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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 21 DE ABRIL DE 2001
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Acerca del Cuecuence

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César Augusto Ramírez F.

Felicito a don Carlos Mántica A. por la reciente publicación de su obra “El Cuecuence o El gran sinvergüenza”. Son varias las personas que se han dedicado al estudio y a desentrañar el “misterio” de esta obra, sus diálogos, su intrincada trama así como su música y baile.

Yo creo —y esta es una opinión muy particular— que los que han traducido la obra del Güegüence han hecho precisamente eso: traducir del náhuatl al castellano. En esto estriba que hayan varias opiniones, pues cada uno hace la interpretación que cree es la correcta sin ahondar lo suficiente en un idioma tan complejo como es el náhuatl. Personalmente, aunque he leído a varios autores y que merecen mi admiración como escritores, tenía grandes dudas y no había comprendido a cabalidad ni la trama ni a sus personajes y menos aún las sutilezas de los doblesentidos en ambas lenguas o de una a otra.

Chale se propuso hacer un estudio serio de la obra, un nuevo estudio en el que le da un enfoque estrictamente histórico y lingüístico, redescubriendo, escarbando acá y allá, consultando, analizando diccionarios y escritos anteriores y el esfuerzo tuvo su premio, pues al leer la obra se constata que ha encontrado y señala diferencias sustanciales que sólo una mente analítica y acuciosa puede descubrir por supuesto, con esfuerzo, trabajo, conocimiento y dedicación. Y es que cuando Chale se propone a hacer un análisis serio y una obra de investigación, lo hace a conciencia. Es un gran estudioso, tiene un prestigio intelectual ya ganado con la publicación de muchas obras y de diferentes temáticas y es además una persona seria, de gran credibilidad, que si no sabe algo lo dice pero que no inventa por salir del paso y que cuando dice que “la mula es parda” es porque tiene los pelos en la mano.

He descubierto varias cosas importantes en esta obra:

– Para Chale, esta obra de teatro de corte prehispánico aumenta sus méritos al descubrir en el Güegüence un cuecuechcuicatl y sugiere que sea reemplazada la traducción original de Huehuetzin o respetable anciano que le dio Brinton, por la de Cuecuetzin o gran sinvergüenza. Descubre en el nuevo escrutinio de la obra que muchos de los parlamentos deben de tener diferente interpretación y que el tal cuecuence era un viejo sinvergüenza, vulgar, muy dado a los doblesentidos y la burla, procaz, en contraposición al respetable anciano del que teníamos idea.

– Chale describe con maestría y a la vez con sencillez y una gran claridad para que pueda ser entendido hasta por el más lego en la materia, a cada uno de los personajes de la obra.

– Descubre y confirma que la sátira y la burla que en algún momento se da en la obra estaba dirigida no en contra de los gobernadores españoles sino en contra de las autoridades indígenas que fueron cómplices de la explotación del indio, contra la persona de un gobernador —Tlatoani— que después se denominó como cacique, españolizado y corrupto. Y aquí tiene validez aquello de que “no hay peor cosa que poner a un indio a repartir chicha” y que nada aprieta más que “una cuña del mismo palo”.

– He descubierto por Chale cosas sencillas (pero no menos importantes) como el de la Suche Malinche, cuyo nombre ha sido traducido como la flor de malinche, cuando en realidad es “Malinche florecido” o “Malinche en flor” y que la tal Suche Malinche, una india, era una alcahueta y que le jugaron una broma a Don Forcico al casarla con él haciéndole creer que era hija del Gobernador y a la cual Don Forcico abandona al descubrir el engaño, cosa que no hubiera osado hacer de haber sido hija del Tlatoani.

– Y lo que considero de mayor importancia en la obra, fuera de que ya habían gobernadores indígenas —cosa que ningún escritor describe— es quién o quiénes fueron los autores de la obra. Chale, aunque no lo dice lo deja entrever claramente e incluso anota que era alguien que dominaba perfectamente no sólo los dos idiomas (náhuatl y castellano) sino también las inflexiones de los mismos y los doblesentidos que surgen con sólo cambiar una letra o una sílaba de la palabra original; que era alguien que dominaba el vocabulario y las expresiones de los muleros, conocía las monedas de la época, los productos de mayor venta y el oficio de los buhoneros, conocía de música, de danza, de folclore y de coreografía, y de la estructura del gobierno y de las leyes de las Indias, de los abusos de autoridad y hasta de vestuario.

Yo pienso que si alguien es enviado a conquistar lugares remotos como militar, gobernador o algún cargo importante tiene que saber de tácticas militares, de leyes, de política, de organización militar y civil y todo lo concerniente a la colonización, a la guerra o a mantener la paz, pero que le importan muy poco las cosas secundarias como folclore, danza, vestuario, etc.

Por otra parte, los curas que venían a evangelizar para llevar a cabo su obra con éxito, además de saber bien ambos idiomas tenían que saber muchas otras cosas, compartir experiencias y tener una mente abierta y escudriñadora en la comunidad en que se movían. Chale no lo dice, más bien expresa que sigue siendo un reto para los estudiosos quién es el autor de la obra pero casi dice que es “Concha arriba, concha abajo y tortuga enmedio” y que obviamente no es langosta.

Matateco Dio Mispale Don Chale Mántica.

Managua, Nicaragua, abril del 2001

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Shakespeare, el ‘dios’ del drama


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Carlos Mántica y ‘El Cuecuence o el gran sinvergüenza


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