La Minicumbre de Pochomil
José Adán Guerra P.*
Al concluir la reunión de los Presidentes de las Repúblicas de Honduras, El Salvador y Nicaragua, realizada el pasado viernes 30 de marzo en Pochomil, quisiera compartir públicamente, como ciudadano nicaragüense y ministro de Defensa, mis conclusiones acerca de ese evento -que en mi opinión- tiene una transcendencia histórica nunca antes experimentada en Centroamérica y que estoy seguro, en el corto y mediano plazo, servirá de referente práctico para la resolución pacífica de los conflictos regionales.
Lo primero que debo anotar es la extraordinaria voluntad puesta de manifiesto por los Presidentes de Honduras, Carlos Flores; de El Salvador, Francisco Flores (actual Presidente Pro témpore de Centro América); y de Nicaragua, Arnoldo Alemán, de asistir a lo que algunos han llamado “minicumbre presidencial”, con el objetivo de dialogar, debatir, escuchar, defender posiciones, aceptar -con madurez de estadista-, y ceder para poder llegar a acuerdos. Ellos fueron los protagonistas y gracias a ellos los centroamericanos hoy tenemos una nueva herramienta que, sin duda, nos ayudará a continuar fomentando esa confianza que tanto necesitamos para poner a nuestras naciones en el camino hacia la integración, el bienestar social y el desarrollo económico: la “Declaración Presidencial de Pochomil”.
Lo importante es que estamos tomando conciencia de que -en las actuales circunstancias-, ningún problema lo podremos resolver si de previo no se determinan sus causas. En este caso, es evidente que en la violación por parte de Honduras al Tratado Marco de Seguridad Democrática de Centroamérica, curiosamente suscrito en Tegucigalpa en 1995, está la raíz del conflicto. Ese Tratado, al considerar que la región está montada en un vehículo que nos llevaría hacia la unidad, obliga a los países firmantes a defender el patrimonio centroamericano, en especial su territorio, y como es obvio, el Tratado de Delimitación Marítima, suscrito entre Colombia y Honduras, y ratificado por este último en noviembre de 1999, lo que hizo fue lesionar la soberanía nicaragüense, y por ende, el patrimonio territorial de Centroamérica.
En lo personal, pienso que el hecho de ser enérgicos en la defensa de la integridad territorial de Nicaragua, de ninguna manera significa –como algunos lo entienden- que somos adversos al diálogo y la distensión. Por el contrario, con la misma fuerza con que demandamos respeto a nuestra soberanía, también impulsamos iniciativas de diálogo encaminadas a restablecer la confianza, la armonía y la hermandad centroamericana, y en ese sentido, la reunión presidencial de Pochomil se inscribió en esa dinámica positiva y aleccionadora.
No es cierto que los centroamericanos no seamos capaces de resolver por sí solos nuestras diferencias. Ya hemos dado pasos importantes en ese sentido, y como participante activo de la reunión de Pochomil a la cual asistí como miembro del grupo de trabajo que acompañó al Presidente Alemán, puedo dar testimonio de que lo ocurrido ahí tiene un saldo efectivo a favor de las soluciones integracionistas, las cuales nunca estarán reñidas con los intereses nacionales de cada país integrante.
Soy un firme creyente de la institucionalidad regional. En tal sentido, la integración es deseable y necesaria. Lo que nunca será, es que con el pretexto de que la globalización económica se encargará de borrar las fronteras internacionales, los nicaragüenses corramos el peligro de quedarnos reducidos, limitados, sin aguas marinas y submarinas. Eso nunca lo vamos a permitir.
En consecuencia, la visión del Ejército de Nicaragua concuerda perfectamente con el espíritu morazanista. No obstante, a la hora de sentar posiciones respecto al ejercicio armamentista de Honduras, lo han hecho sin vacilaciones y con las más altas exigencias del profesionalismo militar, ya sea en la vigilancia y patrullaje fronterizo, o en otras labores que tan útiles han sido para demostrar que, efectivamente, en su momento el Presidente Alemán tuvo razón en denunciar que las Fuerzas Armadas hondureñas, al incrementar su patrullaje marítimo, sus puestos fronterizos en tierra, maniobras militares y al haber mejorado su equipo bélico al margen de los acuerdos regionales y bilaterales, estaban rompiendo el equilibrio militar de la región, situación que preocupó también al Gobierno de la República de El Salvador.
Los Memorándum de Entendimiento suscritos por Nicaragua y Honduras definen los mecanismos que regulan las operaciones de los cuerpos armados de ambos países en el Mar Caribe, el borde fronterizo terrestre, así como en el Golfo de Fonseca, estableciendo claras medidas de fomento de la confianza para las partes. El Embajador Luigi Einaudi, Representante Especial del Secretario General de la OEA, presenció hace un año la firma de dichos Memorándum.
Finalmente, no puedo dejar de agregar que la trascendencia histórica de la reunión presidencial de Pochomil radica en que tres países centroamericanos se comprometieron a presentar ante la Comisión de Seguridad de Centroamérica sus inventarios de los medios navales, aéreos, terrestres y de seguridad pública, e igualmente, que por primera vez tres Presidentes de Repúblicas centroamericanas se juntaron para discutir con franqueza sobre temas de defensa y seguridad en la región, lo cual, desde todo punto de vista tiene un carácter positivo y esperanzador.
(*) Ministro de Defensa de Nicaragua. 
|