycaza Tigerino estrenó “la ‘estilística de las fuentes’, que no consiste en un estudio de semejanzas ‘literales’ entre los textos de dos o más autores; sino en una investigación del estilo por la vía de un cotejo de los usos lingüísticos”. Poeta él mismo, Ycaza Tigerino perteneció a la generación inmediatamente posterior a la generación de Vanguardia. Sus dos libros de poesía “Poemas del campo y de la muerte” (1955) y “Tierra prometida” (1960) confirman su vena lírica, si bien la obra del jurista, del ensayista, del crítico literario y del sociólogo, dejaron en un segundo plano su obra poética, elogiada por críticos y poetas de la altura de Alfredo Roggiano, Vicente Aleixandre, Oreste Macrí y Pablo Antonio Cuadra. Como bien observa Alvaro Urtecho, su poesía “no ha sido suficientemente valorada teniendo en cuenta la unidad raigal de su voz, la fineza de su dicción, la intensidad de sus visiones y, por supuesto, la sustancia histórica subyacente no sólo en sus poemas cívicos o épicos, sino en sus textos estrictamente líricos, personales, amorosos y telúricos”.

Ycaza Tigerino fue uno de los más destacados teóricos de la hispanidad, reconocido en España y en todos los países de este continente, por sus brillantes aportes a la apreciación y crítica de la cultura hispánica. Sobre su libro “Originalidad de Hispanoamérica”, escrito en 1952, el Director de nuestra Academia, Don Pablo Antonio Cuadra dijo, al contestar el discurso de ingreso en la Academia de Ycaza Tigerino que: “Es la obra de mi mayor aprecio entre las de Ycaza Tigerino, yo gocé desde su primera página al ver su gesto rubeniano de enfrentarse a Europa (¡a cierta Europa!) sin el menor complejo provinciano, advirtiendo a tratadistas de fama continental, pero miopes por falta de universalidad, que la crisis actual de la cultura y la política no es un problema europeo sino mundial. Agrada ver al nicaragüense enseñándoles con garbo el tamaño del horizonte a grandes pensadores que se han sumergido dentro de sus problemas inmediatos y que, presionados por ellos, pierden el verdadero ámbito de lo humano”.

Y es que para Ycaza, como lo apunta acertadamente su crítico Roberto Peña, “lo hispánico no es sólo salvación de América en cuanto occidentalización y cristianización del hombre americano, del indio y su mestizaje. Es también salvación del mundo occidental en cuanto revitalización por lo indígena americano de lo español y en lo español de lo europeo”.

Las obras de Ycaza Tigerino como historiador, crítico y sociólogo de la cultura, le valieron un amplio reconocimiento internacional. Alguien tan conocedor de nuestra literatura como lo es Stefan Baciú pudo escribir, en 1958, a propósito del libro “La poesía y los poetas de Nicaragua”, que “Ycaza Tigerino, sin favor alguno, es uno de los más lúcidos espíritus de la nueva generación de pensadores del Continente, entre aquellos que suceden a Mariano Picón Salas, Germán Arciniegas y Luis Alberto Sánchez. Su nombre destaca de manera especial y su obra se impone a la atención del lector y la del crítico al mismo tiempo”.

“Mente clara y brillante del mundo hispánico, le llamó el crítico Odón Betanzos Palacios, al comentar otra obra de Ycaza Tigerino premiada en 1980 por el Ministerio de Cultura de España: “La Cultura Hispánica y la Crisis de Occidente”, publicada por nuestra Academia en 1997. “Libro iluminador, serio, taladrador y hondo” agrega el mismo crítico, que señala las cuatro vertientes que determinan el libro: “la función histórica está ligada a la crisis de Occidente; la interpretación histórica de la ruptura de la unidad política de los pueblos hispánicos; recapitulación y examen de las reacciones de nuestro mundo ante la crisis de la cultura de Occidente y las relaciones del mundo hispánico con la realidad de Estados Unidos.” “Libro de pensador católico el de Ycaza Tigerino. Paralelo al católico camina el sabio, concluye Betanzos Palacios.”

Podemos o no estar de acuerdo con las tesis que Ycaza Tigerino formula en sus libros, pero no podemos negar la fuerza de su pensamiento y de su extraordinaria capacidad para defender sus ideas. Su poderoso don polémico lo advirtió Pablo Antonio Cuadra cuando reconoció que: “Ycaza Tigerino posee una prosa naturalmente polémica. No que escriba siempre contra alguien, sino que escribe siempre contra algo: para vencer, para dominar, para tomarse una idea con recursos lingüísticos y expresivos esencialmente combativos. Su prosa está siempre en ejercicio de militancia para expresar sus conceptos. Es un ejército mental. Una poderosa y bien organizada tropa de palabras poniendo sitio a la idea hasta posesionarse de ella como conquistador”.

Político conservador, diputado en varias ocasiones, su talento le hizo también destacarse como orador parlamentario. Contribuyó, con acuciosidad, a la redacción de muchas leyes, cuidando escrupulosamente los aspectos jurídicos de las mismas. Pero él mismo, al agradecer el homenaje que le tributaron la Academia Nicaragüense de la Lengua y el Instituto de Cultura Hispánica, dejó plasmado en un poema su opinión sobre la política:

“La política es arte y artificio,
ficción y ciencia, juego,
incertidumbre,
sueño, pasión, enfermedad y
vicio,

amor y odio por la
muchedumbre.

Es tragedia y comedia y
y derrota y victoria, sima y


cumbre.
El Poder guarda oculto
maleficio
y Fama impone dura
servidumbre”.

La Academia Nicaragüense de la Lengua está de duelo por la muerte de su Secretario Perpetuo. Nuestras más sentidas condolencias a sus familiares, en especial a su estimable viuda doña Alicia Román de Icaza.

Nada mejor para concluir estas palabras, que reproducir el retrato que de él escribiera el gran poeta español José María Valverde:

“De tu profunda presencia
no se puede saber nada,
pero yo veo lo que
diremos cuando te vayas:

“Gran pájaro soñoliento
parecía Julio Icaza.
Habitante del silencio
su misterio se espesaba.

Pero al hablar, de repente,
se rompía su distancia
en bondad; así al quebrarse
brillan las sombrías aguas.
Y una sonrisa de niño
le iluminaba la cara”.



Managua, 18 de abril de 2001

*Miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua.

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