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JUEVES 14 DE SEPTIEMBRE DEL 2000 / EDICION No. 22131 / ACTUALIZADA 02:00 am
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Sydney a la vista

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.En la inauguración se esperan unos 120 mil espectadores, lo que constituirá un nuevo récord olímpico
.La inauguración más grande de la historia. El acto de apertura de Sydney será un homenaje a la cultura aborigen, protagonizado por los más brillantes atletas locales

 

Miguel Angel Santos
Tomado del Diario As

SYDNEY.- Cerca de 27.000 personas están implicadas en la ceremonia inaugural de los Juegos de la XXVII Olimpiada, que tendrá lugar en el estadio olímpico de Sydney mañana viernes.

El acto inaugural de Sydney-2000 durará poco más de tres horas y tendrá dos partes delimitadas; una, la cultural, que será un homenaje a los aborígenes, los primeros pobladores de Australia, y la otra, la deportiva, con el desfile de atletas, la izada de la bandera de los cinco aros, el juramento olímpico, la llegada de la antorcha y la ignición del pebetero.

Ayer se celebró a puerta cerrada un ensayo general de la apertura en el impresionante marco que albergará las dos ceremonias y las pruebas de atletismo en estos Juegos.

Miles de operarios, técnicos y actuantes repasaron sus papeles bajo las enormes tribunas del estadio, que albergarán a 120.000 espectadores ( todo un récord olímpico), aunque no se ensayaron las partes con que los organizadores pretenden sorprender al mundo.

Quién será el último relevista de la antorcha y quién encenderá el fuego que durante más de tres semanas prenderá en el estadio, son los tres secretos mejor guardados de la organización, aunque ya se especula con los nombres de los elegidos. Kathy Freeman, la doble campeona mundial de 400 metros, símbolo del pueblo aborigen, tiene todos los números para ser la que introduzca el fuego olímpico en el estadio, mientras que el gran honor de trasladarlo al pebetero tiene dos candidatas de peso. Una es Betty Cuthbert, la ´chica de oro´ del atletismo australiano, ganadora de tres medallas de oro en los Juegos de Melbourne-56; la otra, Dawn Fraser, la reina de la natación de velocidad, cuyas tres medallas de oro consecutivas en los 100 metros (Melbourne-56, Roma-60 y Tokio-64) no han sido jamás igualadas.

Cuthbert representaría la cara amable del deporte australiano, en tanto que la elección de Fraser supondría la definitiva reivindicación de una campeona díscola que nunca fue aceptada por los estamentos oficiales. Ante la disyuntiva, también se apuesta porque sean ambas las encargadas de hacerlo: Cuthbert padece esclerosis múltiple y debe ser trasladada en silla de ruedas.

Lo que ya ha dejado de ser una incógnita es el nombre del abanderado de la numerosa delegación deportiva australiana, que espera batir todos los récords en cuanto a consecución de medallas (los más optimistas hablan de 20 de oro). En principio, el elegido era el nadador de fondo Kieren Perkins, pero sus acusaciones contra el estadounidense Gary Hall junior (le acusó de drogadicto) le costaron la nominación. Al final, el premio se lo han dado al baloncestista Andre Gaze, que va a disputar sus cuartos Juegos Olímpicos consecutivos.

Los organizadores de Sydney-2000 guardan celosamente el secreto sobre cómo se encenderá el pebetero en el estadio olímpico. Descartada una sorpresa al estilo de Barcelona-92 (el arquero y la flecha ígnea), todo apunta a un golpe de efecto nunca visto hasta ahora. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá hacia Mahoma. O, lo que es lo mismo: en lugar de subir la antorcha hacia el pebetero... el pebetero bajará hacia donde está la antorcha y luego remontará hacia lo más alto del estadio.   
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