Opinión
Una zanganada
León Núñez
Después que vi en televisión al doctor roberto argüello Hurtado declarando que la decisión del Consejo Supremo Electoral de inhibir a Pedro Solórzano había sido una “zanganada”, acudí al diccionario para conocer el significado de esta palabra.
Según el Diccionario de la Lengua Española, una zanganada es un hecho o dicho impertinente y torpe, es decir, que en opinión del doctor Argüello Hurtado la resolución del Consejo Supremo Electoral por la cual se inhibió a Pedro Solórzano además de impertinente es torpe.
Ahora bien, ¿serán zánganos los autores de esta zanganada?. Esta pregunta se la hice a los analistas políticos de Acoyapa, entre los cuales hay sociólogos y lingüistas. Fue una verdadera lección la que recibí de mis queridos coterráneos.
Me explicaron que de conformidad con el citado diccionario, la palabra “zángano” tiene tres significaciones: la primera es de que el zángano es el macho de la abeja reina. Después que hacen el amor, y lo hacen en pleno vuelo –es el vuelo nupcial–, el zángano muere. Realmente el zángano es un suicida, que muere por hacer una vez el amor. El zángano muere por amor.
Uno de los lingüistas acoyapinos expresó que desde el punto de vista señalado los Magistrados del Consejo Supremo Electoral no pueden ser considerados zánganos, no solamente porque ninguno moriría por amor, y menos aún a sabiendas de que sólo lo harían una vez, sino también por la imposibilidad física de poder volar, de hacer el amor en pleno vuelo. Agregó el lingüista de Acoyapa que ni García Márquez, con su desbordante imaginación, se atrevería a describirnos, por ejemplo, al doctor Roberto Rivas, volando sobre el cielo de Managua, haciendo el amor con alas.
Continuaron explicándome que el segundo sentido está referido a que el “zángano” es un “hombre holgazán que se sustenta de lo ajeno”. Los analistas de Acoyapa no creen que los Magistrados del Consejo Supremo Electoral sean holgazanes ni que se sustenten de lo ajeno. Desde este punto de vista tampoco son zánganos. Ellos trabajan y devengan justa y legítimamente sus correspondientes salarios.
Siguieron exponiéndome que la tercera significación que señala el mencionado diccionario es la de que el “zángano” es un “hombre flojo, desmañado y torpe”. La mayoría de los analistas acoyapinos consideran que desde este punto de vista los Magistrados del Consejo Supremo Electoral son “zánganos”, no tanto por flojos y desmañados sino por torpes, y agregaron que era precisamente la torpeza, desde la perspectiva de esta última significación, el elemento fundamental que define la “zanganada” cometida contra Pedro Solórzano. Algunos analistas, una minoría por cierto, expusieron su opinión de que, desde esta interpretación, no se debería hablar de “zánganos” sino de “zanganetes”.
Los analistas de Acoyapa finalizaron su exposición diciendo que la torpeza que caracteriza la resolución mediante la cual se inhibió a Pedro Solórzano, debe ser interpretada en un sentido político, es decir, en el sentido de que políticamente los Magistrados del CSE no tienen autonomía de la voluntad, carecen de “movimiento libre” –por esta razón son torpes– por cuanto ellos se limitan, según lo perciben los analistas acoyapinos, a cumplir las órdenes que reciben tanto de don Daniel del Socorro como de don Arnoldo José.
Sería interesante que el doctor Roberto Argüello Hurtado siguiera detectando todas las zanganadas que se fueran produciendo en la vida nacional, para después someterlas al estudio de los analistas políticos de la ciudad de Acoyapa. 
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