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JUEVES 21 DE SEPTIEMBRE DEL 2000 / EDICION No. 22138 / ACTUALIZADA 01:30 am
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A Lic. Bertha Baca de Martínez

In Memoriam. En el primer aniversario

(15-09-99/15-09-00)

A un año de tu partida hacia el encuentro con el Padre Celestial, querida madre, tu ausencia ha marcado nuestras vidas y la hemos llenado con recuerdos imperecederos de tu vida, que fue de sacrificios inmensos para nuestra formación y para la tuya propia.

Trabajadora incansable, tesonera, perseverante, de honradez meridiana fue toda tu vida, dedicada a la noble tarea de la enseñanza. El magisterio te absorbió, sin menoscabo del amor que nos prodigaste, tenías tiempo para todo, y el poco tiempo que te quedaba libre lo dedicabas a nosotros con amor y disciplina; por ello tus sacrificios, tus desvelos, tus sueños no fueron en vano. Y ya jubilada, no descansaste volcando todo tu amor en tu nieto Gabriel hasta el último día de tu vida.

Mujer digna de todo respeto, de todo amor. Nos es grato, madre, recordar cómo dejaste una huella de virtudes entre tus ex alumnas y compañeros de trabajo docente, que al final de tu carrera, ya maestra jubilada, en los últimos años te distinguieron en vida con sendos homenajes, tanto el Día del Maestro como el de las Secretarias, en los actos pertinentes te dieron tu lugar, y qué orgullosos nos sentíamos. Como orgullosos nos sentimos de que tus amistades te recuerden como mujer ejemplar, que supiste hacerle frente a las adversidades, que supiste disimular tu dolor aún en los momentos más difíciles. Por ello tu legado es de respeto a nuestros semejantes de buenas costumbres, de humildad y por sobre todo de honradez en todos nuestros actos. Nos inculcaste con disciplina de leonesa: que la honradez es como el cristal, cuando se rompe no se vuelve a rehacer.

Te hiciste profesional con tesón y abnegación en el CES, y ese ejemplo nos sirvió de mucho, ya que lo que somos te lo debemos a ti, pese a que por los designios del Señor, quedaste viuda y nosotros en la pubertad de la vida y fuiste padre y madre en nuestra formación. A un año de tu partida, pese al dolor de tu ausencia física, tu vida ejemplar nos hace más llevadero el dolor de no contar con tus sabios consejos, con el arrullo de tus nobles manos en momentos de angustia.

Quiera Dios, que en su morada goces de la paz inmortal al lado de nuestro padre Adolfo y del Padre Celestial y que al adelantarte al encuentro con Dios, nos esperes a tus hijos y nieto para estar de nuevo juntos todos bajo la tutela del Creador. Que Dios te bendiga, madre ejemplar y noble, hasta la eternidad.

Con amor, tus hijos y nieto.  
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