Occidente
“Queremos sensibilizar a la gente para que cambie la forma en que nos ve”
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 | Organizaciones de mujeres con discapacidad, en Chinandega, apoyan la formación técnica y vocacional de este sector de la sociedad que lucha contra prejuicios y limitaciones |
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Parte de la discapacitadas que se han organizado en microempresas para lograr el sostenimiento económico familiar, reciben apoyo de organismos solidarios. |
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Carol Munguía/Corresponsal departamentos@laprensa.com.ni
CHINANDEGA.- El miedo al rechazo, a las burlas y la discriminación es la primera barrera que enfrentan las personas con discapacidad en una sociedad donde aún no existe conciencia de las necesidades y el aporte que pueden brindar las personas que sufren limitaciones físicas y mentales.
Contradictoriamente, en la mayoría de los casos las primeras barreras las encuentran dentro sus propias familias donde son marginadas y excluidas, según relatan mujeres con discapacidad organizadas en grupos y que son apoyadas por el organismo no gubernamental Fundación Solidez.
Helen Dixon, discapacitada, fue designada por One World Action (OWA Inglaterra) para realizar un estudio sobre los resultados del trabajo que la Fundación Solidez realiza desde hace siete años para lograr la reinserción de las mujeres con discapacidad a la sociedad nicaragüense a través del Programa de la Mujer Discapacitada.
“La mayor parte de las mujeres que sufrimos discapacidad somos muy reprimidas, porque se nos comienza a manipular desde nuestras familias’’, sostiene Helen Dixon, discapacitada y educadora popular.
Ruth López, de 32 años, desistió de nueve meses de encierro por padecer la poliomielitis, secunda la opinión de Dixón.
ORGANIZACIONES FEMENINAS
López forma parte de uno de los catorce grupos de mujeres con discapacidad que se capacitan mediante el aporte de la Fundación Solidez, uno de los pocos organismos no gubernamentales que trabajan con éste grupo de población en el país.
Esta mujer es actualmente fiscal del grupo de mujeres con discapacidad de Chinandega. El grupo nació en 1994 por el interés de seis mujeres y ahora está constituido por 150 mujeres, que son capacitadas para elaboración de piñatas, repostería, talleres de autoestima y género para conformación de microempresas.
Para Rosa Salgado, de 40 años, una vez que están dispuestas a reiniciar su vida, las demandas de las mujeres con discapacidad varían.
“Necesitamos capacitación y empleo. Equipos auxiliares para las que tienen problemas de movilidad y después queremos sensibilizar a la gente sobre nuestros problemas para que cambien la forma en que nos ven y nos tratan”, sostuvo.
Salgado fue atacada por la poliomielitis cuando tenía dos años de edad. Esta enfermedad le afectó totalmente la movilidad de la pierna izquierda y parcialmente su pierna derecha. Se moviliza utilizando prótesis y muletas.
HACIA UN CAMBIO SOCIAL
Se estima que entre el diez y doce por ciento de la población nicaragüense sufre problemas de discapacidad. Sin embargo, no existe un dato preciso sobre la cantidad de mujeres que viven en ésta condición a consecuencia de problemas de salud, conflictos armados y accidentes.
Nancy Guadamuz, Coordinadora del Programa de la Mujer Discapacitada de Solidez, manifestó que los primeros pasos para la organización de los grupos de mujeres fueron un trabajo duro, “toda una aventura”, que requería muchos esfuerzos por las condiciones en que se encontraban en aquel momento, según reveló un diagnóstico realizado en el año 1991.
“Encontramos que había un alto índice de analfabetismo entre ellas y las que habían estudiado apenas habían llegado a primero, segundo o tercer grado’’, añadió.
‘’La mayoría no tenía acceso a ningún tipo de capacitación y no habían estado en escuelas especializadas. Las visitas a las casas de las mujeres con discapacidad se convirtieron entonces en una de las más importantes herramientas organizativas’’, expresó.
Así comenzó el trabajo con mujeres ciegas, débiles visuales, estrábicas, sordas, con síndrome de down, epilépticas, secuelas de polio, con retraso mental y con dificultades de movilidad.|
Dixon añade que una dificultad común para la organización de grupos locales de mujeres con discapacidad es entablar comunicación con personas que sufren problemas para escuchar, para hablar y para ver.
“Lo más importante para ellas es la compañía, la sensación de no estar solas y el saber que han salido del aislamiento y sentirse ahora parte de un grupo”, dice Dixon.
A lo anterior se le suma el interés económico que llega posteriormente por mejorar su nivel de vida. A la mayoría les gusta participar en talleres de género, porque en los mismos se crean espacios de catarsis, se trabaja en mejorar el autoestima y en el crecimiento personal y además, ellas también pueden socializar su problemática.
CONSEJO NACIONAL DE MUJERES DISCAPACITADAS
Uno de los mayores esfuerzos se depositó en crear el Consejo Nacional de Mujeres Discapacitadas, integrado por 1,360 mujeres de los núcleos de Chinandega, El Viejo, Estelí, Ocotal, Waslala, La Dalia, Granada, Belén, Fátima (San Marcos), Managua, Jinotepe, Matagalpa, Jinotega y Rivas.
Ahora las mujeres con discapacidad que se han organizado alrededor de estos núcleos trabajan múltiples actividades, como elaboración de piñatas, bolis, repostería, empresas de servicios múltiples para fiestas, comercializadoras de repuestos y accesorios para bicicletas y en la producción agrícola.
“Hoy vivo independiente de mi familia, y esto es producto de una larga lucha. Quiero seguir rompiendo las barreras y decir: puedo hacerlo, puedo hacer mi propia lucha. Al inicio mi batalla no fue bien vista por mí familia, pero cuando les demostré que podía hacerlo, las cosas cambiaron para mí”, finaliza Salgado. 
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