Politización de los Símbolos Patrios
Algunas personas nos han criticado de manera pública y privada, porque no dimos el despliegue que se merecía a la información sobre las actividades solemnes con motivo de la llegada a Nicaragua de los restos de Salomón Ibarra Mayorga, el letrista del Himno Nacional de Nicaragua, actividades que han sido el aspecto más luminoso, este año, de las Fiestas Patrias nicaragüenses.
Consideramos que se trata de una crítica justa, y la aceptamos con todo gusto. En realidad, ni siquiera la mezquina politización partidista que funcionarios del gobierno, inclusive el Presidente Arnoldo Alemán, han hecho con las ceremonias de repatriación de los restos mortales de Salomón Ibarra Mayorga, puede justificar que se omita o relegue a un segundo plano la información sobre un hecho de tanta relevancia histórica, cívica y patriótica.
Por cierto que esta fue una excelente iniciativa del gobierno que no valía la pena los mismos gobernantes la empañaran con manipulaciones partidistas. La memoria de Salomón Ibarra Mayorga merece ser respetada y enaltecida por los nicaragüenses, no porque fue liberal y masón, que eran sus opciones personales, sino porque tuvo el mérito singular de escribir -en 1918- la letra del Himno Nacional de Nicaragua. De la misma manera que José Dolores Estrada es Héroe Nacional de Nicaragua no porque fue miembro del Partido Conservador, sino porque dirigió la batalla más importante de la Guerra Nacional contra los filibusteros yanquis, que por cierto habían sido traídos por el Partido Liberal.
Lo que convierte a Salomón Ibarra Mayorga en Héroe sin Fusil de Nicaragua es el hecho histórico de haber sido el letrista del Himno Nacional y, por lo tanto, una de las pocas personalidades -junto con Nicarao, Rafaela Herrera, Tomás Ruiz, Dolores Bedoya, Miguel de Larreynaga, José Dolores Estrada, Fernando Chamorro, Augusto C. Sandino, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y unos cuantos más-, que son un patrimonio nacional y trascienden muy por encima de cualquier bandera política y partidista.
El culto a la memoria de los Próceres y a los Símbolos Patrios, y no el partidismo, es lo indispensable para desarrollar la identidad nacional y fortalecer la unidad de todos los nicaragüenses. Los Símbolos Patrios y los Próceres Nacionales constituyen el único patrimonio que verdaderamente es de todos los nicaragüenses; y, por lo tanto, es lo que nos une e identifica en vez de dividirnos y enfrentarnos como hacen los símbolos y héroes partidistas cuando se les quiere imponer a toda la nación.
Es cierto que los símbolos y héroes de los partidos merecen respeto en tanto que, aunque partidistas, sirvieron a fines honestos y nobles, pero no pueden ser impuestos a toda la nación. Como bien lo demuestra la experiencia histórica, imponer los símbolos partidistas a toda la nación es inclusive contraproducente para ellos mismos, porque la mayoría de las personas termina detestándolos.
Los Próceres fueron personas como los demás seres humanos. Tuvieron dudas, sufrieron debilidades, se equivocaron y fueron dominados por las pasiones. Inclusive, algunos Próceres lucharon por objetivos políticos partidistas, pero su grandeza radica en que trascendieron las limitaciones de sus partidos e hicieron acciones extraordinarias de beneficio nacional.
Por el contrario, siempre que los intereses nacionales y los símbolos patrios fueron desvirtuados por egoístas intereses particulares, el resultado fue desastroso para la nación y para los mismos manipuladores. Sin embargo, todavía hay quienes se empeñan en desconocer las enseñanzas históricas y siguen manoseando políticamente los Símbolos Patrios y la memoria de los próceres. Lo cual es tan grave o más que la indiferencia y “el supino desconocimiento de nuestros héroes y forjadores de la nacionalidad” causado por la falta de una memoria colectiva en nuestro pueblo, a que hace referencia el historiador Jorge Eduardo Arellano, en la Introducción de su reciente obra biográfica sobre Fernando Chamorro Alfaro, el “Héroe olvidado de la Guerra Nacional”.
La politización de los símbolos nacionales destruye los valores históricos y cívicos y hace que la gente viva en un ámbito de falsedades. Y un pueblo sin memoria colectiva ni conciencia de su historia no puede salir del atraso y la miseria, material y espiritual. 
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